Zapatillas con nombre o porqué se van las empresas (y no es para contaminar)

Después de pasar las Navidades de 2001 en casa, Jonah volvió a sus clases en el MIT. De vuelta al Media Lab, sus coleguis le comentaron la última moda: el NikeID. El fabricante deportivo Nike permitía (y aún permite) personalizar sus zapatillas con una combinación de colores a elección del comprador. Incluso podías añadir una serie de letras -un ID- en el costado. “Build your own shoe” dice. Así que Jonah entró en el website de Nike y escogió el modelo ZOOM XC USA, unos zapatos de Running. Seleccionó los colores que más le gustaron, tecleó el ID elegido de nueve letras, pagó los 50$ que costaban y pulsó la tecla “Submit”. La orden de compra #o16468000 había sido registrada. En breve, el Sr. Jonah Peretti recibiría en su casa sus flamantes zapatillas personalizadas. Tras pocos días, recibió un mail de Nike. Las primeras palabras le sorprendieron: “Your NIKE iD order was cancelled”. Según el mail, se debía al ID escogido y le daban una serie de razones posibles por las que el pedido no se habría gestionado: (1) el ID elegido estaba protegido por la propiedad intelectual: “Mmm. Pues no”. (2) contenía el nombre de un atleta o un equipo: “Tampoco”. (3) no había ID: “¡Imposible!” exclamó Jonah. O (4) el ID era una palabrota: “¿Palabrota?” pensó Jonah; “What????”.

Jonah Peretti había elegido la palabra “sweatshop” como ID. Ese el término que los anglosajones utilizan para designar a las fábricas donde se explota a la gente. Caray con Jonah… ¿Sentido del humor? ¿Una apuesta? ¿Conciencia social? El sistema de gestión informática del NikeID en 2001 contenía filtros a varias entradas. Las palabras que no admitía eran del estilo de “Child labour”, Sweat shop” o “Exploit”. Y le pillaron. Tras el correo de rechazo, Jonah empezó un intercambio de mails con Nike para convencerles de utilizar su palabra. Tras una serie de e-mails sin desperdicio, desistió de disuadir a Nike y, en su lugar, les pidió una foto de la “niña vietnamita de 10 años que hace mis zapatillas» nada más y nada menos. Genio y figura. Al final se quedó sin sus ZOOM XC USA: tras la última gracia, Nike no le respondió más. Hoy todavía muchos asocian a Nike (y a otras muchas multinacionales) con explotación y trabajo infantil. Jonah también.

Y es que en 2001 aún permanecía el tufillo que, en los 90, envolvió a Nike por el asunto de la fabricación de sus balones de fútbol. Nike subcontrataba la fabricación a una empresa externa pakistaní. Muy bien. El problema era que ésta, a su vez, subcontrataba a varios fabricantes locales que tenían niños pequeños –hasta de 6 años- cosiendo los balones por unos 60 centavos de dólar al día. La historia tuvo gran repercusión mundial cuando el reputado reportero Sydney Schanberg  -conocido por sus reportajes sobre el genocidio camboyano que inspiraron la película «The Kiling Fields» (aquí se tituló «Los Gritos del Silencio»)- publicó en junio de 1996 un artículo en LIFE Magazine de inequívoco título: “Six cents an hour”. A Nike le cayeron palos de todos los lados. Al poco, dio un vuelco a su política de contratación y de Responsabilidad Social Corporativa. En la memoria de 2001 el CEO y fundador de Nike en 1965, Philip K.  Night, escribía “our biggest mistake was in Pakistan, where we blew it”. Que la cagamos, vaya.

El offshoring, o el externalizar trabajos fuera del país, es una práctica empresarial muy habitual (que mueve unos 110.000 millones de dólares al año). Lo que Nike hizo en Pakistán se denomina «arm’s lenght«; y lo del sweatshop es el caso extremo. Algunos economistas relevantes (y no precisamente neoliberales) como Jeffrey Sachs («My concern is not that there are too many sweatshops but that there are too few«) o Paul Krugman («Bad jobs at bad wages are better than no jobs at all«) creen que los sweatshop son mejores que nada. Que son el primer paso de una industrialización progresiva. Que resultan más útiles que los programas de ayuda internacional. Es obvio que no hablan de esclavitud ni de trabajo infantil (eso no tiene justificación). Pero, lamentablemente, son todavía una alternativa mejor a lo que hay para los locales: los trabajadores acuden  voluntariamente a éstos (de no ser así serían, simplemente, esclavos). Lo cierto es que los primeros países del sweatshop, que se han industrializado y aumentado renta (como Corea del Sur o Taiwan), ya no los tienen. Es decir, son más bien un síntoma de la pobreza que una consecuencia de la pobreza. Pocos activistas anti-sweatshop piden el cierre de las maquilas (entienden que algo positivo se deriva de ella). Lo que piden es que se mejoren las condiciones sanitarias y de trabajo. Y ahí es donde Nike (y el resto que lo practica) patinaron al no controlar sus subcontratas.

