Inflación, alimentos y ¿cambio climático?

Hoy preocupa tanto el alza de los precios del petróleo como el de los alimentos. En un post anterior, ya se trataron temas asociados a la relación entre energía y alimentos (aquí), y se intentaba establecer el efecto de la producción de biocombustibles sobre la canibalización de la demanda de cereal para el consumo humano (que haberlo, hailo).

El numero de Scientific American de mayo de 2011 (y portada con el sugerente contenido como «7 radical energy solutions») titula con un dramático «Cereal Killer: Climate Change Stunts Growth of Global Crop Yields» un artículo sobre el efecto del cambio climático sobre las cosechas de cereal de 2010. Se sabía que las campañas de cereal de 2010 habían sido malas por múltiples fenómenos climáticos (inundaciones en Pakistán, sequías en Rusia en 2010 y China en 2011, «el Niño» en 2010 y  «la Niña» en 2011, incendios en la Estepa Rusa, inviernos duras en USA…); sin embargo, no se asociaba de modo directo al calentamiento global como driver principal del fenómeno. Pues el artículo de Scientific American remite a una publicación de Science de abril de 2011 (briefing del documento aquí)  por parte de un equipo de investigadores de Stanford (Lobell, Schlenker y Costa-Roberts) dónde se evalúa el efecto del cambio climático en la reducción de la producción de cereal, particularizado por variedades, en el estudio de una serie de 30 años. La conclusión principal: «On a global scale, we can see pretty clearly significant changes in the weather for most places where we grow crops«. El calentamiento global se significa por el aumento de la variabilidad y volatilidad climáticas. Pues Lobell y su equipo detecta hasta 3 desviaciones estándar en la previsión de temperaturas de 2008 proyectando un escenario anterior a 1980, en muchas zonas de cultivo histórico de cereal.

Y como corresponde en este blog, atención especial a la relevante traducción económica del fenómeno: «Using prior studies of economic responses to a shift in the supply curve, we estimate that the warming effects on production have led to a roughly 20% increase in global market prices for these commodities. If one accounts for the beneficial effects of increasing CO2 during the study period (due to the fertilization effect) the net effect of climate and CO2 changes has been a roughly 5% increase in prices. At current market prices and global production levels, this translates to roughly an additional $50 billion per year spent on food«. Toma castaña.

Si la frágil recuperación económica actual se sostiene en un escenario global de precios del petróleo inferiores a 120 US$/bbl (cuando sube de ese nivel, los hedge funds destensan como el viernes 6 de mayo), los efectos que tienen el alza de las commodities alimentarias en las economías más dependientes (sobretodo las asiáticas) pueden ser demoledores. Así, el riesgo del recalentamiento de la economía china por efecto del alza de los alimentos incrementando la inflación puede ser muy importante. China esperaba un 3,2% para 2011 y en abril cerró con un 5,3%; no hay que olvidar que en 1989 la icónica revuelta liderada por estudiantes en la plaza de Tiananmen se fundamentaba en un sentimiento de corrupción galopante, problemas agrícolas y tasas de inflación del 18%… Como demuestran las actuales revueltas árabes, las ansias de libertad acostumbran a ir por detrás de las del estómago. Sin duda, la inflación es la mayor preocupación ahora que China puede ser importador neto de cereal en poco tiempo (Corea del Sur ya lo es).

Igual este puede ser un buen argumento para sumarlos al acuerdo Post-Kyoto en Durban este año…

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Petróleo y geopolítica: más primas de riesgo

Este martes 10 de mayo de 2011 organizamos en ESADE una sesión sobre Geopolítica y energía. El motivo y eje central de la conferencia son las revueltas árabes que, desde enero, están cambiando el rostro de los mandatarios del norte de África… por muy bien no sabemos (¿imaginamos?) quién. Los países MENA (Middle East and North Africa) disponen del 35% del petróleo mundial.

Desde enero, precisamente, se observa un alza extraordinaria de los precio del petróleo (ver este post anterior). Hay relación, si bien es cierto que el pasado 5 de mayo se pegaron un castañazo como no se veía desde 2008. Al margen de si se trata de una burbuja o no (que algo de eso hay), ese día el petróleo cayó un 8,5% (aunque a los tres días volvió a subir…), y de forma similar el oro y la plata (el metal de moda).

Al margen de que en esta caída probablemente ha influido más el rich panic de los inversores, al ver los malos resultados económicos actuales, y que muchos hedge funds han aprovechado para hacer caja, es indudable el papel que el riesgo geopolítico tiene en los precios del petróleo o, al menos, en la cabeza de los inversores.

Deloitte ha publicado el informe “Emergence of the new geopolitical risk-oil price paradigm” donde sugiere que el riesgo geopolítico y la incertidumbre económica desempeñarán un papel cada vez más importante en la fijación de precios del petróleo más allá de la mera relación oferta-demanda. Por tanto, estos intangibles tendrán que ser gestionados de forma eficaz por las utilities, gobiernos e inversores e incorporarlos al risk management.

