Kurt Cobain, el ‘plateau’ del petróleo y el precipicio tras él

Leyendo el siempre interesante blog del Profesor Pedro Linares (añadanlo a sus favoritos desde ya) menciona un artículo de Daniel Yergin, publicado en el Wall Street Journal hará unos quince días, que ha generado tanta polémica como vocerío. En momentos de tanta incertidumbre, titular lo que sea sobre el petróleo como «There will be oil» resulta casi una provocación. Yergin, al mando de IHS CERA una relevante consultora en temas energéticos, escribió hace unos 20 años uno de los libros más exhaustivos y comentados que se hayan escrito sobre el petróleo, su historia y la turbia geopolítica detrás:  «The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power«. El libraco (porque son 800 páginas), ganó el premio Pulitzer en 1992 e incluso hay un documental muy entretenido basado en él, que se puede ver en trocitos por Youtube.

La gracia del artículo es que Yergin pone en duda las tesis del «peak oil» (no voy a usar el término «niega» por razones obvias). Además, critica a los que han ido pronosticando momentos pico sucesivamente sin éxito («This is actually the fifth time in modern history that we’ve seen widespread fear that the world was running out of oil«), y sus apocalípticas visions («They warn that ‘an unprecedented crisis is just over the horizon.’ The result, it is said, will be ‘chaos’, to say nothing of ‘war, starvation, economic recession, possibly even the extinction of homo sapiens’.«). De todo eso en este blog se ha hablado bastante…). Reduce la teoría del peak oil a la descripción de la melopea de fin de semana de un «beer-drinker» cualquiera: «The glass starts full and ends empty, and the faster you drink it, the quicker it’s gone«. Campbell, el del Oil depletion Protocol, también pilla. Alguna castaña le suelta también a Hubbert por tecnócrata. Buen rollito.

Pero lo interesante es que Yergin plantea un escenario alternativo para el crudo: el «plateau» (o sea la meseta). En esa visión, el mundo seguiría consumiendo petróleo durante décadas (insinua 50 años) de forma más o menos constante, sin excesivos problemas, y con cada vez más peso del petróleo no convencional. Según Yergin la decadencia no vendría de la escasez sino de una mayor eficiencia en el uso y, se sobreentiende, de propuestas energéticas alternativas. «Just in the years 2007 to 2009, for every barrel of oil produced in the world, 1.6 barrels of new reserves were added«, dice ufano. Cornucopiano a tope, aporta cifras, datos, gráficas y estadísticas para soportar la tesis. Lo resume en tres: 1 trillón de barriles extraidos hasta la fecha; 1,4 trillones accesibles y viables económicamente y 5 trillones localizados, y un aumento del consumo del 30% desde 1980. Todo ello en un mundo de 65 trillones de dolares de PIB al año, que consume unos 90 millones de barriles al día en 2010 y que podría consumir unos 110 millones en 2030 (todos en trillones americanos, o sea billones españoles).

¿Habrá petróleo, realmente? ¿Tiene razón Yergin? en algo sí, pero con muchos «peros,» usando sus palabras. Es casi seguro que existen reservas en el subsuelo muy superiores a las probadas y probables (las 1P y 2P en el argot petrolero). Y no sólo de petróleo: carbón, gas natural…  ¿Límites? BP ya ha perforado a 10.000 metros de profundidad para extraer crudo, Shell es capaz de extraer petróleo del fondo del mar atravesando casi 3.000 metros de lámina de agua, Exxon tiene sondeos a 11.000 metros de profundidad… En otras palabras, las limitaciones geológicas no son el reto. El reto es el aumento continuado de la extracción a un coste razonable. Efectivamente, el descubrimiento de nuevos yacimientos comporta la necesidad de nuevas inversiones y personal cualificado; necesidades de capital en el upstream que la AIE estima en unos 6 trillones de dólares hasta 2030… ¡¡¡pero es que el 75% deberían realizarse en países no-OCDE!!! (¿Queda más claro ahora lo que hacen los chinos en África?). Oigan, vuelve la OPEP a tope. El crudo será controlado (¿60%?) por un cártel formado por países off the track del espacio comercial industrial: las National Oil Companies de Arabia Saudi, Iraq, Kuwait, Irán, Venezuela, Emiratos, México, Lybia y Nigeria… y luego los rusos. Tiene pinta de todo, menos de barato o de fácil. La AIE establece para 2030 un valor en de entre 240 y 160 dólares cada barril en valor nominal.

