China, guerra por los recursos y nuevo colonialismo


Cuando uno lee sobre el peak oil, el subconsciente corre el peligro de traducir el concepto y el palabro en la imagen de un futuro mundo caótico a lo Mad Max. Pues no va de eso. Va de incremento de costes marginales. Es sencillo: resultará cada vez más caro acceder al petróleo. Más profundo, menos dulce, con necesidad de mayores bombeos de agua, de refino más caro, etc. Dentro de la cadena de valor del petróleo, a esa parte se la denomina upstream y es la que aporta más valor; esto es así pues incluye la localización, acceso al yacimiento y la tecnología de extracción (y si alguien cree que eso es barato que pregunte a Pemex). En realidad, lo estratégico es el acceso al crudo. Asegurar el suministro es la prioridad y no intentar fijar un precio, algo coyuntural y afectado por muchos elementos incontrolables.

China, con un PIB de 6 trillones de dólares (comparado con los 14 de EEUU y los 16 de la UE según datos de 2010 del CIA World Factbook), consume el 53% del cemento del mundo, el 47% del carbón mundial y el 10% del petróleo global. De hecho, más del 70% de lo que importa China es petróleo. 1.300 millones de personas y un crecimiento a lo bestia, con costes de energía muy bajos (aunque no tan bajos como en Estados Unidos), precisan de unos 8,5 millones de barriles al día. Se espera que consuma un 80% más en 2030. Buf. Hace unos 20 años era autosuficiente. Ahora produce tanto crudo como importa. Desde que en 2003 el crudo empezó su escalada, hasta el spike de 142 US$ del verano de 2008, y hasta los 100 US$ actuales (con esos precios ¿de verdad alguien espera salir de la crisis?) las empresas petroleras chinas han ido tomando posiciones en el tablero mundial. Mientras Europa está a por uvas y los americanos imprimiendo billetes, los chinos han gastado miles de millones de yuans (bueno, en realidad de dólares) tomando posiciones en el upstream. La estrategia de China en el mercado internacional la desarrollan sus empresas petroleras nacionales, básicamente China Petrochemical Corp. (SINOPEC), la enorme China National Petroleum Corp. (CNPC, más conocida como PETROCHINA) y China Offshore Oil Corp. (CNOOC). La toma de posiciones vía acuerdos estratégicos y -sobretodo- compras se ha realizado tanto en la extracción como en la distribución y refino.

A finales de 2010 CNOOC, CNPC y SINOPEC tenían actuaciones en 31 países y posiciones de inversión en unos 20. Algunos ejemplos de la actuación de las empresas chinas:

– En Brasil, SINOPEC ha firmado este año un acuerdo con PETROBRAS por 7.100 millones de dólares para tener una opción en los yacimientos de REPSOL en el país. Antes, en 2009, los chinos ya les dieron un préstamo de 10.000 millones de dólares, contra la garantía de pago del petróleo brasileño (100.000 barriles día).

– En Ecuador, en 2009, China pagó mil millones de dólares por adelantado a la petrolera nacional PETROECUADOR a cuenta de las ventas futuras de petróleo.

– En Perú, en 2004, CNPC compró el 45% de la empresa peruana de capital privado PLUSPETROL  NORTE por 200 millones de dólares. Su producción es superior al 60% del petróleo de Perú.

– En Iran, en 2009, CNPC  firmó un contrato de más de 4.700 millones de dólares  por una opción sobre el campo de South Pars que tenía TOTAL con la National Iranian Oil Company (NIOC); además, ya opera en el campo de Rumaila, con el 15% de las reservas iraníes y en el de South Agadegan.

En Kazakhstan, CNPC ha ido tomando posiciones desde 1997; en 2009 concedió un préstamo de 10.000 millones de dólares (la mitad para el banco nacional) para acceder a la explotación de yacimientos de la energética nacional KazMunaiGaz(KMG).

– En Singapur, en 2009, CNPC compró el 45,5% de la refinería petrolífera SPC. Produce el 12% del petróleo mundial y tiene una posición estratégica en el estrecho de Malacca.

En Canadá, en 2010, SINOPEC compró el 9% de SYNCRUDE CANADA propietaria de un megaproyecto de arenas asfálticas por 4.650 millones de dólares, en un proyecto al 50% con TOTAL.

Con Rusia se ha firmado un acuerdo a través de CNPC por 20 años por 25.000 millones de dólares en (15.000 a ROSNEFT y 10.000 a TRANSNEFT).

Además, mantienen múltiples acuerdos con las principales petroleras occidentales: SINOPEC y CNPC con SHELL en Kirkuk (Iraq); CNPC y BP también en Iraq; CNPC, TOTAL y PETRONAS en Iraq, CNPC y TOTAL en Venezuela, SINOPEC con REPSOL en Brasil, CNOOC con la argentina PAN AMERICAN ENERGY… O sea, en todas partes.

