Primer informe serio post-Fukushima: ¿nuclear? uf…

Han pasado ya casi tres meses del accidente originado en la central nuclear de Daichi Fukushima tras un terremoto y un tsunami posterior y que ha acabado (ahora ya lo sabemos) con la fusión de tres de los cuatro núcleos de los reactores. En varios de los post de ENERGY PUZZLE se han comentado temas al respecto; en todos se pedía algo de distancia para no establecer opiniones (y menos aún, decisiones) sin disponer de suficiente información, y tampoco en caliente.

El Worldwacht Institute ha publicado un informe titulado «The world nuclear industry status report 2010–2011: nuclear power in a post-Fukushima world, 25 years after the Chernobyl accident» (que se puede descargar aquí) que, aprovechando los 25 años del peor accidente nuclear de la historia en Chernobyl, planteaba realizar un update sobre el estado actual del sector de la energía nuclear. Pues de paso, el análisis se ha revisado con algunos de los elementos de la crisis de Fukushima.

El Worldwatch Institute es un reputado centro de opinión ubicado en Washington DC que desde 1974 centra su investigación en temas de desarrollo humano con elevada componente ambiental. Publica cada año un informe, «The State of the World«, que realiza un seguimiento del planeta y las multiples dimensiones de la biocapacidad. Un buen seguimiento de la crisis de Fukushima está en el excelente blog «La pizarra de Yuri».

De entrada, el documento tiene fecha de 11 de abril: un poco justito. Pero bueno, el estudio incorpora datos muy detallados, tanto cuantitativos como cualitativos sobre el sector nuclear mundial (tomados en su mayoría de la International Atomic Energy Agency). Igualmente, incorpora una visión general de las primeras reacciones y acciones llevadas a cabo por distintos organismos y países inmediatamente tras la crisis de Japón, y las consecuentes reacciones del sector financiero.

Conclusiones  en plan corta-pega del excelente informe, serio y trabajado (clicka en las gráficas para verlas más grandes):

  • a pesar del accidente de Fukushima, existían indicios de que la industria de la energía nuclear después de Chernobyl no había sido capaz de detener el lento declive del sector a nivel mundial de los últimos años.

  • las tasas de reposición de potencia con centrales nuevas no sería suficientes, a la vez que el parque actual envejece rápidamente (26 años para vida útil de 40)

  • no pueden mantener el ritmo de crecimiento de sus competidores que son las energías renovables (pero cuidado, pues ahí confunde potencia y energía: la nuclear funcionan el 95% del tiempo, la eólica del orden del 30% como media)

  • los emergentes, (BRICs y Next-11) o están construyendo centrales (hoy unas 64 en Asia y Europa del Este), o han manifestado su interés (hasta 65 newcomers)
Pero resulta muy interesante ver que la principal conclusión parte de (por fin) un razonamiento socioeconómico: «The dramatic post-Fukushima situation adds to the international economic crisis and is exacerbating many of the problems that proponents of nuclear energy are facing. If there was no obvious sign that the international nuclear industry could eventually turn empirically evident downward trend into a promising future, the Fukushima disaster is likely to accelerate the decline«. Con poca capacidad de inversión se postergan las más intensivas en capital y menos modulares.

Está claro que Chernobyl significó un antes y un después para la industria nuclear; y está claro también que, tras 25 años, se afrontaba un nuevo escenario. Pues (ahora ya estoy bastante convencido) Fukushima se lo ha llevado por delante. Va a ser muy difícil que en las sociedades democráticas occidentales donde el peso de la opinión pública cuente, y la prensa haga (más o menos) su papel, se consiga abogar por el desarrollo nuclear on shore. Otra cosa serán los países de elevada «estatalización» como Rusia, China o India, dónde el despegue nuclear seguirá firme y, con cierta voracidad en algún caso.
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Grid Parity, o el «hágaselo usted mismo» energético

Grid parity. Paridad con la red. Todo aquél que vive o se dedica a la energía solar fotovoltaica ha incorporado la palabreja a su discurso. Es un buzzword de primera categoría. Bueno, en el fondo este blog ya va de menear buzzwords super-molones…

¿Qué es la grid parity? El punto de inflexión (casi cultural) en el que la energía autoproducida con instalaciones solares no precise de incentivos o subsidios y pueda competir en precio con el suministro eléctrico de red. Obviamente el concepto de grid parity aplica a todas las tecnologías energéticas, pero es el fotovoltaica -por su facilidad para integrarse en el ámbito urbano- la más trendy (otro buzzword) en este tema.