O sea que sí que hay «plateau«; más o menos se le ve en la gráfica de la AIE anterior, donde en 2006 se llega al peak, lo único que no habría bajada; de ahí el plateau. Pero lo que no parece sencillo es evitar el significado real del peak oil: costes marginales (o sea, de nuevas extracciones) en niveles similares a los costes medios. No tiene esa pinta. Porque no se trata de agotamiento sino de dificultad progresiva. Así de sencillo. Como dice el maestro Mariano Marzo: «el problema no está en la barrica sino en el grifo». Todo ello sin considerar los costes de refino y el poder energético final, que también van al alza. Efectivamente, el peso de los llamados «líquidos de gas natural«, «arenas asfálticas«, «biocombustibles«, «X-heavy crude«,… en definitiva el petróleo no convencional va al alza. Y se trata de sustancias de elevado coste de transformación y refino (lo que sería el coste neto de transformación energética o EROEI). Así que detrás del «plateau«, que durará lo que dure, se encuentra el precipicio de los costes marginales crecientes. Mucho van a tener que cambiar las cosas para que este escenario de costes al alza no se cumpla. Ojalá Yergin tenga razón y no nos despeñemos.

Con todo este rollo, me ha venido a la cabeza una canción de los Meat Puppets que cantó el gran Kurt Cobain con Nirvana en su «MTV Unplugged in New York» y que grabaron en el 93. La canción se llamaba «Plateau» y decía algo así como:

Many a hand has scaled the grand old face of the plateau
Some belonged to strangers, some to folks you know
Holy ghosts and talk show hosts are planted in the sand
To beautify the foothills, and shake the many hands
nothing on the top but a bucket and a mop
And an illustrated book about birds
See a lot up there but don’t be scared
Who needs action when you got words

Pues eso, que para qué hacer nada si nos podemos dedicar al charloteo, ¿no? A ver quién le pone el cascabel al gato. Dí que sí, Kurt.

P.S.: y por si alguno se quedó con ganas de algo más, ahí va «Aneurysm«. Indicada ¿no?

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Cuando el límite es lo de menos

A inicios de septiembre se presentó el informe que cada año prepara la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sobre el comercio y el desarrollo (era de esperar). La versión en castellano (en realidad, un resumen), en un esfuerzo descomunal de originalidad, se titula «Informe sobre comercio y desarrollo 2011«. Eso sí, le añade «Panorama General» para dar alguna pista más. La versión en inglés completa (que se puede descargar aquí) se denomina «Trade and Development Report 2011: Post-crisis Policy Challenges in the World Economy» y, es obvio que se va a centrar en los retos políticos que se plantean en la etapa posterior a la actual crisis de la economía mundial iniciada tras el cha-cha-chá de septiembre de 2008. Así estamos.

La sorpresa (o no) es que el documento indica que la recuperación económica mundial tras la «Gran Recesión» (sic) se estaría frenando y que sería profundamente desigual. Se habría pasado de un 4% de crecimiento del PIB en 2010 a un 3% para 2011, y se estaría dando una “recuperación a dos velocidades«, pues el crecimiento sería fuerte en las economías en desarrollo, del orden del 6% en 2011 y en niveles similares a los anteriores a la crisis, mientras que las desarrolladas sólo crecerían entre el 1,5% y el 2%. Haciendo un flashback, las medidas conjuntas y coordinadas del G20 tras el crack de 2008 llevaron a una mínima estabilidad financiera (bajada de tipos de los bancos centrales, planes de estímulo fiscal y programas de ayuda de emergencia; en otras palabras inyección a lo bestia de dinero en el sistema, o sea liquidez) en lo que podíamos llamar Fase I. Después se pasó a la, digamos, Fase II donde las empresas no podían soportar por sí solas el crecimiento (especialmente por la falta de financiación), los hogares dejaban de consumir y donde el sector público, que se ha descubierto de pronto endeudado hasta las cejas, no podía mantener los planes de estímulo y se veía obligado a iniciar políticas drásticas de reducción del gasto público (los recortes). Estados hiperendeudados, recortando gasto social, y en contracción (aumento del desempleo, salarios a la baja, reducción del consumo), y un también posible estancamiento prolongado a la japonesa. La Fase I es una «V» y la Fase II, en la que estamos, sería otra «V» (esperemos). Crisis en forma de «W«, por tanto, donde no habríamos llegado al segundo pico inferior (también llamado double-dip). Nada que no sepamos aún, pero soportado por datos. La única parte buena según la UNCTAD sería que la inflación no subiría… ¿Seguro?