¿Por qué hay sweatshop o, en general, offshoring? Básicamente por costes laborales. Lo cierto es que está muy arraigado el mito de que se deslocaliza o externaliza la fabricación en el extranjero para contaminar allí. Pues no. La misma Comisión Europea recuerda que no hay evidencia de que la política medioambiental tenga un efecto substancial sobre la competitividad, ni que fomente la deslocalización, ni por tanto el desempleo (aquí el informe). De hecho, aumentan la competitividad a largo plazo. Lo cierto es que activistas ambientales como Vandana Shiva plantean los riesgos de lo que denominan «Apartheid ambiental». En otras palabras, la amenaza de deslocalizar las fábricas del Norte industrial rico, al Sur agrícola pobre, trasladando con ello la contaminación. Pues tampoco. Si bien es cierto que las industrias altamente contaminantes tienen un incentivo para instalarse en países de coste menor, eso sólo ocurre en los casos en que no precisen de mano de obra cualificada. Porque ese el principal incentivo del sweatshop: mano de obra muy barata, de reducida cualificación y en países de regulación laboral más permisiva.

Actividades muy industriales y contaminantes (como la petroquímica) no recurren el sweatshop: es demasiado arriesgado tener un proceso complejo con personal mínimo y poco cualificado (es lo que se aprendió en la catástrofe de Bhopal). La realidad (aquí el famoso y citado paper de Jaffe al respecto) es que las empresas industriales internalizan las políticas ambientales variando sus procesos: se trabaja diferente, contaminando menos, y no sólo reduciendo sólo la contaminación al final del proceso con depuradoras o filtros. Por tanto, la gestión ambiental en la industria se gestiona con… talento. Por ello la decisión de deslocalizar se fundamenta, en casi la totalidad de los casos, en los menores costes laborales. De hecho, los costes ambientales son menos del 2% del coste del producto final y son bastante similares en toda la OCDE (según la Comisión Europea).

El reto de la competitividad consiste en equilibrar la calidad del producto final con los costes de producción. Mejor a igual coste, o más barato a igual calidad. Tanto monta. Hacer más con menos. Y eso obliga a disponer de mejores tecnologías, pero sobretodo de mejor capital humano: mejor formado y más eficiente. Ese es el principal reto de España en esta crisis global que amenaza con tener al país 10 años con crecimientos menores que el 1% y sin creación de empleo neto hasta 2015 (y eso con mucha suerte). Cierto. España ha ido aumentando sus costes de producción progresivamente, pero sin mejorar la calidad de sus productos (está en el puesto 42º del Mundo de 133 según el WEF). Que las empresas no se vayan dependerá en buena parte de eso. ¿Y a dónde se irán? Cuidado: los costes laborales en Europa son un 30-60% superiores a los de… ¡Estados Unidos!. Voy a ver si me dejan escribir «Competitivity» en unas Nike.

Publicado en Medio Ambiente | Etiquetado , , , | 3 comentarios

Solyndra, o cuando lo que separa éxito y fracaso es tan fino como una célula fotovoltaica

Es mayo de 2009. Barack Obama visita la fábrica de Solyndra en Fremont, California. Arnold Schwarzenegger se sienta en primera fila. Allí les dice a sus trabajadores, entre vítores y flashes de smartphones: “The true engine of economic growth will always be companies like Solyndra”. Joe Biden, el vicepresidente, sale en un vídeo diciendo que en Solyndra se crean “the jobs of the future”. ¿Ejemplo de la economía sostenible? Solyndra. Aplausos. ¿Futuro? Solyndra. Fundada en 2005 –durante el segundo mandato de George W. Bush-, cuando los Estados Unidos promulgan la «Energy Policy Act» vislumbrando las grandes oportunidades del sector CleanTech. El principal producto de Solyndra son unas células fotovoltaicas cilíndricas de capa fina, especialmente pensadas para instalarse en cubiertas por su especial diseño. Además, el uso de una innovadora combinación de materiales semiconductores a base de cobre, indio, galio y selenio (abreviadamente, CIGS) permite un menor coste de fabricación y mayor rendimiento que las comunes células solares fabricadas con silicio. Se van a comer el mundo.

Telegráficamente: Solyndra empieza a vender células en 2006. Chris Gronet, su CEO, es todo un entrepreneur. Despegamos. Esperanzas. En marzo de 2009 las perspectivas son crear más de 1.000 empleos; las ventas son de unos 100 millones de dólares anuales. Se solicitan ayudas a la Administración vía la «Energy Policy Act«, que permite otorgar préstamos garantizados para apoyar a empresas innovadoras. Solyndra pilla hasta 535 millones de dólares en el reparto, que se usan para una nueva fábrica. Cambiamos al CEO y traemos a Brian Harrison de Intel, que sabe del silicio (la competencia) y creceremos aún más. Thanks, Mr. President. Inauguración en septiembre de 2010. Video. Crecemos, ¿lo ves?. Ventas de 140 millones de dólares. En noviembre de 2010 toca un ajuste de plantilla, para adecuar las dos fábricas (que pueden hacer hasta 300 MW/año). No es ná. Coyuntural. Don’t worry. Previsión de ventas de hasta 2.000 millones de dólares. En marzo de 2011 sale el megavatio nº100 vendido. I told you. Nothing’s gonna stop us now.

1 de septiembre de 2011: Solyndra declara la quiebra definitiva, despidiendo a todos sus trabajadores y finalizando su actividad. 7 días después el FBI entra en sus oficinas para registrarlas. Como debió decir Obama cuando se enteró: “What the fuck????”