Siendo un poco irreverente, la grid parity sería el Mesías Salvador que espera el sector fotovoltaico, ahora con claros síntomas de intoxicación tras una borrachera de las que marcan época. Y no sólo en España. Aquí ha sido muy bestia, pero en Italia, Francia, Alemania, Bulgaria… la mayoría de países que apostaron por primar la energía eléctrica vertida a la red de origen fotovoltaico han tenido que modificar estas primas desfasadas en poco tiempo para enfriar el sector. La realidad es que se han bajado precios en los últimos años mucho más rápidamente de lo que se esperaba y, pasado de frenada, se le ha frenado por la brava. El número mágico dicen que és 1 US$. Un pavo el watio pico. De los 6 US$/Wp que te ofertaban en 2004, hoy el mercado ofrece ya panel de capa fina a ese precio (en la excelente PVinsights se puede acceder a cotización actualizada).

¿Pero es realmente ese el valor? la verdad es que depende. Los múltiples agentes del sistema no están para particularizar y ese cabalístico «1» oculta muchos factores que será necesario valorar para considerar si como plantean muchos expertos, en 2020 conseguiremos costes de generación de 60 US$/MWh que competirán con la mayoría de suministros energéticos… La realidad es más compleja: si tengo una mano en agua hirviendo y otra en agua helada, en el valor medio estoy estupendamente y no es eso. Pues en el caso del coste que me hará competir con el suministro de red, lo mismo: hay que considerar varios factores:

Irradiación: es evidente que la paridad con la red será más sencilla en zonas de buena insolación, pues aumenta la producción y con ello baja el precio medio de generación.

Segmento de mercado: en ningún país los clientes domésticos pagan por la electricidad lo mismo que los clientes comerciales, o que los grandes consumidores industriales; por lo tanto, existirán diferentes velocidades de acceso a la grid parity; primero (por lo general) los domésticos y luego los otros.

Back up: ¿y qué hacemos por la noche? ¿Duplicaremos la potencia instalada para alimentar baterías? Algo caro ¿no? ¿Queremos ser autosuficientes o complementaremos al consumo de la red? Todo eso cuesta.

Mix energético: cada país tiene un precio medio de generación acorde con su mix energético. Los que tengan más o menos renovables, o gas natural o nuclear… o un parque de generación más o menos moderno, tendrán diferentes precios de venta de la electricidad asociados a sus costes de generación. Aquí un excelente paper sobre cálculos de grid parity en más de 150 países y hasta 300 segmentos de mercado

Monopolio energético: la propietaria de la red de distribución, en el fondo manda. Además, el gobierno puede establecer medidas tecnológicas o administrativas que faciliten o dificulten estas instalaciones. Como ejemplo, en España durante mucho tiempo fue obligado pagar una inspección por cada instalación fotovoltaica cuyo importe era superior al equivalente de ingresos de un año…

Financiación: la madre de todas las madres. A la práctica, los costes financieros constituyen una parte relevante del coste del kWh (en el precio de generación hay que incluir la amortización del activo). Aquí un interesante estudio del NREL que trata en detalle el efecto del apalancamiento.

Este gráfico de McKinsey internaliza muchos de estos efectos, y se basa en tres: coste de panel, irradiación y precio de sustitución. Según este, Italia (sin nuclear y con buena irradiación) estaría ya en ese punto, y en el 2020 entrarían (por incremento, sobretodo de coste de la electricidad de red) países como Japón, Alemania, EEUU o… España.  Por tanto, si bien todo indica que se llegará a la grid parity en algunos años (¿5? ¿10?) pero no se llegará a la vez, ni por países, ni por regiones, ni por economías. Así que habrá que estar ojo avizor: la revolución estaría en marcha, pero llegaría… a trozos.