Algunos de los elementos geopolíticos actuales que el informe de Deloitte señala como relevantes en la fijación de precios y que adjunto en plan cortapega:

  • La búsqueda de mejores condiciones políticas y económicas en el norte de Africa: los disturbios originados en Túnez y que se han extendido por el norte de África, Oriente Medio y la Península Arábiga, han hecho aumentar los precios del petróleo Brent y el petróleo West Texas Intermediate (WTI).
  • Los recientes disturbios en Egipto, en tanto que tenían el potencial de reducir el tráfico en el Canal de Suez, establecían también presiones al alza sobre el precio.
  • Se forman nuevas entidades geográficas, como son los nuevos gobiernos formados en Irak y Sudán del Sur, que disponen de grandes reservas de petróleo.

Así que parece claro que a las tradicionales variables que establecen el precio del petróleo (básicamente la demanda global asociada al PIB, población, estándar de vida, stocks, capacidad de producción remanente y la capacidad de refino) ahora debemos añadir la geopolítica. Ala, otra prima de riesgo.

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«Honra y provecho no en el mismo techo»… ¿seguro?

Michael Porter super contento con su gorroMichael Porter es el gurú de la estrategia empresarial. Probablemente, junto con Peter Drucker (management empresarial) y Tom Peters (la excelencia) forman los tres investigadores en gestión empresarial más reputados, y de obligado estudio en cualquier Business School que se precie.

Porter, desde Harvard, sentó en los 80 las bases técnicas de la estrategia empresarial, formalizando el concepto de cadena de valor, estructurando las diferentes funciones de las organizaciones en busca de la maximización del margen. Sobre esta base funcional, Porter desarrollaba un modelo estratégico en el que se podía analizar la capacidad competitiva de una empresa a partir de la concurrencia de cinco fuerzas: clientes, proveedores, nuevos entrantes, productos sustitutivos y competidores. «Hacer un Porter» es un análisis básico en la consultoría de cara a establecer las bases de la competividad y estrategia de una organización. Su libro «Competitive Strategy» es un best seller del management.

Pues en el número de enero-febrero de la Harvard Business Review (con el sugerente título de «How to fix capitalism«), Porter avanza en el concepto de… sostenibilidad. Bajo el título «The Big Idea: Creating Shared Value» (que se puede encontrar online aquí) plantea la necesidad de reinventar el capitalismo, a partir de la creación del «valor compartido», que precisamente no es «repartir el valor creado» sino expandir el conjunto económico-social que incorpora la empresa.

El llamado Shared Value según Porter y (co-autor) Kramer « is not social responsibility, philanthropy, or even sustainability, but a new way to achieve economic success.» Según los autores, la Responsabilidad Social surgiría en realidad por la presión externa y enfocada a recuperar reputación, no como un hecho interno, sin olvidar que los problemas sociales se han delegado en gobiernos y ONGs, no en empresas. El shared value identificaría, alinearía y expandiría la conexión entre progreso económico y social. Añade «There are three ways that companies can create shared value opportunities: by reconceiving products and markets, by redefining productivity in the value chain, by enabling local cluster development».

Algunas ideas interesantes al respecto son la forma desacomplejada de unir beneficio con crecimiento social, o la internalización que realiza del uso de la energía y los recursos con respecto al incremento de la productividad. Sin embargo, no integraría la sostenibilidad de forma suficiente en el modelo, pues no toma en consideración el entorno cambiante más allá de los agentes económicos y sus percepciones.

La perspectiva actual sobre el progreso asume que no ha sido cualitativo (ni social ni ambientalmente); no se han dispuesto los mecanismos adecuados para compartir el resultado del (exitoso) sistema productivo. En el artículo dan a entender que el ajuste del shared value alinea objetivos «prudentemente» y casi de forma automática. El problema es que para eso los agentes económicos necesitan de suficiente información, lo que está demostrado es una suposición errónea. ¿Incorpora la redefinición de Porter y Kramer la existencia de límites al crecimiento? ¿Los precios dan todas las señales al sistema? ¿Dónde entra la biocapacidad? ¿Es preciso en el fondo para compartir valores crear primero valores personales? Artículo muy interesante que da qué pensar.

Al final, la respuesta también la tiene el refrán «Premio del trabajo justo, son honra, provecho y gusto». Puro management. Qué cosas.

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Energía y desarrollo humano

La inercia diaria nos lleva a obviar el relevante papel de la energía en nuestras vidas. Descontamos que la luz, el televisor, el ascensor, la nevera… funcionarán seguro, a plena potencia y cuándo queramos. De momento. Eso sí, algunos tienen que ir a estudiar de noche bajo un farol de la calle pues carecen de electricidad en su casa (si tienen casa).

Por tanto ¿energía para qué? El desarrollo humano en sentido amplio y las necesidades de energía tienen una marcada relación. No tanto población, sino desarrollo en una acepción holística. Se define el “índice de desarrollo humano” como un indicador que incorpora varios elementos que se entienden asociados a la mejora de la calidad de vida: por ejemplo, la mortandad infantil, la esperanza de vida, el nivel de escolarización, el PIB per cápita, la tasa de alfabetización…

Vaclav Smil es un profesor de la universidad de Manitoba que tiene un largo historial de investigación sobre los básicos de la energía; uno de sus últimos papers de 2010 (con el sugerente título de «Science, energy, ethics, and civilization») analiza la existencia de relaciones entre energía y desarrollo. Primera idea: para vivir más y mejor es imprescindible consumir más energía.