El, llamémosle así, caso Solyndra ha generado muchísima polémica. Se le ha puesto de ejemplo de casi todo: desde la incompetencia, al amiguismo; desde la inutilidad de la energía solar, a la necesidad de racionalizar las ayudas públicas; desde la existencia de una burbuja green, a las sospechas de despilfarro. Seguro que hay algo de todo eso. Sobretodo una nefasta gestión de los directivos de Solyndra. Los Republicanos se han puesto las botas con Solyndra y Obama. El New York Times sigue el tema de cerca. El Washington Post le va a la zaga. En Forbes dicen que se veía venir. Y es que los resultados de Solyndra eran muy malos ya en 2009: en el tercer trimestre, para unas ventas de 59 millones de dólares los gastos eran de 108 millones; todo ello con el 49% de las ventas  (17 MW vendidos) realizadas a tres clientes. Aún así, con pérdidas y un rating B+, se les concedió el préstamo. Patinazo de Obama al articular su discurso con un bluff. Sospechas merecidas (uno de los mayores accionistas privados de Solyndra, George Kaiser, fue un gran contribuyente de la campaña de Obama y parece que medió en la concesión del préstamo). Todo eso es cierto, pero ¿eso fue todo? ¿hubo algo más?

Desde mi punto de vista hubo algo más. En concreto, y al menos, dos cosas más:

  • El precio del silicio: Solyndra tenía un producto bastante bueno pero muy caro; el mayor rendimiento que debería tener (14%) no era tanto (sólo del 8,5%) y no se justificaba su mayor precio. Además, la capa fina sólo tenía el 13% del mercado frente al silicio convencional que tenía más del 90%. No obstante, en 2006 y con los altos precios de la célula fotovoltaica debidos al coste del silicio, con cuellos de botella en su fabricación, la cosa funcionaba. Pero el impulso a la fabricación del silicio para los ordenadores y las células fotovoltaicas llevó a una bajada espectacular de sus precios, pasando en pocos años de los 400 $/ton a los 50 $/ton. El mayor rendimiento de la capa fina CIGS de Solyndra a ese mayor coste (3,24 $/Wp) ya no mejoraba el precio del panel de silicio (1,95 $/Wp) en 2009. «Pierdo poco, pero fabrico mucho» debía decir el CEO de Solyndra como en el chiste. Cuando el panel bajó a 1,30 $/Wp en 2010, y a menos de 1$/Wp en 2011, la cosa ya no aguantó más.


  • China: hoy se fabrican unos 27.000 MW al año de células fotovoltaicas. Ha crecido un 120% desde 2009. ¿Y Solyndra pinchó? De la producción mundial un 56% se fabrica en China y Taiwan, y otro 10% en Japón. China en 2005 tenía un 1% del mercado mundial… Según el New York Times, el Gobierno chino habría inyectado 30.000 millones de dólares sólo en 2010 en su sector solar. Forbes dice que 41.000 millones… Y es que si los 6 primeros fabricantes de módulos fotovoltaicos son chinos, en el Top Ten de los fabricantes de células… ¡sólo hay chinos y taiwaneses! ¿Cómo competir con eso? los fabricantes americanos han pedido la introducción de aranceles a los productos solares chinos, cosa que no les ha convencido. El dumping chino ha permitido bajar enormemente los precios, hasta un 22% de curva de aprendizaje (o sea, si doblamos el mercado, bajamos un 22% el precio) lo que ha beneficiado a todos los consumidores. Sin embargo, eso mismo se ha llevado por delante a muchos fabricantes europeos y americanos. Como Solyndra.

Según Surowiecki en The New Yorker que Solyndra era un hype: algo que se pone de moda y que todos deben conocer. Seguramente fue así. Y hay borreguismo. Y cachondeo. Y seguro que el Gobierno americano debería haber inspeccionado más a quién daba las ayudas. ¡Pero es que todos los gobiernos apoyan a su industria a base de ayudas! Se ha ayudado a la industria nuclear, a la industria del carbón (justificado en España o Alemania como ayudas sociales), a a industria del automóvil, al desarrollo del gas natural… a todo. Eso sin considerar las ayudas que ha recibido la industria “sucia” que nunca ha pagado por ensuciar. Las primas a las renovables no sirven para bajar el CO2 (para eso es mucho más eficiente una tasa, como recuerda en su blog el profesor Pedro Linares). Y en esa línea Europa lleva años dando ayudas al sector de las tecnologías renovables a base de primas por la producción eléctrica ¿o quién creen que hace viables esos proyectos? El conseguir volumen y romper las barreras iniciales del mercado hace entrar a las tecnologías en las curvas de coste decreciente. Gracias a esas ayudas, las células solares fotovoltaica ya se encuentran hoy a precios menores a 1 $/Wp  tienen perspectivas de seguir bajando. Eso mató a Solyndra y, como dice Scientific American, eso es lo que salvará al sector solar que llegará en muchos países a la «grid parity».

Probablemente tengan que madurarse más esas ayudas; escoger qué tecnologías van a ser más viables y de mayor recorrido para poder apostar por ellas; intentar proteger a las industrias locales (lo que muchos países llaman “componente nacional”), sin rubor y sin aranceles (es posible). Pero el apoyar al entrepreneur, y en especial, a las tecnologías que permitan avanzar en la optimización de recursos y en las energías limpias, es un buen camino; al menos hasta que el precio de las cosas sea el que realmente tienen. Para Surowiecki Solyndra fue una apuesta que parecía buena y que salió mala, pero -dice- hay que seguir apostando. Totally agree.