Pero donde estos movimientos han sido especialmente significativos y polémicos ha sido en África: Angola, Argelia, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, Mali, Nigeria, Sudán, Zambia o el Congo son algunos de los países africanos (todos ellos tan ricos en materias primas como en miseria) donde China ha realizado compras. De la pléyade de países, el suministro de crudo a China depende de Angola con el 45%, Sudán con el 18%, Congo con el 14% y Guinea Ecuatorial (sí, la del sinvergüenza de  Teodoro Obiang) con el 9%. Las compras de CNOOC en  Nigeria (45% del campo OML 130 por 2.300 millones de dólares), de CMPC en Libia (comprando la canadiense VERENEX) o la construcción de la primera refinería en el Chad, o la compra de ADDAX por SINOPEC (con posiciones en Nigeria, Gabón, Camerún e Iraq)… son algunas de las operaciones entre las muchas que ha hecho China en África. Aquí puede encontrarse un mapa interactivo donde ver todas las inversiones que los chinos están desarrollando allí. En realidad las compras chinas van más allá del petróleo: es significativo su interés en tierras cultivables.

Muchos consideran que esta actitud es una versión capitalista del colonialismo histórico del siglo XIX y que finalizó en los 60; otros entienden que la situación puede resultar una gran oportunidad para África. Hay una enorme polémica en todo este asunto. En este mismo tema, la AIE tiene un interesante estudio sobre esa creciente actividad china en la toma de posiciones en empresas petroleras everywhere.  Los americanos están muy mosqueados con los acercamientos de los chinos en Irán, Iraq y Sudán (donde China ha bloqueado las sanciones al régimen de Omar al Bachir, otro sinvergüenza) en busca de petróleo. Además de negociar con el «eje del mal«, tiene gracia eso de criticar a China la falta de ética en sus inversiones internacionales. Al margen de la conocida y endémica hipocresía internacional ¿qué narices está haciendo China? lo adelantado: asegurarse reservas probadas, preferiblemente fuera del alcance de los propios países productores (que tienen el 80%), buscando su relevante poder estratégico a medio plazo. Mientras las petroleras europeas (incluidas las rusas) no reponen el crudo que extraen; no hay nuevos yacimientos y no están en el rollo de las compras. Sólo EXXON les sigue a rueda. La guerra por asegurarse los recursos energéticos ha empezado ¿El futuro? Crudo.

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Megaciudades, archipiélagos y metabolismos urbanos

¿Cómo será el planeta del siglo XXI? Sobretodo urbano. Ya hay más personas viviendo en las ciudades que en el medio rural. Esta urbanización galopante es el resultado de la superpoblación mundial (en 2050 se esperan 9.000.000.000 de personas) y de la búsqueda de oportunidades económicas derivadas de la industrialización, ahora ya a nivel global. Es la tendencia que se inició en el siglo XIX con la revolución industrial y que continúa desde entonces. Ciertamente, el boom científico, tecnológico, industrial (en este orden) de la época, la segmentación de la sociedad en burguesía y clase trabajadora (el proletariado) -según la concepción marxista- , el desarrollo del capital, nuevas formas de transporte, el comercio a gran escala… sentaron las bases de la época industrial y, con ella, la urbanización. Y es que la modernidad es eso físicamente: urbanización. En otras palabras, la transformación de una sociedad tradicional, preindustrial y rural en otra moderna, industrial y urbana.

La primera gran urbanización mundial, del XVIII al XIX, ya conllevó problemas; la ciudad victoriana era, básicamente, densa. El crecimiento demográfico, la concentración en la urbe y la inmigración rural determinaron un espacio caótico y desorganizado. La máquina de vapor y la Spinning Jenny no eran elementos de organización del espacio urbano, sino un auténtico pull de personas, del campo a la ciudad, que buscaban una vida mejor. No era tanto un espacio de encuentro como de conflicto: lucha de clases. ¿Podía un mejor urbanismo ayudar a generar, digamos, estabilidad? Harto de la densa ciudad victoriana, Ebenezer Howard publicó en 1902 “Garden cities of To-morrow, probablemente el primer planteamiento de ciudad sostenible. Le importaba un bledo el medio ambiente. En realidad, ese concepto aún no existía: la conciencia ambiental no es moderna sino postmoderna… Howard entendía la ciudad como el puente entre el individualismo capitalista (de la burguesía que accedía a los medios de producción) y el socialismo pujante de los primeros sindicatos en Gran Bretaña (que defendía los intereses del cada vez más numeroso proletariado). Lo dicho, lucha de clases (si la pasta segmenta, se crean clases). Una ciudad que no fuese habitable sería una mayor fuente de conflictos. Howard planteaba un equilibrio entre ciudad y campo: “human society and the beauty of nature are meant to be enjoyed together”. Y ese equilibrio venía de conjuntar los modelos push (de campo a ciudad) y pull (de ciudad a campo). Howard convertía esos motores en imanes con la idea «where they will go?«. Los dos imanes town y country se juntaban en uno único: el “town-country magnet”. En el famoso «three-magnets diagram» se establecía el concepto de la «ciudad-jardín»: una propuesta virtuosa que se intentó implementar en algun poblacho sin mucho éxito. En eso se quedó.