En la serie de posts sobre las teorías del colapso se mencionó de pasada a James D. Hamilton, profesor de economía de la Universidad de California San Diego. Mantiene una especie de blog muy interesante sobre economía, industria y recursos: Econbrowser. El profesor Hamilton ha realizado una serie de trabajos muy interesantes sobre la relación entre las crisis económicas y el precio del petróleo. En «Historical oil shocks» estudia los efectos de los cinco grandes shocks petrolíferos del siglo XX (todos geopolíticos): la crisis del canal de Suez en 1956, el embargo de 1973, la revolución de los ayatollahs de 1978 y la posterior guerra Iran-Iraq de 1980-1988, la primera guerra del golfo en 1991 y… el shock de 2007-2008 (no geopolítico y en el siglo XXI). La conclusión es clara: a cada shock petrolero le siguió una recesión (al menos en USA). Efectivamente: desde la Segunda Guerra Mundial, 10 de las últimas 11 recesiones fueron precedidas de un shock en el precio del petróleo. Además, recuerda que la afectación es por el lado de la demanda y no de la oferta: “The short-run elasticity of oil demand is very low. If consumers try to maintain their real purchases of energy in the face of rising prices, their saving or spending on other good must fall commensurately”. En otras palabras, la imposibilidad de encontrar sustitutivos inmediatos en los spike del precio del petróleo (la demanda es muy inelástica al precio) desequilibra los presupuestos de familias y empresas, y resulta un factor clave para la recesión.

Ese trabajo es clave para entender el cada vez más famoso paperCauses and Consequences of the Oil Shock of 2007–08” (esta versión es muy interesante pues incorpora comentarios críticos de terceros). Hamilton considera que no es el precio sino la renta la clave para entender el fenómeno. Si tengo mucha pasta no me importa el aumento de precio. Es como el chiste: “me da igual lo que suba la gasolina: siempre pongo treinta euros”. En el razonamiento también influye la “partida presupuestaria” es decir el peso que tiene en mi economía el gasto en algo. Por ejemplo, si algo es el 1% de mis gastos me da igual que suba de precio: si dobla el precio será el 2% de mis gastos lo que  sigue siendo poco. Según Hamilton la partida presupuestaria “energía” ha estado en Estados Unidos sobre el 6% con alguna punta del 9% o así. Además del efecto renta, Hamilton evalúa los efectos del incremento de los precios del crudo en el tejido productivo. Para ello se evalúan los efectos sobre el sector del automóvil y (¡tachán!) las viviendas en el periodo 2007-08, previo a la caída de Lehman Bros. Por un lado, si bien el sector de la automoción no cayó exageradamente, sí lo hizo el de los 4×4 urbanos (SUV). Sobre los hogares: «home prices in 2007 were likely to rise slightly in the zip codes closest to the central urban areas but to fall significantly in zip codes with longer average commuting distances». Más lejos, más caro, más difícil de pagar: quiebra. Ni «ninjas»,  ni leches. Pagué la factura de gasofa y me venció la letra del banco. Punto.

Se deduce fácilmente que habría un límite para la «partida presupuestaria energía» a partir del que la economía entra en recesión (o sea, un excesivo coste de la factura petrolífera). La subida del precio del petróleo no sólo afecta al coste energético directo; su efecto se transmite a toda el conjunto de la economía y, peor aún, regresa de nuevo amplificando su efecto (es lo que se llaman «efectos de segunda ronda«). Si sube el petróleo, sube el transporte, y con él las escarolas que traen del campo a la ciudad, y con ellas el menú de los restaurantes. Soy más pobre por dos sitios: directo en el transporte; indirecto en el menú. Al aumentar el precio y expandirse su efecto, existiría un valor límite a partir del cual los productos se venden menos; y tanto menos se venden que ya no sale a cuenta fabricarlos. ¿Por qué? suben los costes de producción fijos (materias primas, consumibles,…) y, al reducirse el volumen, desaparecen las economías de escala o alcance. Los economistas dirían que entonces el coste marginal supera al coste medio. Cuando este fenómeno se extiende lo suficiente el fenómeno de destrucción de la actividad económica es una espiral cada vez mayor. Resultado: Recesión.

¿Se tiene claro cuál será el límite del precio para que se desencadene de nuevo la recesión? Difícil. Roubini lleva avisando de la «W» desde 2009 dando una importante relevancia al precio del petróleo, e insinúa un límite de 100$ barril, aunque asegura la recesión con 140$ (a decir eso me atrevo hasta yo). De hecho, Roubini ya analizó este tema en 2004 (al final el tipo será bueno y todo). Sobre los trabajos de Hamilton algunos estiman el límite en unos 80$ (o una partida presupuestaria «energía» superior al 10%). Los productores de petróleo precisan de unos 80$ para equilibrar sus presupuestos (es decir, mantener la paz social con subvenciones internas; ojo, que hace tres años era de menos de 60$). De hecho, el valor exacto es lo de menos. Esto no es física del estado fundamental. Depende de muchos factores, y habrá una componente regional importante derivada de la intensidad energética de cada país o, lo que es lo mismo, del peso de la partida presupuestaria «energía», si se quiere como porcentaje del PIB. Establecer un umbral en $/barril para el Apocalipsis global es poco práctico. Se trata de valorar nuestros sistemas económicos conjuntos recursos-producción y su capacidad de adaptación y flexibilidad a un cambio de modelo energético, y no de esperar a Godot.