Publicado en Management, Tecnología | Etiquetado , , , | 3 comentarios

El día en que Patxi se enfrentó al elefante blanco

«White elephant» es el término que usan ingleses y americanos para referirse a aquellas cosas muy originales que aunque en teoría tienen un altísimo valor, resulta imposible disfrutar de esa ganancia a la práctica. Aplica a cosas aparentemente muy valiosas que, en el fondo, no sirven para nada. El término viene de una historia sobre los reyes de Siam. Los muy cucos cuando tenían problemas con alguien -o manía- le regalaban un elefante de color blanco; el obsequiado como no podía sacar ningún beneficio del paquidermo (¿qué se puede hacer con un elefante blanco?), y estaba obligado a cuidar un presente del rey nada menos, acababa generalmente arruinado.

Hasta ahora la posibilidad de disponer del shale gas (gas pizarra o gas no convencional) europeo era algo muy parecido a un elefante blanco. Recordar que se trata de obtener gas natural a partir de la fractura hidráulica de yacimientos subterráneos de esquistos y pizarras impregnadas en gas (aquí un post anterior sobre el tema). El coste de extracción es muy bajo: los americanos lo extraen a unos 4-5 $/MBTU (aquí un paper sobre cómo les han ido las cosas), que son unos 10-12 €/MWh, menos de la mitad de lo que cuesta en Europa. En Estados Unidos el gas no convencional es el 20% de su consumo, con perspectivas de que sea el doble, pero no se explota en Europa. Es más: los que más saben de energía en Europa, los franceses, han dicho «no» en junio de 2011 a la extracción de gas pizarra de su subsuelo (allí le llaman gaz de schiste) sentando un precedente respecto del aprovechamiento del shale gas en Europa (aquí otro post previo sobre el tema). El potencial en Europa podría ser enorme: se estiman unos 624 tcf -trillion cubic feet- (en Estados Unidos habrían unos 825 tcf). Si pensamos que la demanda de gas natural en Europa en 2010 fue de unos 527 bcm, que equivalen a unos 18,6 tcf, está claro que alguien nos ha hecho un buen regalo. Un regalo energético con el que muy bien no sabemos qué hacer (como con el elefante blanco), mientras seguimos pagando el gas natural industrial a una media de 36 €/MWh.

La noticia que hace unos días llenaba la prensa generalista española era «España encuentra un yacimiento de gas natural equivalente al consumo de cinco años«. Parece que al sur de la provincia de Álava se habría descubierto un yacimiento de gas no convencional (no exactamente «gas natural») con un potencial equivalente de 5 años del consumo de toda España o 60 años de consumo del país vasco. 60 años. Brutal. El Lehendakari Patxi López ya se habría ido a ver el yacimiento que explota Devon Energy en Oklahoma para entender de qué va la cosa. Un día después de la visita, daban la noticia del yacimiento alavés. Ya hace un mes, un congreso en Bilbao sobre el tema también daba ideas de por donde podrían ir los tiros. La notica sería tremenda de poder aprovecharse el yacimiento a un coste razonable. Pero sería más destacada si cabe, pues los vascos se atreverían a lo que no se están atreviendo en otros muchos sitios de Europa.

Efectivamente, existen abundantes prospecciones de shale gas en Europa. La mayoría las lideran empresas petroleras internacionales. Cierto; hay prospecciones en Holanda (allí exploran los ingleses de Cuadrilla Resources, que también exploran en el Reino Unido), Austria (donde explora OMV), Alemania (donde explora Exxon), Rumanía (allí exploran Sterling Resources), Irlanda (explora Enegi Oil), Hungría (también explora Exxon tras comprar la mayoría de Falcon Oil & Gas), Bulgaría (allí explora Chevron) o Polonia (aquí exploran casi todos: los americanos de BNK Petroleum, los canadienses de Talisman Oil, los americanos de Marathon Oil junto con los alemanes de KCA DEUTAG, y los omnipresentes de Chevron a los que ayuda Halliburton, ConocoPhilips, Exxon…). Mucha perforación preliminar, pero por ahora ninguna extracción efectiva.

¿Y en España? Corría el año 1964 Chevron (aún se llamaban Texaco) encontró un pequeño yacimiento de petróleo al norte de Burgos. Llegó a extraer hasta 4.000 barriles al día. Ahora extrae unos 160 barriles al día. La cuestión es que le debía gustar la zona o algo así, porque siguió prospeccionando. Bueno, Chevron y otros, porque en la zona ubicada entre Vizcaya, Cantabria y Burgos han conseguido permisos casi todos: BNK Petroleum a través de Trofagás (empresa inicialmente de REPSOL) en la comarca de Merindades en Burgos, Realm Energy, Halliburton y por supuesto, Chevron. Incluso Gas Natural Fenosa podría estar estudiando en esa zona vía su filial Petroleum Oil&Gas (vaya garrulada de nombre). Pero, además de en el norte de España, existen prospecciones en otras muchas zonas del país, especialmente en el litoral. Efectivamente, Medoil, filial de la escocesa Cairn Energy, estaría explorando en la Albufera valenciana; los americanos de Shuepbach Energy investigan en Cádiz; REPSOL y CNWL filial de la canadiense Sherrit prospeccionan en la costa de Málaga; los ya comentados de Petroleum Oil&Gas estarían también en Aragón y Catalunya. El colectivo ecologista cántabro «Fractura Hidráulica NO» tiene un interesante blog, en el que va siguiendo la solicitud de prospecciones en cada zona; información muy actualizada y, a la vez, muy combativa.