Empezaba el siglo del desarrollismo urbanista OCDE, interrumpido por las dos guerras mundiales. En ese escenario el urbanismo buscaba orientar, dirigir, plantear y proponer especios en esa expansión de la ciudad, derivada del crecimiento demográfico resultado de mejores condiciones de vida (vacunas e higiene) y confort (energía masiva y barata; ya sabemos de qué va eso). Ese progresivo crecimiento urbano era inabarcable: cada pocos años hacían falta nuevos términos para explicar qué era la ciudad: las grandes ciudades pasaron a metrópolis, luego a megalópolis, éstas al crecer regiones urbanas hasta ser conurbaciones, buf… Y la organización urbanistica de la ciudad se planificaba mediante zonificación, buscando huir de la densa ciudad victoriana (auténticas ciudades-carbón). La idea era segregar físicamente industria y viviendas (como los ensanches en España de principio de siglo) en zonas (de ahí el nombre de zoning). Pero los modelos desarrollistas de ciudad, al final, eran incapaces de evitar la segregación de usos y personas en la ciudad, y se zonificaba según actividad y renta (barrios ricos, pobres, ciudades dormitorio, etc.). Y lo peor, obviaban su coste energético (total, era casi gratis). Lo absurdo era que el coste del suelo fuese superior a los costes energéticos a medio plazo, pero funcionaba.

Pero en los 70 llegó el patapám: la crisis del petróleo de octubre de 1973 obligó a repensarlo todo. Siempre es lo mismo en el colapso: como nos recuerda Rubin, el modelo se ha construido sobre energía de suministro seguro y precio bajo; cuando alguno de los elementos del modelo cae (sube el precio, crisis geopolítica…), pues cae todo. Así que el urbanismo difuso derivado del desarrollismo de la postguerra, segregado del downtown, ya no era eficiente ante los elevados costes del combustible. Como ejemplo más claro, el del  urbanismo sprawl americano (los barrios residenciales suburbanos del automóvil) fundamentado en una movilidad barata. Demasiada dispersión. Carísima. No sirve. En un escenario de costes energéticos crecientes ¿qué retos presenta el urbanismo? la solución más inmediata es obvia: optar por la contracción y concentración obligada por el alto coste de la movilidad privada, con elevado coste social. Como dice Zygmunt Bauman, la ciudad es el espacio de los extraños: «socialmente distantes aunque físicamente cercanos. Forasteros dentro de nuestro alcance físico. Vecinos fuera del alcance social«. Pero es que ciudad es hoy PIB. Ese fenómeno de crecimiento de las grandes ciudades (lo que se llama concentración expandida) puede derivar en el paisaje global que Richard Florida denomina «archipiélagos urbanos»: contadas megalópolis hiperconcentradas (como Sao Paulo, Bombai, Tokyo o Mexico DF) con millones de habitantes rodeadas por… nada (en términos relevantes de PIB, se entiende).

Richard Rogers en 1995 fue el primer arquitecto en dar unas charlas en la BBC Radio 4 (las prestigiosas Reith Lectures). El tema: «Sustainable city«. Toma ya. Esas charlas se recogieron más tarde en el libro “Ciudades para un planeta pequeño”. Rogers tiene unas ideas diferentes que, aparentemente, parten de una reflexión de ciudad. Rogers propone asimilar las urbes a metabolismos orgánicos: las ciudades vendrían a resultar un black box con entrada de materias primas (inputs) y salidas de residuos (outputs). O sea como un organismo vivo. Distingue dos grandes tipos de metabolismo: el lineal, que consume y genera residuos en grandes proporciones, y el circular donde se minora el consumo de nuevas materias primas y se maximiza el reciclado de residuos: el flujo de materia es circular y se reaprovecha el residuo. Para avanzar en esa circularidad, proponía adaptar las urbes a modelos de ciudad compacta (cohesionada socialmente, de trama urbana compacta, cercanía de servicios, producción local de energía, reciclaje) como las mediterráneas, contrapuestas con la ciudad difusa como la típica norteamericana (de uso masivo del vehículo, exigencia de suelo, impermeabilidad social, pérdida de la unidad, externalización de impactos energéticos).  En ese modelo el uso eficiente de las materias primas en general, buscando el máximo reciclado, es el elemento clave.