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China, guerra por los recursos y nuevo colonialismo


Cuando uno lee sobre el peak oil, el subconsciente corre el peligro de traducir el concepto y el palabro en la imagen de un futuro mundo caótico a lo Mad Max. Pues no va de eso. Va de incremento de costes marginales. Es sencillo: resultará cada vez más caro acceder al petróleo. Más profundo, menos dulce, con necesidad de mayores bombeos de agua, de refino más caro, etc. Dentro de la cadena de valor del petróleo, a esa parte se la denomina upstream y es la que aporta más valor; esto es así pues incluye la localización, acceso al yacimiento y la tecnología de extracción (y si alguien cree que eso es barato que pregunte a Pemex). En realidad, lo estratégico es el acceso al crudo. Asegurar el suministro es la prioridad y no intentar fijar un precio, algo coyuntural y afectado por muchos elementos incontrolables.

China, con un PIB de 6 trillones de dólares (comparado con los 14 de EEUU y los 16 de la UE según datos de 2010 del CIA World Factbook), consume el 53% del cemento del mundo, el 47% del carbón mundial y el 10% del petróleo global. De hecho, más del 70% de lo que importa China es petróleo. 1.300 millones de personas y un crecimiento a lo bestia, con costes de energía muy bajos (aunque no tan bajos como en Estados Unidos), precisan de unos 8,5 millones de barriles al día. Se espera que consuma un 80% más en 2030. Buf. Hace unos 20 años era autosuficiente. Ahora produce tanto crudo como importa. Desde que en 2003 el crudo empezó su escalada, hasta el spike de 142 US$ del verano de 2008, y hasta los 100 US$ actuales (con esos precios ¿de verdad alguien espera salir de la crisis?) las empresas petroleras chinas han ido tomando posiciones en el tablero mundial. Mientras Europa está a por uvas y los americanos imprimiendo billetes, los chinos han gastado miles de millones de yuans (bueno, en realidad de dólares) tomando posiciones en el upstream. La estrategia de China en el mercado internacional la desarrollan sus empresas petroleras nacionales, básicamente China Petrochemical Corp. (SINOPEC), la enorme China National Petroleum Corp. (CNPC, más conocida como PETROCHINA) y China Offshore Oil Corp. (CNOOC). La toma de posiciones vía acuerdos estratégicos y -sobretodo- compras se ha realizado tanto en la extracción como en la distribución y refino.

A finales de 2010 CNOOC, CNPC y SINOPEC tenían actuaciones en 31 países y posiciones de inversión en unos 20. Algunos ejemplos de la actuación de las empresas chinas:

– En Brasil, SINOPEC ha firmado este año un acuerdo con PETROBRAS por 7.100 millones de dólares para tener una opción en los yacimientos de REPSOL en el país. Antes, en 2009, los chinos ya les dieron un préstamo de 10.000 millones de dólares, contra la garantía de pago del petróleo brasileño (100.000 barriles día).

– En Ecuador, en 2009, China pagó mil millones de dólares por adelantado a la petrolera nacional PETROECUADOR a cuenta de las ventas futuras de petróleo.

– En Perú, en 2004, CNPC compró el 45% de la empresa peruana de capital privado PLUSPETROL  NORTE por 200 millones de dólares. Su producción es superior al 60% del petróleo de Perú.

– En Iran, en 2009, CNPC  firmó un contrato de más de 4.700 millones de dólares  por una opción sobre el campo de South Pars que tenía TOTAL con la National Iranian Oil Company (NIOC); además, ya opera en el campo de Rumaila, con el 15% de las reservas iraníes y en el de South Agadegan.

En Kazakhstan, CNPC ha ido tomando posiciones desde 1997; en 2009 concedió un préstamo de 10.000 millones de dólares (la mitad para el banco nacional) para acceder a la explotación de yacimientos de la energética nacional KazMunaiGaz(KMG).

– En Singapur, en 2009, CNPC compró el 45,5% de la refinería petrolífera SPC. Produce el 12% del petróleo mundial y tiene una posición estratégica en el estrecho de Malacca.

En Canadá, en 2010, SINOPEC compró el 9% de SYNCRUDE CANADA propietaria de un megaproyecto de arenas asfálticas por 4.650 millones de dólares, en un proyecto al 50% con TOTAL.

Con Rusia se ha firmado un acuerdo a través de CNPC por 20 años por 25.000 millones de dólares en (15.000 a ROSNEFT y 10.000 a TRANSNEFT).