Mucho ruido, pero ¿y nueces? Pedro Linares en su blog se planteaba hasta qué punto el Gobierno Vasco iba a avanzar en una iniciativa tan arriesgada, al menos en Europa. Lo cierto es que sobre la fractura hidráulica como método de extracción de gas no convencional (el «fracking») existe la sospecha de graves riesgos ambientales y para la salud pública. De hecho, en los Oscar de 2010 uno de los documentales candidatos al premio, «Gasland» se centraba en esa preocupación. El fracking precisa de la inyección de mucha agua (el 98-99% de lo que se inyecta), que puede rondar los 30.000 m3 por cada pozo de perforación. Además, se inyectan una serie de sustancias químicas adicionales que son las que producen la fractura. La polémica está en esos aditivos, en tanto muchos son individualmente tóxicas (aquí el informe de la EPA americana al respecto). Además, el hecho de que en la prospección se recupera del orden del 65% del agua inyectada con sus contaminantes, obliga al reciclado de la misma, lo que también origina sospechas. Eso si los abundantes acuíferos que se asocian al shale gas no se contaminan directamente.

Existe un informe del Parlamento Europeo de este mismo 2011 titulado «Impacts of shale gas and shale oil on the enviroment and on human health» que intenta evaluar el impacto ambiental del shale gas. Como en todo lo que hacemos los europeos, se moja lo justo. Dice en las conclusiones: «when sustainability is key to future operations it can be questioned whether the injection of toxic chemicals in the underground should be allowed, or whether it should be banned as such a practice would restrict or exclude any later use of the contaminated layer (e.g. for geothermal purposes) and as long-term effects are not investigated.«. Luego -además de proponer la redacción de una directiva, faltaría más- condiciona el uso de la técnica al reducido potencial que tendría la producción de gas convencional para Europa -según el informe- pues «the potential shale gas plays are too small to have a substantial impact on the European gas supply situation«. Si esa es la respuesta, no tengo muy clara cuál es la pregunta, pues Europa es dependiente en el 53,8% de su energía y el potencial del shale gas parece alto.

¿Puede darse un boom del shale gas en Europa? Los de Shell lo dudan. Yo también, si bien creo que se trataría de una gran oportunidad, a la que deberían incorporarse todas las restricciones ambientales que hiciesen falta. Como en todo. El hecho es que los americanos llevan más de 50.000 pozos y un historial de 40 años de experiencia desde el inicio del try-and-error, y aquí recién empezamos. Parece que en el País Vasco se lo van a tomar muy en serio. De hecho, la sociedad SHESA (Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi, S.A.) participa con un 42% en la sociedad que explotaría los yacimientos en Álava junto con HEYCO y Cambria Europe. En otras palabras, es el mismo Patxi que da los permisos el Patxi que va a extraer el gas. Cuando surgen ya colectivos ecologistas «fractura no», donde el proteccionismo ya ha encontrado un espacio como en Francia, extrañaría una posición tan pionera… ¿Patxi contra el elefante blanco?  No sé porqué tengo la impresión de que las primeras extracciones de shale gas en Europa se van a dar en los países del Este, en España alguna también o incluso más. ¿Y en Alemania, Francia o Austria? Ni una. Al tiempo.

Publicado en Energy | Etiquetado , , , , , | 7 comentarios

Bienvenida al bebé 7.000.000.000 de parte del 3.676.665.631 (que soy yo)

Que en Naciones Unidas hay -al menos- un cachondo suelto está claro. La noche del 31 de octubre de 2011 es la fecha en la que se espera al terrícola número 7.000.000.000. O en sus propias palabras del 26 de octubre: «In five days, world population is projected to reach 7 billion» (en realidad del Fondo de Población, el UNFPA).  Si bien el número es pura proyección estadística, (en realidad nadie sabe si llegaremos este año o no a los 7 mil millones) y ni la misma ONU se lo cree, que se haya hecho coincidir una fecha tan significativa con la noche de Halloween tiene su guasa. Halloween es la noche de las brujas, duendes, fantasmas y demonios de los anglosajones, y hacerlo coincidir con un hito demográfico que, además, a muchos les parece terrorífico… Siempre pensamos que el siguiente millardo será el último. Pues nada, bienvenido.

no-se-sabe-muy-bien-quién ha decidido que una niña filipina, Danica May Camacho, tenga el honor de ser la persona 7.000.000.000 del planeta. Bueno en eso también hay lío pues un niño ruso que se llama Piotr, y otra niña india que también quieren ese honor. Hace 12 años, la persona designada como 6.000.000.000 fue el bosnio Adnan Mevic, nacido en Sarajevo el 12 de octubre de 1999 y al que «apadrinó» Kofi Annan con lo que el lío fue algo menor (aquí se han dedicado a ver cómo le ha ido; no muy bien por cierto). No obstante, si usted quiere saber qué número tiene, puede entrar en el aplicativo de la BBC «Siete mil millones… y usted, ¿sabe qué número es?». Es British humour total; a mí me ha tocado el bonito ordinal 3.676.665.631.