El gráfico de Smil (que indica esta correlación evidente energía vs. desarrollo) muestra elementos muy interesantes: por un lado, hay una mejora muy relevante de calidad pasando de 35 a 70 GJ/año/persona; hay un punto de inflexión; necesitamos al menos 80 GJ/año/persona para conseguir llegar a la asíntota, es decir aquel punto del máximo relativo de desarrollo humano. Y allí otro dato relevante: no hay mejora substancial del nivel de calidad por encima de los 150 GJ/año/persona.

Obviamente, en esta estadística se mezclan consumos industriales, comerciales y domésticos, y coexisten los efectos de las climatologías locales , hábitos culturales, movilidad… Estaría claro entonces que, incluso en condiciones similares, deben existir diferencias entre patrones energéticos.

Segunda idea: La elevada concentración de puntos (o sea países) por debajo de los 80 GJ/persona indica la existencia, de lo que se ha venido a llamar “pobreza energética”: cerca de 1.500 millones de personas no tienen acceso a consumos energéticos que consideramos básicos para vivir. Finalmente, y en la cola de la hipérbola la “obesidad energética” en la que muchos países de la OCDE y productores de petróleo viven, donde el despilfarro energético (más de 200 GJ/persona/año) es, muy a menudo, ignorado.

Tercera idea: el lugar que ocupan China y India en la tabla. Éstas (y ojo con Brasil), serán las principales economías del Mundo en los próximos 20 años. Las cifras son per cápita, por lo que el desarrollismo inmediato invita, cuando a menos a preocuparse (no por qué lo hagan: tienen el mismo derecho que el resto). Efectivamente, el uso intensivo de energía que precisarán en los próximos años generarán, muy previsiblemente, tensiones importantes en el suministro energético mundial.

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What’s sustainable business?

Vaya palabreja. Sustainable business. Negocio sostenible. ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Cuándo? ¿Cómo?

¿Qué cara se te queda cuando te enteras de que de las 100 primeras economías del mundo más de 50 son empresas? Obviamente, si influye más un consejo de dirección que el gobierno elegido por sus ciudadanos, algo cambia en las reglas del juego. En este caso parece claro que debemos exigir algo más que la simple (por decir algo) generación de beneficios. Corresponsabilidad, es la palabra.

Si hay una megatrend en el terreno del management en los últimos años, es la RSC (o RSE o CSR), es decir la Responsabilidad Social Corporativa. La Comisión Europea lo define como «A concept whereby companies integrate social and environmental concerns in their business operations and in their interaction with their stakeholders on a voluntary basis

OK. Voluntariamente y con la doble vertiente social y ambiental, ¿pero para qué? ¿Es maquillaje? ¿Es do the right thing? ¿Se contradice con el beneficio? ¿Cuando cuesta la RSC y cuanto se gana con la RSC? básicamente, la RSC busca optimizar y satisfaces las expectativas de los stakeholders (es decir de todos los relacionados con la empresa: trabajadores, clientes, proveedores, comunidades locales, grupos de presión, etc.). Pero la duda surge con respecto a la «responsabilidad». ¿No es responsable dar beneficios? Sin beneficios las empresas, simplemente ¡cierran! Se acabó la función social.

Aquí es donde surge otro concepto: la empresa sostenible. A la empresa sostenible, no le preocupa mucho el doin’ right… simplemente sabe que sin ser sostenible ambiental y socialmente no hay salida. La empresa sostenible piensa en el largo plazo y en su subsistencia y, por tanto, gestiona eficientemente sus recursos, protege el talento, vigila y cuida su entorno y a sus interlocutores, piensa más en el medio que en el corto, fomenta el crecimiento y la competitividad y, obviamente, genera beneficios… ¡POR SU INTERÉS! No es reactiva, ni es proactiva…. simplemente LIDERA.

John Elkington haciendo monadas

¿Y qué incluye en ese interés? John Elkington planteó en su libro Cannibals with forks a finales de los 90 la idea del triple dividendo (tripple bottom line). Además, del dividendo económico, Elkington propone la idea de otro doble dividendo, el social y el ambiental que, si bien no se significan monetariamente, son parte inseparable del negocio. Y además (como buen gurú) lo verbalizaba con el memorizable concepto de la llamada «triple P»: People, Planet, Profit. De esta forma se incluían en la propuesta todas las vertientes de la actividad social. De hecho, el libro tiene mucha miga. Elkington se preguntaba «Is it progress if a cannibal uses a fork?«; y con esa idea tan plástica se planteaba si las formas del capitalismo del siglo XX-XXI no obviaban bajo las buenas maneras unos fines demasiado alejados de la justicia social y el equilibrio ambiental.

Pues todo eso a la empresa sostenible ni plim. No se pregunta muchas cosas: sabe que si no lo hace así, no sobrevivirá. Entonces, mejor así ¿no?.

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