Además, mantienen múltiples acuerdos con las principales petroleras occidentales: SINOPEC y CNPC con SHELL en Kirkuk (Iraq); CNPC y BP también en Iraq; CNPC, TOTAL y PETRONAS en Iraq, CNPC y TOTAL en Venezuela, SINOPEC con REPSOL en Brasil, CNOOC con la argentina PAN AMERICAN ENERGY… O sea, en todas partes.

Pero donde estos movimientos han sido especialmente significativos y polémicos ha sido en África: Angola, Argelia, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, Mali, Nigeria, Sudán, Zambia o el Congo son algunos de los países africanos (todos ellos tan ricos en materias primas como en miseria) donde China ha realizado compras. De la pléyade de países, el suministro de crudo a China depende de Angola con el 45%, Sudán con el 18%, Congo con el 14% y Guinea Ecuatorial (sí, la del sinvergüenza de  Teodoro Obiang) con el 9%. Las compras de CNOOC en  Nigeria (45% del campo OML 130 por 2.300 millones de dólares), de CMPC en Libia (comprando la canadiense VERENEX) o la construcción de la primera refinería en el Chad, o la compra de ADDAX por SINOPEC (con posiciones en Nigeria, Gabón, Camerún e Iraq)… son algunas de las operaciones entre las muchas que ha hecho China en África. Aquí puede encontrarse un mapa interactivo donde ver todas las inversiones que los chinos están desarrollando allí. En realidad las compras chinas van más allá del petróleo: es significativo su interés en tierras cultivables.

Muchos consideran que esta actitud es una versión capitalista del colonialismo histórico del siglo XIX y que finalizó en los 60; otros entienden que la situación puede resultar una gran oportunidad para África. Hay una enorme polémica en todo este asunto. En este mismo tema, la AIE tiene un interesante estudio sobre esa creciente actividad china en la toma de posiciones en empresas petroleras everywhere.  Los americanos están muy mosqueados con los acercamientos de los chinos en Irán, Iraq y Sudán (donde China ha bloqueado las sanciones al régimen de Omar al Bachir, otro sinvergüenza) en busca de petróleo. Además de negociar con el «eje del mal«, tiene gracia eso de criticar a China la falta de ética en sus inversiones internacionales. Al margen de la conocida y endémica hipocresía internacional ¿qué narices está haciendo China? lo adelantado: asegurarse reservas probadas, preferiblemente fuera del alcance de los propios países productores (que tienen el 80%), buscando su relevante poder estratégico a medio plazo. Mientras las petroleras europeas (incluidas las rusas) no reponen el crudo que extraen; no hay nuevos yacimientos y no están en el rollo de las compras. Sólo EXXON les sigue a rueda. La guerra por asegurarse los recursos energéticos ha empezado ¿El futuro? Crudo.

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Megaciudades, archipiélagos y metabolismos urbanos

¿Cómo será el planeta del siglo XXI? Sobretodo urbano. Ya hay más personas viviendo en las ciudades que en el medio rural. Esta urbanización galopante es el resultado de la superpoblación mundial (en 2050 se esperan 9.000.000.000 de personas) y de la búsqueda de oportunidades económicas derivadas de la industrialización, ahora ya a nivel global. Es la tendencia que se inició en el siglo XIX con la revolución industrial y que continúa desde entonces. Ciertamente, el boom científico, tecnológico, industrial (en este orden) de la época, la segmentación de la sociedad en burguesía y clase trabajadora (el proletariado) -según la concepción marxista- , el desarrollo del capital, nuevas formas de transporte, el comercio a gran escala… sentaron las bases de la época industrial y, con ella, la urbanización. Y es que la modernidad es eso físicamente: urbanización. En otras palabras, la transformación de una sociedad tradicional, preindustrial y rural en otra moderna, industrial y urbana.

La primera gran urbanización mundial, del XVIII al XIX, ya conllevó problemas; la ciudad victoriana era, básicamente, densa. El crecimiento demográfico, la concentración en la urbe y la inmigración rural determinaron un espacio caótico y desorganizado. La máquina de vapor y la Spinning Jenny no eran elementos de organización del espacio urbano, sino un auténtico pull de personas, del campo a la ciudad, que buscaban una vida mejor. No era tanto un espacio de encuentro como de conflicto: lucha de clases. ¿Podía un mejor urbanismo ayudar a generar, digamos, estabilidad? Harto de la densa ciudad victoriana, Ebenezer Howard publicó en 1902 “Garden cities of To-morrow, probablemente el primer planteamiento de ciudad sostenible. Le importaba un bledo el medio ambiente. En realidad, ese concepto aún no existía: la conciencia ambiental no es moderna sino postmoderna… Howard entendía la ciudad como el puente entre el individualismo capitalista (de la burguesía que accedía a los medios de producción) y el socialismo pujante de los primeros sindicatos en Gran Bretaña (que defendía los intereses del cada vez más numeroso proletariado). Lo dicho, lucha de clases (si la pasta segmenta, se crean clases). Una ciudad que no fuese habitable sería una mayor fuente de conflictos. Howard planteaba un equilibrio entre ciudad y campo: “human society and the beauty of nature are meant to be enjoyed together”. Y ese equilibrio venía de conjuntar los modelos push (de campo a ciudad) y pull (de ciudad a campo). Howard convertía esos motores en imanes con la idea «where they will go?«. Los dos imanes town y country se juntaban en uno único: el “town-country magnet”. En el famoso «three-magnets diagram» se establecía el concepto de la «ciudad-jardín»: una propuesta virtuosa que se intentó implementar en algun poblacho sin mucho éxito. En eso se quedó.