Lo cierto es que llevamos un carrerón demográfico. Desde 1800 la humanidad se habría multiplicado por 7. En 1960 llegó el 3.000 millones, y en 1974 el cuatro mil. La cifra que me quedó de mi EGB, allí por los 80, era la del cinco mil millones; en 1999, llegó el seis mil y, así, hasta hoy. Aunque ya se va viendo que cada nuevo millardo llega antes… En otras palabras, en unos cincuenta años hemos doblado la población de la tierra. ¿Hasta dónde? Las proyecciones de la ONU establecen tres escenarios de posible crecimiento que para el 2100 (o sea el planeta en el que vivirán mis nietos) varían entre 15.000 millones (pesimista y tendencial) y 6.000 millones (optimista). De hecho, con la magna efeméride esta, el UNFPA ha publicado el informe «Estado de la población mundial 2011« con el subtítulo «7 mil millones de personas. Su mundo, sus posibilidades«. ¿Comentarios? En algún caso, casi más bien paradojas:

– A excepción de Asia y Africa, el resto de continentes han estabilizado su crecimiento (tasa de 1,1% anual). A pesar de ello, cada año hay 86 millones de habitantes más (igual que la población toda Alemania).

– Las tasas de fecundidad han descendido mucho: desde 6 a 2,5. Pero la mortandad infantil también se ha reducido: de 133 por mil a 46 por mil desde 1950 a 2010.

– Las mayores tasas de natalidad está en el África subsahariana, América Latina, el Caribe y el Sudeste Asiático. Del orden del 4,2 de media frente al 1,7 de los más desarrollados.

– El nivel de reemplazo (hijos necesarios para relevar a los padres) es de 2,1.

– El 43% de la población mundial tiene menos de 25 años. De esos, 1.200 millones tienen entre 10 y 19 años, aunque el ratio se estrecha. ¡Ah! el 13% está en paro y el 50% trabaja.

– Si hoy tenemos a 893 millones de personas de más de 60 años, en el 2050 esa cantidad será de 2.400 millones. La tercera parte del planeta será muy vieja (mi generación).

– Hay unos 214 millones de inmigrantes fuera de su país de origen. En China habrían 260 millones fuera de su provincia natal. EEUU, Rusia y Alemania son los que más migrantes acogen; China, India y Filipinas los que más envían.

– El 26% vive con menos de 1,25 dólares americanos al día.

Por tanto, primera sorpresa: las tasas de fecundidad se han reducido. Cada vez hay una tasa menor de natalidad, aunque son muy desiguales por regiones. Cierto; el gráfico de la OMS indica los previsibles crecimientos de nueva población en los próximos años: Caribe, Centroamérica, zonas de Sudamérica, algunas zonas del Sudeste asiático y Oriente Medio, pero sobretodo África, que en 20 años puede doblar su población. Puro escenario tendencial. Y es evidente que una mayor población genera mayor presión sobre los recursos agrícolas: sobrexplotación de agua dulce (80% del total), desforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación de aire, suelos y agua… Eso sin contar los energéticos. ¿Hacia donde dirigirnos para reducir esa presión sobre el planeta?

Igualar rentas:  hay una clara relación entre renta y natalidad como primer factor asociado a la fecundidad. Dándole una vuelta de tuerca al concepto, se trata más bien complejidad en el rol social que no ingresos un elemento clave para una menor natalidad. Estar muy liado implica tener menos ganas de niños, vaya. Cierto; disponer de mayor renta implica ponderar el papel entre madre y consumidora, además de asociarse a un mayor rol social. Igualmente una mayor prole se asocia en muchos casos a menor nivel social, sobretodo en las economías occidentales.

Colonizar la luna u otros planetas: suena bien, pero no tenemos tiempo y tampoco dedicamos mucho dinero a eso.

Educar a la mujer: esta es, sin duda, la clave. Sin embargo, hoy en día aún hay demasiadas mujeres que son rehenes de sus padres o maridos. Desarrollar los derechos de la mujer a escala global es una pieza clave para el control de la natalidad. Aquí un interesante paper de Jenicek al respecto. Y es que mayor educación de la mujer implica matrimonios más tardíos, reducción de la lactancia, mayor participación en la sociedad.

Planificación familiar: o en otras palabras, familias pequeñas y equilibradas (el 2,1). Ello implica la educación, información y acceso a contraceptivos. Y se trata más de evitar embarazos adolescentes o no deseados, o poco espaciados. De hecho, UNICEF calcula que el 20% de los embarazos son no deseados. No se trata de limitar sino de permitir escoger.

Religión: menor religiosidad también se asocia a menor fecundidad: las sociedades seculares tienen menos hijos. Aquí un paper que compara las mayores tasas de natalidad entre norteaméricanos (más religiosos) y los europeos (menos religiosos), aunque hay multiples ejemplos, sobretodo con grupos muy religiosos. Por ejemplo, los ortodoxos piensan en familias con menores hijos que protestantes o católicos. De hecho, la religiosidad entendida como práctica religiosa -asistencia a misa, por ejemplo- implica mayor natalidad que en los seculares.