Otro modelo existe, por tanto. Mejorado y memorable: integración de infraestructuras energéticas y de servicios, creación de espacio público, integración del verde, movilidad inteligente,  construcción low carbon, autoproducción energética, reciclado,espacios para la relación. Entender y recuperar el modelo de Howard que, en el fondo, buscaba dar respuesta a las grandes migraciones. PIB pero sin perder la habitabilidad. Organismos… sí, pero habitables. El urbanismo como reductor de conflictos. Luego resulta difícil de implementar: precios del suelo, arquitectos divos, urbanistas de medio pelo, promotores voraces, predominio de la estética, reduccionismo a zonas verdes… Muchas tentaciones (incluso el mismo Rogers y su chapuza de Valladolid). No es un decálogo. El papel de la arquitectura es clave no sólo para la recuperación de la habitabilidad urbana, sino para la propia sostenibilidad del modelo, y no sólo energético sino principalmente social. Dice Rogers: «ciudades bellas, seguras y equitativas«. Igual basta con las dos últimas. Las actuaciones de sostenibilidad en el urbanismo no pueden ser acupuntura. Y lo parecen.

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Teorías del colapso energético (XX y Epílogo): jugando en Rashomon

Es media tarde. Llueve. Sentados frente a la puerta de lo que fue el derruido templo de Rashomon se resguardan de la lluvia un sacerdote y un leñador. «No lo entiendo: de verás, no lo entiendo«. Cada vez llueve más. Corriendo y totalmente empapado llega una tercera persona que también busca cobijo. Mientras escurre el agua de su gorro escucha al leñador, que repite una y otra vez «No lo entiendo…«. «¿Qué no entiendes?» pregunta el recién llegado. «Nunca oí una historia tan extraña» dice el leñador, con la mirada perdida. «Es verdad» dice el sacerdote, apesadumbrado. «Así que tú también sabes sobre esa historia tan extraña» dice el recién llegado.

Así empieza «Rashomon«, la película en la que Akira Kurosawa cuenta la terrible historia de lo que pasó en el bosque. Un hombre ha sido asesinado y una mujer violada. ¿Qué ocurrió? Y ahí se narra la historia por sus protagonistas y testigos: cada uno da su visión, cierta o no, interesada o no, resentida o no, cobarde o no. Todas son ciertas y todas son falsas. ¿Existe la cierta? ¿La real? ¿más allá de la certeza de la muerte del hombre y de la violación? ¿Existe la verdad? Es mejor ver la película: aunque al blockbuster medio no le guste el blanco y negro, los japonés, los años 50 y los subtítulos, vale la pena.

Pues esta serie de veinte posts (contando a este) también han sido una especie de  Rashomon con diferentes visiones sobre esa otra historia tan extraña: una crisis energética global que parece se otea en lontananza. Y es que aunque cada una visión de las presentadas muestra un punto de vista diferente (geopolítica, globalizadora, social ambiental, espiritual, fundamental, bélica, …), todas parten de la certeza de la crisis energética inminente. Efectivamente, el futuro inmediato del petróleo es ser cada vez más caro, resultado del cumplimiento inexorable de las teorías de Hubbert. La curva de extracción de un bien finito es convexa, te guste o no. No es Mad Max, es econometría. Costes marginales crecientes una vez superado determinado umbral. Un pico. Y para el petróleo, llámalo peak oil. No es un problema eléctrico. Es de movilidad. Es necesario un nuevo formato energético barato para la movilidad (el 90% del destino del crudo) o nuestro sistema económico soportado en el automóvil (el 17% del PIB mundial; la industria es el 31%) cae. Si no nos salva el shale gas, el futuro a 20 años es muy incierto.

Y más econometría con las ideas derivadas del análisis fundamental de ciclos económicos como proponía Kondratieff en el primer post de la serie: sucesivas olas de desarrollo en función de una disrupción tecnológica, y que eran una tras otras sustituidas por otras innovaciones, y dónde la energía era el elemento motor de las mismas. La siguiente se prevé sobre 2030 ¿qué innovación de desencadenará? ¿qué nueva energía la soportará? La del hidrógeno de Rifkin no parece la más inmediata, barata ni sencilla.  ¿Salidas? ¿Verosimilitud? ¿Posicionamientos?Qué estrategias tomar? Yoichi Kaya con su sencilla identidad nos permite establecer las cuatro estrategias básicas de la supervivencia: reducción de la población, reducción de estándar de vida, mejor rendimiento energético y economía low carbon. Tan fácil de decir como difícil de hacer.

Colapso inevitable asociado a la complejidad creciente de nuestra sociedad, cada vez más hipertrofiada energéticamente, rozando la obesidad. En un mundo donde la brecha ricos-pobres existe también en el terreno de la energía (más de 1.500 millones de personas viven en absoluta pobreza energética sin haber conocido la electricidad todavía, y es posible que lo conozcan nunca), lo cierto es que cada vez somos más adictos a la energía. Visiones del colapso, en el fondo estructurales, como las de Tainter: la creciente complejidad de las organizaciones sociales demanda más energía, y sólo la eficiencia en el uso de la energía nos ha permitido ese desarrollo. Pero eso crea dependencia: una permanente patada hacia adelante para sortear la ineficiencia. Todo ello alineado con los principios universales de la termodinámica: avanzamos de forma natural a estados térmicos más degradados, más simples, de mayor entropía. Ese principio universal también se extrapola a la economía: Georgescu-Roegen muestra como el desarrollo de nuestra sociedad sólo puede hacerse a costa de enormes inyecciones energéticas. Obviar la que los recursos son finitos induce a las teorías económicas al error.