Empezaba el siglo del desarrollismo urbanista OCDE, interrumpido por las dos guerras mundiales. En ese escenario el urbanismo buscaba orientar, dirigir, plantear y proponer especios en esa expansión de la ciudad, derivada del crecimiento demográfico resultado de mejores condiciones de vida (vacunas e higiene) y confort (energía masiva y barata; ya sabemos de qué va eso). Ese progresivo crecimiento urbano era inabarcable: cada pocos años hacían falta nuevos términos para explicar qué era la ciudad: las grandes ciudades pasaron a metrópolis, luego a megalópolis, éstas al crecer regiones urbanas hasta ser conurbaciones, buf… Y la organización urbanistica de la ciudad se planificaba mediante zonificación, buscando huir de la densa ciudad victoriana (auténticas ciudades-carbón). La idea era segregar físicamente industria y viviendas (como los ensanches en España de principio de siglo) en zonas (de ahí el nombre de zoning). Pero los modelos desarrollistas de ciudad, al final, eran incapaces de evitar la segregación de usos y personas en la ciudad, y se zonificaba según actividad y renta (barrios ricos, pobres, ciudades dormitorio, etc.). Y lo peor, obviaban su coste energético (total, era casi gratis). Lo absurdo era que el coste del suelo fuese superior a los costes energéticos a medio plazo, pero funcionaba.

Pero en los 70 llegó el patapám: la crisis del petróleo de octubre de 1973 obligó a repensarlo todo. Siempre es lo mismo en el colapso: como nos recuerda Rubin, el modelo se ha construido sobre energía de suministro seguro y precio bajo; cuando alguno de los elementos del modelo cae (sube el precio, crisis geopolítica…), pues cae todo. Así que el urbanismo difuso derivado del desarrollismo de la postguerra, segregado del downtown, ya no era eficiente ante los elevados costes del combustible. Como ejemplo más claro, el del  urbanismo sprawl americano (los barrios residenciales suburbanos del automóvil) fundamentado en una movilidad barata. Demasiada dispersión. Carísima. No sirve. En un escenario de costes energéticos crecientes ¿qué retos presenta el urbanismo? la solución más inmediata es obvia: optar por la contracción y concentración obligada por el alto coste de la movilidad privada, con elevado coste social. Como dice Zygmunt Bauman, la ciudad es el espacio de los extraños: «socialmente distantes aunque físicamente cercanos. Forasteros dentro de nuestro alcance físico. Vecinos fuera del alcance social«. Pero es que ciudad es hoy PIB. Ese fenómeno de crecimiento de las grandes ciudades (lo que se llama concentración expandida) puede derivar en el paisaje global que Richard Florida denomina «archipiélagos urbanos»: contadas megalópolis hiperconcentradas (como Sao Paulo, Bombai, Tokyo o Mexico DF) con millones de habitantes rodeadas por… nada (en términos relevantes de PIB, se entiende).

Richard Rogers en 1995 fue el primer arquitecto en dar unas charlas en la BBC Radio 4 (las prestigiosas Reith Lectures). El tema: «Sustainable city«. Toma ya. Esas charlas se recogieron más tarde en el libro “Ciudades para un planeta pequeño”. Rogers tiene unas ideas diferentes que, aparentemente, parten de una reflexión de ciudad. Rogers propone asimilar las urbes a metabolismos orgánicos: las ciudades vendrían a resultar un black box con entrada de materias primas (inputs) y salidas de residuos (outputs). O sea como un organismo vivo. Distingue dos grandes tipos de metabolismo: el lineal, que consume y genera residuos en grandes proporciones, y el circular donde se minora el consumo de nuevas materias primas y se maximiza el reciclado de residuos: el flujo de materia es circular y se reaprovecha el residuo. Para avanzar en esa circularidad, proponía adaptar las urbes a modelos de ciudad compacta (cohesionada socialmente, de trama urbana compacta, cercanía de servicios, producción local de energía, reciclaje) como las mediterráneas, contrapuestas con la ciudad difusa como la típica norteamericana (de uso masivo del vehículo, exigencia de suelo, impermeabilidad social, pérdida de la unidad, externalización de impactos energéticos).  En ese modelo el uso eficiente de las materias primas en general, buscando el máximo reciclado, es el elemento clave.