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Gas no convencional… no es un chiste

En otro post (aquí) comenté la que muy posiblemente sea la próxima revolución energética: el gas no convencional procedente de esquistos y pizarras obtenido por fractura hidráulica. Ventajas: mejora del autoabastecimiento y costes de extracción razonables; desventaja: uso intensivo de agua y problemas medioambientales graves asociados a los aditivos químicos (básicamente ácido hidroclórico, etanol, metanol, etileno e hidróxido de sodio) que facilitan la fractura. En Estados Unidos el shale gas aporta ya cerca del 25% del gas que se consume, reduciendo la dependencia energética y el precio medio.

Es curiosa la indiferencia sobre este tema por aquí. En Escuelas y Facultades Técnicas es evidente (lamentablemente, la Universidad lleva siempre un retraso con el state of art); en prensa es esperable (el driver tendrá que ser el ambiental y el del conflicto: ya se sabe, la noticia es que un señor muerda a un perro y no al revés); para la Administración no es guay y, encima, no se enteran. Así entre todos te hacen «experto» rápidamente.

Pues en Francia se han puesto de acuerdo las empresas de carbón, las nucleares, el lobby solar y las gasistas convencionales en contra de la prospección de gas pizarra (al revés que, por ejemplo, las británicas). Allí lo llaman «gaz de schiste«,  y se han localizado prometedores yacimientos en Larzac y en las inmediaciones de París. Es más, el 11 de mayo la Asamblea Nacional francesa votó una resolución para prohibir los métodos de fractura hidráulica de los estratos rocosos que almacenan gas. Por 287 votos contra 186, consiguió el consenso de casi todos los partidos, desde la (extrema) derecha de Marine Le Pen hasta la (extrema) izquierda de José Bové. El 1 de junio se debatirá en el Senado.

Según un reciente estudio de Centrica (aquí) el potencial de gas no convencional en yacimientos europeos es de 36.000 bcm (billones de metros cúbicos) y el efecto en las reservas mundiales es pasar de 60 años a más de 250; en España se consumen unos 33 bcm al año y en Europa no llega a 500 bcm. Pues eso son un porrón de años de reservas de gas propio. Se acabó la dependencia del gas natural canalizado de Rusia y del GNL del Golfo Pérsico o de Nigeria: mayor grado de abastecimiento y precios menores (según Céntrica, 900.000 millones de euros hasta 2050).

¿Por qué, entonces, este rechazo en Francia? Si bien son de esperar costes mayores que en Estados Unidos (por capacitación técnica, cultura, reservas e impacto ambiental) y que el potencial allí es 7 veces mayor, está claro que el lobby energético  se encuentra incómodo en este cambio de escenario y que, en este momento de incertidumbre política global, pues mejor no abrir nuevos frentes. Pues no pasa nada. Exxon Mobil prospecciona ya en Polonia, Hungría y Alemania; ha firmado con Naftogaz en Ucrania. Conoco-3 Legs también prospecciona en Polonia. Cheasepeake firmó en 2008 una joint venture con Statoil (no UE), pero sólo TOTAL y OMV como empresas europeas han mostrado algún interés. Shell se la pegó en Suecia y acabó comprando en 2010 por 4.700 MUS$ a los americanos de East Resources Inc. para aprender. ¡Ah! China tiene previsto que el 10% de su energía sea gas no convencional en 2020. Ha perforado ya su primer pozo.

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¿Qué aspecto tiene una burbuja de commodities?

Siguiendo la cotización del petróleo WTI (West Texas Intermediate, el crudo de referencia en Estados Unidos) me ha venido a la cabeza el famoso gráfico del Dr. Jean Paul Rodrigue «Main stages in a bubble«, investigador de la Universidad de Hofstra que se dedica a la «Bubblenomics»: «the missing branch of economics investigating the consequences of asset inflation (boom) and deflation (bust) on economic activities«.