U otras visiones que privilegian la lectura ambiental, como las de Lovelock o Sahtouris que, en el fondo, entienden nuestra existencia como algo secundario frente a la de la Tierra. Para nuestro planera la crisis energética el siglo XXI será poca más que un leve momento de su existencia. Es lo que hay cuando se tienen más de 5.000 millones de años; que todos te parecen jovencitos. Para ellos, asumir nuestro minúsculo rol en la vida y en el universo debe ser el punto de partida para revertir la tendencia (Lovelock) y cooperar (Sahtouris). Gaia existe y tiene mal perder. Serían necesarias actuaciones destinadas a acoplar nuestro modo de vida social y ambiental, como propone Jared Diamond, como dos caras de la misma moneda. Intentar entrelazar ambos conceptos (lucha contra la catástrofe ambiental y crecimiento socioeconómico) es, en el fondo, el objetivo del mundo post Kyoto. Lomborg y Al Gore y sus batallitas son el ejemplo de la dificultad del proceso y del reto que representa la gobernanza global.

Y, en esa línea más social, otras visiones: las que detectan una inercia tal en nuestros hábitos cotidianos que, ante la escasez, cuando llegue la crisis energética, sólo nos quedará… el conflicto: Heinberg lo cree, Kunstler también; John Michael Greer confía en nuestra adaptación progresiva, en que reduciremos nuestras exigencias en un «largo descenso«; pero Duncan ve un nuevo amanuense en el futuro: volveremos a vivir como los Cromagnon si creemos su teoría de Olduvai (el post más leído de este blog: 352 visitas a 18 de septiembre). Independientemente de la gravedad del conflicto social, este parecería irreversible: el mundo ya no será lo que era. O eso, o se trata directamente de un escenario marcado por la geopolítica y sus conflictos, en la más pura tradición del siglo XIX: Michael T. Klare entiende (y, en el fondo, también Friedman) que la supervivencia de los países dependerá del acceso al crudo más que de su precio. Auténtica economía de la escasez. Por tanto, afectación a nuestro sistema económico cuya sangre es tan negra como lo es el crudo que circula por sus venas. Jeff Rubin plantea la hipótesis en que la devastadora crisis económica global actual tiene su raíz en el incremento de costes del crudo de 2008, y esa sí es una megatrend. Hablar de crisis energética es equivalente a hacerlo de crisis económica. Anyway, Jeremy Grantham entiende que hemos de pasar página, despertarnos y avanzar en una nueva dirección pues este modelo ya no es válido. No es un debate moral. Es simple pragmatismo. Un futuro donde el petróleo y sus derivados nunca más serán baratos (lo dicho: si el shale gas no lo evita), y en el que pueden haber tantas amenazas como oportunidades. Quizás las de la «Green Revolution» que propone Thomas L. Friedman. Porque si no lo haces tú, igual otro lo haga.

Estas visiones han dado para veinte post, pero otras muchas se han quedado por ahí: históricas como las de Spengler o Toynbee; tecnológicas como las de Herman Scheer o Michael Sladek, sociales como las de Ehrlich y su bomba demográfica; geopolíticas como la de George Friedman; economicistas y globales como la de Ruppert…. Y muchas más… Diferentes visiones como en Rashomon. Diferentes realidades, como en Rashomon. Todas ciertas y, a la vez, todas falsas. Se acabó la serie sobre el colapso. Chin pom.

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Teorías del colapso energético (XIX): la Revolución Verde de Thomas L. Friedman

Confieso que a Thomas L. Friedman le descubrí tarde. Muy tarde. En 2006, en unas clases de ESADE y después que me recomendasen un libro de título tonto: «La Tierra es plana: breve historia del mundo globalizado del siglo XXI«. El librito ha vendido más de 4 millones de ejemplares en 37 idiomas desde su publicación en 2005. Tremendo. Este Friedman (hay otro Friedman -George- que escribe sobre geopolítica y globalización, y que también tiene su puntito) es un periodista y escritor de prestigio internacional, que ha ganado hasta tres veces el Pulitzer. Escribe en The New York Times y tiene un blog con apariciones casi tan anárquicas como las mías en este (salvando las distancias, claro).