Otro modelo existe, por tanto. Mejorado y memorable: integración de infraestructuras energéticas y de servicios, creación de espacio público, integración del verde, movilidad inteligente,  construcción low carbon, autoproducción energética, reciclado,espacios para la relación. Entender y recuperar el modelo de Howard que, en el fondo, buscaba dar respuesta a las grandes migraciones. PIB pero sin perder la habitabilidad. Organismos… sí, pero habitables. El urbanismo como reductor de conflictos. Luego resulta difícil de implementar: precios del suelo, arquitectos divos, urbanistas de medio pelo, promotores voraces, predominio de la estética, reduccionismo a zonas verdes… Muchas tentaciones (incluso el mismo Rogers y su chapuza de Valladolid). No es un decálogo. El papel de la arquitectura es clave no sólo para la recuperación de la habitabilidad urbana, sino para la propia sostenibilidad del modelo, y no sólo energético sino principalmente social. Dice Rogers: «ciudades bellas, seguras y equitativas«. Igual basta con las dos últimas. Las actuaciones de sostenibilidad en el urbanismo no pueden ser acupuntura. Y lo parecen.

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Teorías del colapso energético (XX y Epílogo): jugando en Rashomon

Es media tarde. Llueve. Sentados frente a la puerta de lo que fue el derruido templo de Rashomon se resguardan de la lluvia un sacerdote y un leñador. «No lo entiendo: de verás, no lo entiendo«. Cada vez llueve más. Corriendo y totalmente empapado llega una tercera persona que también busca cobijo. Mientras escurre el agua de su gorro escucha al leñador, que repite una y otra vez «No lo entiendo…«. «¿Qué no entiendes?» pregunta el recién llegado. «Nunca oí una historia tan extraña» dice el leñador, con la mirada perdida. «Es verdad» dice el sacerdote, apesadumbrado. «Así que tú también sabes sobre esa historia tan extraña» dice el recién llegado.

Así empieza «Rashomon«, la película en la que Akira Kurosawa cuenta la terrible historia de lo que pasó en el bosque. Un hombre ha sido asesinado y una mujer violada. ¿Qué ocurrió? Y ahí se narra la historia por sus protagonistas y testigos: cada uno da su visión, cierta o no, interesada o no, resentida o no, cobarde o no. Todas son ciertas y todas son falsas. ¿Existe la cierta? ¿La real? ¿más allá de la certeza de la muerte del hombre y de la violación? ¿Existe la verdad? Es mejor ver la película: aunque al blockbuster medio no le guste el blanco y negro, los japonés, los años 50 y los subtítulos, vale la pena.

Pues esta serie de veinte posts (contando a este) también han sido una especie de  Rashomon con diferentes visiones sobre esa otra historia tan extraña: una crisis energética global que parece se otea en lontananza. Y es que aunque cada una visión de las presentadas muestra un punto de vista diferente (geopolítica, globalizadora, social ambiental, espiritual, fundamental, bélica, …), todas parten de la certeza de la crisis energética inminente. Efectivamente, el futuro inmediato del petróleo es ser cada vez más caro, resultado del cumplimiento inexorable de las teorías de Hubbert. La curva de extracción de un bien finito es convexa, te guste o no. No es Mad Max, es econometría. Costes marginales crecientes una vez superado determinado umbral. Un pico. Y para el petróleo, llámalo peak oil. No es un problema eléctrico. Es de movilidad. Es necesario un nuevo formato energético barato para la movilidad (el 90% del destino del crudo) o nuestro sistema económico soportado en el automóvil (el 17% del PIB mundial; la industria es el 31%) cae. Si no nos salva el shale gas, el futuro a 20 años es muy incierto.

Y más econometría con las ideas derivadas del análisis fundamental de ciclos económicos como proponía Kondratieff en el primer post de la serie: sucesivas olas de desarrollo en función de una disrupción tecnológica, y que eran una tras otras sustituidas por otras innovaciones, y dónde la energía era el elemento motor de las mismas. La siguiente se prevé sobre 2030 ¿qué innovación de desencadenará? ¿qué nueva energía la soportará? La del hidrógeno de Rifkin no parece la más inmediata, barata ni sencilla.  ¿Salidas? ¿Verosimilitud? ¿Posicionamientos?Qué estrategias tomar? Yoichi Kaya con su sencilla identidad nos permite establecer las cuatro estrategias básicas de la supervivencia: reducción de la población, reducción de estándar de vida, mejor rendimiento energético y economía low carbon. Tan fácil de decir como difícil de hacer.