Programas estatales de control de la población: es conocida la política de hijo único de China de los años 80 (que derivará en unos 30 años en un importante envejecimiento de su población), pero hay ejemplos muy interesantes como el de Irán. Un país islamista que en los 60 adoptó medidas del control de la población, que luego Jomeini desconvocó y que en 1993 con Rafjsanjani volvieron a implantar con un «two is enough«, con un relevante rol de la mujer, medidas de contracepción y campañas informativas. ¿Resultado? Pasaron de 6,5 hijos a algo más de 2. Ahora, el chalado ese de Ahmadineyad quiere volver a los 6 hijos.

Guerras: parece evidente que las guerras mundiales no se consideran en un escenario global. Las relaciones comerciales han tomado la máxima prioridad, y fuera de algunos conflictos regionales o muy locales, no se vislumbra una reducción súbita de la población a razón de cientos de millones de personas como durante el siglo XX. El conflicto del futuro se parecerá más al cyberterrorismo que no a la invasión por tierra, mar y aire.

Otros: hay muchos factores que correlacionan con la fertilidad. Por ejemplo, la densidad de población: sociedades densas tienen menos niños (por ejemplo, Hong Kong o Singapur) y más problemas. Sociedades urbanas tienen menor tasa de natalidad que las rurales. Otro factor es la progresiva mala calidad del semen en los varones.

¿Cuánta gente puede soportar el planeta? No se trata tanto de  pensar en la parábola Malthusiana del crack de los recursos, sino en cómo queremos vivir los que estamos en el planeta. Si pensamos que de los 7 mil millones actuales, mil viven crónicamente en el hambre y la malnutrición es evidente que para estos ya se ha cumplido la profecía de Malthus. Por tanto, se trata de establecer unos límites poblaciones que estén correctamente asociados a los de la racionalidad en el uso y emisión de materias primas, recursos agrícolas, agua, pérdida de biodiversidad, polución, contaminación de mares y océanos, concentración de CO2, nitrógeno, fósforo, aerosoles, ozono,… En otras palabras, no se trata de establecer un número óptimo de personas sino una correcta gestión de impactos sobre el planeta. Bienvenido/a 7.000.000.000, y que cumplas muchos más.

Publicado en Sociedad | Etiquetado , , , , , | 5 comentarios

El buey de Galton o porqué en ocasiones uno y uno pueden sumar tres

1906. Es una lluviosa mañana de otoño. Sir Francis Galton sale de su casa en Plymouth para visitar la Feria de Ganado. Se celebra la «West of England Fat Stock and Poultry Exhibition» y, como cada año, los agricultores locales se reúnen allí. Además de hacer negocio, llevan sus mejores piezas a competir en el concurso anual. Aunque Galton tiene ya 85 años, le puede la curiosidad y, con su mozo, toma el carruaje y se acerca a la Feria. Allí todo es como cada año. Lo más selecto del condado de Devon se ha dado cita. Galton les saluda amablemente mientras pasea entre hileras de animales, y se detiene frente a un enorme buey. Quizá sea de raza Hereford, o igual Aberdeen-Angus: «come on; let’s take a look«. Pero lo que más llama la atención de Galton es su tamaño. De hecho, hay un concurso: adivine cuánto pesa el buey por seis peniques. Hasta 800 personas han apostado (algo muy inglés). Desde hace mucho que Galton está fascinado por la estadística. Así que le pide al tipo que recoge las tarjetas que le deje copiar los valores que se ha ido apostando. Uno tras otro, Galton anota los valores de las tarjetas en un cuaderno; suma tras suma, calcula la media de las apuestas hechas por 800 tipos a ojo. Resultado: 1.197 libras. Peso real: 1.198 libras. «¿¿¿What the fuck???»

Este episodio es conocido como «El buey de Galton» y ha generado mucha literatura. De hecho, ya en 1907 el propio Galton publicó el caso en Nature (tiene su gracia ver el artículo original). Si bien la figura de Galton ultrapasa la anécdota (fue uno de esos brillantes científicos autodidactas y renacentistas que florecieron en el XIX), se usa como ejemplo de los beneficios que implica una buena colaboración. Lo recuerda James Surowiecki en su best-seller «The Wisdom of Crowds«. Surowiecki es el columnista financiero del semanario The New Yorker; me encanta esa revista, escrita desde hace más de 80 años siempre en tipografía Caslon, y donde también escribe el imprescindible Malcolm Gladwell, la gran Hannah Arendt o el mítico Seymour Hersh. El libro traducido aquí como «Cien mejor que uno» (tela marinera) propone una idea interesante. Dice Surowiecki que «los grandes colectivos son más inteligentes que la minoría selecta, por brillante que ésta sea, cuando se trata de resolver problemas, promover la innovación, alcanzar decisiones prudentes, e incluso prever el futuro«.

Al fenómeno por el que la colaboración y competencia de los individuos puede hacer surgir un concepto de inteligencia común muy superior al de la suma de los individuales se le ha llamado inteligencia colectiva. La idea que subyace es sencilla: si bien nadie sabe todo, todos sabemos sobre algo, aunque sólo sea un poco. Como no es un trabajo común ni de un grupo establecido, no se la considera cooperación o colaboración; es más bien un trabajo grupal autorregulado, donde no se visibiliza necesariamente recompensa o se localiza un líder. Es totalmente horizontal. De hecho, el gran problema de la cooperación -como ya se comentó en el post de los zapatos de tacón– es la existencia de incentivos individuales superiores a los del grupo (el famoso dilema del prisionero) que en este caso parece no existir. ¿Existe la inteligencia colectiva? ¿Ejemplos?