La visión sintética que Friedman sobre la globalización resulta brillante. Ya la insinuaba en 1999, en el anterior «The Lexus and the olive tree«. Ese libro se centraba en el conflicto que planteaba la globalización: la colisión entre prosperidad y desarrollo (el Lexus) por un lado, y tradición e identidad (el olivar) por otro. Las diferentes fuerzas que confluían en un nuevo sistema organizativo internacional (la globalización) obligaban a  otra visión para comprender y sobrevivir en el nuevo entorno: «if you can’t see the world, and you can’t see the interactions that are shaping the world, you surely cannot strategize about the world«.  Incorporaba la -comentadísima- teoría de que dos países con un McDonald’s no se declaraban nunca la guerra. La demostración era inductiva (si vale para éste, y para este otro y luego para uno al azar, pues vale para todos). Así, a bote pronto, parecía funcionar: sólo el conflicto entre Rusia y Georgia de 2008 no habría cumplido la teoría, valida para los 123 países con McDonald’s de 196 (pero para que sea una regla debe haber una excepción ¿no?). ¿La explicación? Podemos pensar que el libre mercado sustituye los conflictos armados por comerciales; también podemos pensar que igual las multinacionales mandan más que los gobiernos. Whatever, mientras la gente no se mate. El tipo llamó a ese corolario la «Teoria de prevención de conflictos de los arcos dorados«, por el logotipo en forma de culo invertido de McDonald’s. Un guasón, vaya.

«La Tierra es plana:…» propone entender la globalización como un proceso continuo, que habría pasado por diferentes etapas evolutivas. La primera se habría iniciado en 1492, con el descubrimiento de América (la «Globalización 1.0«): los agentes globales eran los imperios; los estados-nación europeos consolidados que, tras la Paz de Westfalia, competirían entre ellos por la fuerza. En 1.800 se habría abierto una segunda etapa: ahora los agentes globales serían las empresas; la era de la industrialización estableció nuevos mecanismos de competencia, donde las multinacionales pasaban a desempeñar el rol de agente global. Esta «Globalización 2.0» habría finalizado en el año 2000. Ahora los agentes globales serían los individuos, pues los nuevos mecanismos de competencia a escala global son las TIC y facilitan ese empowerment. Esta conectividad, esta inmediatez mediática, este 24/7, esta deslocalización de la información habría eliminado las barreras del mundo: lo habría aplanado. En esta «Globalización 3.0» los mediocres no tienen sitio, se va más rápido y todo es subcontratable y externalizable.

La globalización, según Friedman, se fundamentaría en diez «aplanadores» (flatteners):  (1) la caída del muro de Berlín en 1989: con él cayeron los bloques y se generó un único espacio económico de mercado; (2) Netscape: aquel navegador -casi extinguido- que se hizo público y gratuito en 1995 y que hizo Internet accesible a todos; (3) Software work flow: lenguajes y protocolos de programación (HTML, SMTP…) que permiten trabajar de forma fluida y comunicar de forma sencilla personas con máquinas; (4) Uploading: es posible trabajar online y de forma cooperativa en proyectos: software libre, blogs, Wikipedia…; (5) Outsourcing: Si lo puedes digitalizar, te lo puedes sacar y que te lo haga un tercero experto y más barato; (6) Offshoring: o sea deslocalizaciones empresariales, la mayoría manufactureras ¿dudas? miren a China; (7) Supply Chaining: desarrollo de las cadenas de suministros basada en la colaboración horizontal entre proveedores-minoristas-clientes; (8): In-sourcing: integración en el negocio de subcontratistas para el desarrollo de actividades que eran internas; (9) In-forming: acceso libre y sencillo a la información, buscadores de red como Google, Yahoo, Altavista (¿alguien se acuerda?) y (10) los esteroides (este tío es un guasón): el USB,  wireless,  VoIP, Skype… elementos para la movilidad total («anywhere, anytime, anyone«) que habrían acelerado el proceso, multiplicando los efectos de los otros flatteners.

La confluencia en el terreno de juego global de estos flatteners (la llama «Convergencia I») junto con la participación de empresas y particulares, con nuevos hábitos y habilidades que los hacen más productivos («Convergencia II«) así como la dimensión global: millones de personas en todos los países y desde su casa («Convergencia III»), habrían originado lo que el llama «Triple Convergencia«: «here’s the truth that no one wanted to tell you: The world has been flattened. As a result of the triple convergence, global collaboration and competition-between individuals and individuals, companies and individuals, companies and companies, and companies and customers- have been made cheaper, easier, more friction-free, and more productive for more people from more corners of the earth than at any time in the history of the world«. Lo dicho, un análisis brillante.

¿Y de la energía? habla poco. Si bien la explicación de Friedman tiene una marcada base tecnológica, lo cierto es que su enfoque sobre la globalización es básicamente económico. Sin embargo, en el terreno energético no habrían tantos aplanadores: «If millions of people from India, China, Latin America, and the former Soviet Empire who were living largely outside the flat world all start to walk onto the flat world playing field at once-and all come with their own dream of owning a car, a house, a refrigerator, a microwave, and a toaster-we are going to experience either a serious energy shortage or, worse, wars over energy that would have a profoundly unflattening effect on the world» o sea, más bien al revés. En otras palabras, en energía sigue mandando la geopolítica: asegurarse las fuentes de suministro energético es un juego en un terreno político no plano.