Colapso inevitable asociado a la complejidad creciente de nuestra sociedad, cada vez más hipertrofiada energéticamente, rozando la obesidad. En un mundo donde la brecha ricos-pobres existe también en el terreno de la energía (más de 1.500 millones de personas viven en absoluta pobreza energética sin haber conocido la electricidad todavía, y es posible que lo conozcan nunca), lo cierto es que cada vez somos más adictos a la energía. Visiones del colapso, en el fondo estructurales, como las de Tainter: la creciente complejidad de las organizaciones sociales demanda más energía, y sólo la eficiencia en el uso de la energía nos ha permitido ese desarrollo. Pero eso crea dependencia: una permanente patada hacia adelante para sortear la ineficiencia. Todo ello alineado con los principios universales de la termodinámica: avanzamos de forma natural a estados térmicos más degradados, más simples, de mayor entropía. Ese principio universal también se extrapola a la economía: Georgescu-Roegen muestra como el desarrollo de nuestra sociedad sólo puede hacerse a costa de enormes inyecciones energéticas. Obviar la que los recursos son finitos induce a las teorías económicas al error.

U otras visiones que privilegian la lectura ambiental, como las de Lovelock o Sahtouris que, en el fondo, entienden nuestra existencia como algo secundario frente a la de la Tierra. Para nuestro planera la crisis energética el siglo XXI será poca más que un leve momento de su existencia. Es lo que hay cuando se tienen más de 5.000 millones de años; que todos te parecen jovencitos. Para ellos, asumir nuestro minúsculo rol en la vida y en el universo debe ser el punto de partida para revertir la tendencia (Lovelock) y cooperar (Sahtouris). Gaia existe y tiene mal perder. Serían necesarias actuaciones destinadas a acoplar nuestro modo de vida social y ambiental, como propone Jared Diamond, como dos caras de la misma moneda. Intentar entrelazar ambos conceptos (lucha contra la catástrofe ambiental y crecimiento socioeconómico) es, en el fondo, el objetivo del mundo post Kyoto. Lomborg y Al Gore y sus batallitas son el ejemplo de la dificultad del proceso y del reto que representa la gobernanza global.

Y, en esa línea más social, otras visiones: las que detectan una inercia tal en nuestros hábitos cotidianos que, ante la escasez, cuando llegue la crisis energética, sólo nos quedará… el conflicto: Heinberg lo cree, Kunstler también; John Michael Greer confía en nuestra adaptación progresiva, en que reduciremos nuestras exigencias en un «largo descenso«; pero Duncan ve un nuevo amanuense en el futuro: volveremos a vivir como los Cromagnon si creemos su teoría de Olduvai (el post más leído de este blog: 352 visitas a 18 de septiembre). Independientemente de la gravedad del conflicto social, este parecería irreversible: el mundo ya no será lo que era. O eso, o se trata directamente de un escenario marcado por la geopolítica y sus conflictos, en la más pura tradición del siglo XIX: Michael T. Klare entiende (y, en el fondo, también Friedman) que la supervivencia de los países dependerá del acceso al crudo más que de su precio. Auténtica economía de la escasez. Por tanto, afectación a nuestro sistema económico cuya sangre es tan negra como lo es el crudo que circula por sus venas. Jeff Rubin plantea la hipótesis en que la devastadora crisis económica global actual tiene su raíz en el incremento de costes del crudo de 2008, y esa sí es una megatrend. Hablar de crisis energética es equivalente a hacerlo de crisis económica. Anyway, Jeremy Grantham entiende que hemos de pasar página, despertarnos y avanzar en una nueva dirección pues este modelo ya no es válido. No es un debate moral. Es simple pragmatismo. Un futuro donde el petróleo y sus derivados nunca más serán baratos (lo dicho: si el shale gas no lo evita), y en el que pueden haber tantas amenazas como oportunidades. Quizás las de la «Green Revolution» que propone Thomas L. Friedman. Porque si no lo haces tú, igual otro lo haga.

Estas visiones han dado para veinte post, pero otras muchas se han quedado por ahí: históricas como las de Spengler o Toynbee; tecnológicas como las de Herman Scheer o Michael Sladek, sociales como las de Ehrlich y su bomba demográfica; geopolíticas como la de George Friedman; economicistas y globales como la de Ruppert…. Y muchas más… Diferentes visiones como en Rashomon. Diferentes realidades, como en Rashomon. Todas ciertas y, a la vez, todas falsas. Se acabó la serie sobre el colapso. Chin pom.

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