Según el Dr. Rodrigue (así, con «e» final y sin «z») existirían cuatro fases bastante claras en las burbujas, que se respaldan empíricamente en unos 500 años de teoría económica y econometría; todas las burbujas de activos se han producido bajo entornos y situaciones diferentes en la historia, pero al final mostrarían dinámicas bastante similares.

Tiene su gracia ver que los perfiles de inversión que entran en las burbujas van variando (del early adopter del «smart money» al gran público total follower que entra cuando el mercado experto ya va largo), y que la motivación en cada fase también. Destaca el catalizador que representan los media. Al final hasta tendrá razón mi profesor de Hedging el filocanadiense Sr. Calvet que decía, «no se vio que la renta variable mejorase a la renta fija en el medio plazo» con lo de la reversión a la media.

Bueno, pues este es el gráfico interanual del crudo WTI de hoy mismo, 18 de mayo (antes del cierre, eso sí):

¿Alguien se atreve a decir en qué fase estamos?

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Destruir creativamente, qué gustazo

¿Por qué la sostenibilidad resulta, en el fondo, una gran oportunidad? Porqué constituye un cambio de paradigma, una forma de hacer las cosas diferentes, integrando al mismo nivel que el económico, las variables ambiental y social. Pero lo que resulta inevitable es que esta forma de hacer deberá acabar con otras, que hasta la fecha han establecido, sino el estándar, una forma de hacer general.

Si por algo es probable que se caracterice el futuro que nos espera -en el escenario tendencial, al menos- será por la escasez: escasez de agua, escasez de petróleo, escasez de alimentos, escasez de espacio… Los 7.000 millones de personas que hoy habitan el planeta serán casi 9.000 en el 2050, y vamos a tener que vivir muchos más con lo mismo… En este entorno, seguro habrá que reemplazar las tecnologías energéticas actuales por otras más limpias, con un elevado peso de las energías renovables. Cuanto más rápida sea esta transición, mejor.

¿Y las convencionales? en los años 40, el gran economista (y cirujano) austro-americano Joseph Schumpeter popularizó un término -de origen marxista- denominado «destrucción creativa«; según esta idea, en las economías de mercado todas las realidades son destruidas por los efectos de la innovación, introduciendo otras nuevas, más eficientes y mejores. Obviamente, la destrucción creativa lamina el statu quo; ataca a los lobbys, afecta a intereses consolidados, destruye empleo y pone en riesgo sólidas propuestas de negocio. Pero es tan demoledora como imparable. Renovarse o morir.

Para Schumpeter esta continua innovación era la fuerza vital de capitalismo; la única forma de mantener un crecimiento económico a medio plazo sería mediante la sustitución de las fórmulas obsoletas por nuevas y más creativas. Esta idea (la innovación tecnológica, de proceso y financiera como interiores al sistema) alimentó a las teorías neoclásicas del crecimiento endógeno, y permitió obviar -en parte- la relación con los recursos naturales como auténticos limitantes del crecimiento. Hoy nos cuesta pensar que podemos sustituir fácilmente algunos recursos energéticos por otros de forma rápida y sencilla. Y si se trata de ser de menor impacto ambiental, aún es más difícil.

Si bien, no se trata de un concepto energético (de entrada), la transición de los formatos de música grabada desde los años 60 hasta el iTunes es un ejemplo muy interesante de destrucción creativa. Al vinilo lo sustituyeron los cassetes, y a estos los CDs… ¡y a todos el formato digital! Al margen de si el futuro de la música pasará por ser gratuita y los conciertos carísimos (o no), la distribución sin soporte físico es un excelente ejemplo de nueva sostenibilidad: no hay plástico, ni residuos, ni tornillos, ni carátulas. Ceros y unos y consumo mínimo de memoria flash en un iPod. La repanoché.

P.S.: Aprovecho para felicitar a los responsables de enviar a Eurovisión representando a España una canción titulada «Que nos quiten lo bailao». Pocas veces he visto un análisis económico-social tan claro, concreto, y que refleje mejor lo que ha sido la expansión y crisis económica en España de 2005 a 2011 y el futuro que nos espera. Qué clarividencia.

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