En su última visión del planeta Friedman reflexiona sobre lo que considera los tres principales problemas a los que nos enfrentamos en el siglo XXI: el cambio climático (caliente), la globalización (plana) y la sobrepoblación (abarrotada). Y así titula su libro de 2009: «Caliente, plana y abarrotada: por qué el mundo necesita una revolución verde«. El escenario ya lo conocemos: la competencia en el espacio económico crece, y esta depende básicamente de asegurar el acceso a energía barata. El mundo es hoy un enorme marketplace tentado por el modelo del hiperconsumismo americano. La incorporación masiva de las nuevas clases medias chinas o indias, o de otros países emergentes, deseosas de acceder a ese modelo energético obeso obligan a luchar por los recursos energéticos. Se tensionan los precios, se condiciona la política internacional, no se estimulan las reformas democráticas o la modernización económica en los países productores de petróleo o gas (la mayoría sin tradición democrática, que Friedman denomina petrodictatorship), se refuerzan las dictaduras y, de forma indirecta, se fomenta el terrorismo de nuevos agentes no estatales con capacidad global no adscritos a países (como la piratería o Al-Qaeda). La sobrepoblación mundial acelera el proceso de demanda energética, y el uso masivo de combustibles fósiles redunda en el aumento del calentamiento global, contribuyendo al cambio climático. Colapso global.

¿Solución? Friedman siempre ha sido un optimista. Quizá demasiado. Su propuesta es una plan que denomina «Revolución verde», y que se fundamenta en un cambio de valores inicial complementado con una serie de medidas gubernamentales diseñadas para promover el desarrollo económico y social responsable desde el punto de vista energético fundamentado en una innovación tecnológica (el Code Green). El conocido trade off entre energía y medio ambiente se convierte en «una serie de grandes oportunidades disfrazadas como problemas irresolubles”. El momento actual -dice Friedman- sería perfecto para este cambio de modelo: un nuevo capitalismo, más limpio, más eficiente y más justo. Algunos autores lo llaman ecocapitalismoeconomía ecosocial de mercado  (no sé que nombre es más feo de los dos), aunque ese término no saldrá posiblemente nunca de la boca o lápiz de un Real American. Pero Friedman va un poquito más allá: señala a Norteamérica como el problema y la solución (el título original es «Hot, Flat, and Crowded: Why We Need a Green Revolution–and How It Can Renew America«; en castellano se han dejado el final…). Si el modelo energético obeso y demodé del siglo XX, como el americano, nos ha llevado a esta situación -dice Friedman- sólo el liderazgo yankee nos puede sacar de él: «Not only is American leadership the key to the healing of the earth; it is also our best strategy for the renewal of America«. Y si no lo resolvemos nosotros, lo padecerán los siguientes. Sean americanos o no. ¡A trabajar!

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Teorías del colapso energético (XVIII): la Era Caliente de Elisabet Sahtouris

¿Qué se entiende por catástrofe ambiental? Mmmmmmm. El término «catástrofe» incorpora casi siempre una componente de irreversibilidad, que a veces resulta ajustada y otras no. Cuando lo juntas con «ambiental» el efecto acostumbra a ser demoledor: la imagen en tu cabeza se asemejará con mucha probabilidad la de un mundo árido, caníbal y oscuro (en todos los sentidos), como el del invierno post-nuclear irreparable y sin futuro que nos pintaba Cormac McCarthy en «The Road» más que a otra cosa. De dar miedo vaya. Y los post de esta serie tampoco resultan demasiado optimistas…

Pero es posible encontrar a una persona que aún muestra una cara optimista frente a esa   catástrofe ambiental ¿inminente?. Es mujer (por fin), griego-americana, bióloga y vive en Deià (Mallorca) buena parte del año. Se llama Elisabet Sahtouris. Titula sus briefing como «Crisis is Opportunity«. Más claro el agua. Sin menoscabo de ello, para Elisabet acabamos de entrar en la Era Caliente (Hot Age). Pero eso es algo tan irremediable como natural. El antropoceno y el cambio climático se tratarían, sólo, de un paso más en la evolución de la Tierra. No se trata de una simple roca que flota por el espacio, sino que (como en la hipótesis Gaia) es un ser viviente que se adapta a su realidad y -lo más importante- evoluciona con los cambios: «planetary life has evolved the most active and complex systems«. La Dra. Sahtouris desarrolla estas ideas en «Earthdance: living systems in evolution«, publicado en el 2000; de hecho, va un pelín más allá. En el libro (con prólogo de James Lovelock, obviously) busca desarrollar ideas sobre cómo evitar la segura catástrofe: integrando a naturaleza, vida y Tierra. En realidad, Sahtouris lo definía como un libro de filosofía en el sentido clásico de búsqueda de la sabiduría. Caray.