Las hormigas: nadie da las órdenes en una colonia de hormigas, pero todas saben en su conjunto qué hacer y cómo hacerlo. Este fenómeno se da en la mayoría de los llamados insectos sociales: algunas especies de abejas y avispas, termitas, algunos pulgones y en todas las hormigas. Curiosamente no se trata de solidaridad generacional, pues un bicho de estos nunca llega a conocer a sus descendientes. En realidad son animales solitarios; especializados, organizados y con roles pero solitarios.

Linux: el ejemplo más exitoso y conocido de software libre (que no quiere decir gratis); el código fuente de Linux puede ser utilizado, modificado y redistribuido libremente por todo aquel que quiera colaborar mejorando el proyecto iniciado en 1992 por Linus Torvald en Finlandia. Google ha realizado una extensión de su Google Chrome abierta que permite la participación colectiva; como Linux…

– Google: no es sólo un buscador (es el principal buscador con el 70% del tráfico). Se trata del buscador de lo que más busca la gente. En realidad, cuando Google realiza una búsqueda lo que hace es contar los vínculos de una página con otras. De forma resumida, cada link es interpretado como un «voto», que se pondera según lo relevante que sea cada página. El éxito de una página y su posición en la búsqueda de Google lo es, por tanto, por sus menciones y sus visitas, es decir lo que quieren todos los visitantes de la red.

– La Wikipedia: ya es el referente de la búsqueda generalista en internet. Tecleas en Google «pescado» y aparece en el primer lugar «Pescado – Wikipedia, la enciclopedia libre»; tecleas «Senegal» y aparece «Senegal – Wikipedia, la enciclopedia libre»; tecleas «pecho» y aparece «Pecho – Wikipedia, la enciclopedia libre». Teclea «pechos» y aparecerá otra cosa. Cualquiera puede completar o modificar una entrada. Yo mismo lo he hecho en más de una vez. A la práctica tiene ya más contenidos que cualquier otra enciclopedia online y es casi tan exacta como la Britannica.

La recomendación de libros en www.amazon.com: que soy un convencido de Amazon está claro, por las constantes referencias de títulos en este blog. Pero es que desconozco una plataforma de compra de libros online más rápida, eficiente y con mejor precio. Uno de sus mayores atractivos (y generador de negocio) es la recomendación de otros libros una vez has seleccionado uno, ya sea por autor, temática, título. Eso si antes la opinión de otros lectores no te ha permitido tomar o cambiar la decisión de compra.

La open innovation: concepto atribuido a Henry Chesbrough, es una estrategia de innovación con la que las empresas deciden abrir sus procesos de I+D al exterior, buscando la participación de profesionales externos a partir de canales especiales. El objetivo final es poner en el mercado nuevos productos y tecnologías. el proyecto inicial puede estar dentro o fuera de la empresa, pero se desarrolla desde la participación colectiva. El programa «Connect + Develop» de Procter & Gamble se basa en estos principios. El cepillo de dientes a pilas Spinbrush es uno de sus resultados.

La inteligencia colectiva es uno más de los fenómenos crowd- que están caracterizando el inicio del siglo XXI facilitado-generado por la Web 2.0. El Crowd-sourcing o externalización de tareas de un colectivo en una plataforma abierta (por ejemplo, la Wikipedia, iStockphoto o incluso Twitter) es la versión del poder del colectivo más conocida. Pero coexisten otros fenómenos colaborativos. Por ejemplo, el Crowd-Funding o mecenazgo colectivo, donde un proyecto utiliza la web para buscar la financiación de muchos pequeños inversores (como KickStarter, la pionera del fenómeno, Kiva para microcréditos, Sellaband par grupos de música, o la irreductible Verkami en España para creadores independientes). La Crowd-Creation (¿y qué es sino la open innovation?) como la que presenta 99designs o crowdSPRING donde a la solicitud de un diseño se pone a cientos de creativos a competir o, quizás el mejor ejemplo de todos, Linux. Incluso el Crowd-Wisdom, el más punkie, pues se trata de determinar tendencias a partir de opiniones, pero sin realizar encuestas; por ejemplo, Hollywood Stock Exchange permite la compra de acciones sobre películas, directores o actores, simulando una bolsa de valores; simExchange hace lo mismo con los videojuegos. Con un juego se pretende predecir tendencias en estos productos, aunque la idea tenga detractores.

Está claro que tiene aplicación en las empresas pero ¿puede servir como estrategia ante los grandes retos de la humanidad: pobreza, superpoblación, cambio climático…? Poder orientar esta inteligencia hacia la búsqueda de estas soluciones sería muy potente, pero se trata de conseguir algo más que simple suma de colaboraciones. La inteligencia colectiva se produce si se generan nuevas formas de organización, muy horizontales y poco jerarquizadas, con elevado sentido de la responsabilidad en sus miembros, automatización y con capacidad de multiplicar las capacidades creativas individuales. Con otras palabras, madurez y respeto que amplifican la creatividad y el conocimiento. Las hormigas no logran ver el escenario global; nosotros tampoco, pero ellas actúan por el bien común. ¿Lo lograremos nosotros?

Publicado en Management, Sociedad | Etiquetado , , , | 2 comentarios