La biología ha evolucionado mucho desde Charles Darwin, probablemente el tipo que tuvo la idea más brillante de la historia de la humanidad. Darwin descubrió el mecanismo de la evolución: la selección natural. En pocas palabras, la transformación de las especies se origina a partir de la supervivencia de las mejor adaptadas al medio. Pero Darwin no vivió la época de la genética. Su libro»On the Origin of Species» fue publicado en 1859; Darwin murió en 1882 y aunque los trabajos de Mendel (el monje de los guisantes que martirizó parte de mi EGB) se publicaron antes, en 1865 (con el bonito título de «Versuche über Pflanzenhybriden«), en realidad nadie entendió nada hasta inicios del siglo XX, cuando se empezó a desarrollar lo que hoy entendemos por genética. ¿Cuál es cambio conceptual respecto de Darwin? No basta con adaptarse al medio, sino que es necesario conseguir reproducirse y transmitir sus genes a la siguiente generación. A esos principios se engloban en las «Teorías Sintéticas de la Evolución«, y conjugan e integran genética y selección natural. También se les llama post-Darwinismo: si los genes controlan las moléculas y estas forman organismos, la evolución de estos lo es junto con sus genes, moléculas y caracteres. Luego a competir, adaptarse y sobrevivir.

Pero se ha dado un pasito más. Sahtouris entiende que la competencia de las especies sólo lo sería en una primera fase y a corto plazo. En una segunda etapa, los seres vivos pasarían a entender el valor de la cooperación frente a los peligros comunes. Como ejemplo, Sahtouris presenta la creación de la célula eucariota (la primera con material genético) a partir de las bacterias (células procariotas sin núcleo). La biología entiende que el paso de células procariotas a eucariotas fue el gran salto cualitativo en cuanto a complejidad en la vida: sin este paso, la vida sería poco más que la reunión de bacterias. Los cuatro reinos animales (bacterias, hongos, animales y vegetales) provenimos de esa división. Tras esa etapa, vino la unión de las células eucariotas en seres pluricelulares (el cuerpo humano tiene billones de esas células). Estos principios organizativos presentados por Sahtouris entroncan con la simbiogénesis: teoría que entiende que la evolución va asociada también a la simbiosis entre organismos, y propuesta (con mucho esfuerzo) por Lynn Margulis en los años 70. Sathouris propone replicar este esquema asociativo tan elemental, y entiende que la colaboración entre las personas (que no dejarían de ser  “células” integrantes de un ser más complejo aún como sería la Tierra) es la clave para su supervivencia en la Era Caliente del cambio climático. Nos propone pensar en el ADN -la macromolécula que transporta la información genética de todos lo seres vivos- como el equivalente de una Web de intercambio de información creada por las bacterias en su momento. Internet y las TIC serían hoy nuestras herramientas para articular la colaboración frente a los retos del cambio climático. Todo ello sin olvidar que, si no colaboramos y arreglamos el problema, el macroorganismo terráqueo actuará eliminando a sus toxinas, o sea nosotros. Optimista a tope, Sahtouris sigue viendo caminos: «We can accept climate changes as amazing opportunities for pioneering sustainable living-systems, from the food-secure greening of deserts into drought-proof ecosystems to the building of truly green cities based on alternatives to oil. We can see them as opportunities for creating new living economies measured by quality of life, sophisticated materials and energy revolutions, distributed-network global governance, and conscious cosmic evolution«.

En otros escritos Sahtouris extrapola sus ideas sobre cooperación y asociacionismo a otros campos, como el de los negocios. «We are capable of regaining our reverence for life, of replacing the drive to conquer with the will to cooperate, of remaking our engineered institutions, including our corporations, into living systems«. Y como Georgescu-Roegen en la economía, Sahtouris entiende que en el campo de la biología es preciso recordar (muy a su pesar) que también la entropía limita la evolución: tras el big bang se inicio el proceso irreversible de degradación entrópica hasta el colapso final del universo. Sin embargo, llegados ahí, da un pasito más, y propone una observación del universo más espiritual y armónica (¡¡¡los pragmáticos que dejen de leer aquí!!!). Estas visiones de la realidad («the official entropic universe«), no son mejores («a less satisfying conceptualization«) que las del Taoísmo, las Vedas previas al hinduismo o el modelo del Kotodama sobre la conciencia cósmica, donde la vibración del cuerpo hace eco con la vibración del universo. Todas estas visiones planteaban el aspecto místico de la realidad, la naturaleza de Dios y la relación entre el alma y la materia. Sahtouris está convencida de ello. Yo me quedo más con la pinza de la evolución y la entropía, qué le vamos a hacer; pero yo a una señora nunca le llevo la contraria. Ni en la mística.

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