El enigma de la muerte masiva de las abejas

%22El Incidente%22 empezaba con la muerte de las abejas. Luego los arboles emitian una toxina que hacia suicidarse a la gente. Estamos avisados

«Si las abejas desapareciesen de la faz de la Tierra, a los hombres sólo les quedarían cuatro años de vida«. Esta cita que se atribuye a Albert Einstein, y que suena a maldición apocalíptica, podría convertirse en realidad. Al menos en lo referente la desaparición de las abejas… Porque en los últimos años se ha visto reducir de forma preocupante su población (por ejemplo, en Estados Unidos ha caído un 25% desde los años 90). Esa cita (parece que falsamente) atribuida a Einstein muestra el más que importante rol de las abejas para la vida humana. Y es que estos insectos voladores (que a mí me producen pánico) son unos de los llamados polinizadores del ecosistema mundial. En 1996 precisamente, los científicos Stephen Buchmann y Gary Paul Nabhan escribían el que fue casi un clásico instantáneo y referente del tema: «The Forgotten Pollinators«. Con ejemplos de las Islas Galápagos, de las selvas de Panamá o de la jungla malaya nos contaban (y demostraban) la importancia de insectos y pájaros en la polinización, (o incluso la de los murciélagos)  y sobre cómo la vida humana podía quedar gravemente afectada de modificarse esa relación.

¿Realmente es tan importante el rol de los polinizadores? Sin duda. El primer problema que representa la muerte de insectos es la pérdida de biodiversidad. El segundo es la estabilidad en las cosechas de alimentos, lo que -por si alguien duda de la importancia del primer problema- es mucho dinero. Gallai, Salles, Settee y Vaiselle en 2009 evaluaban el efecto económico de los polinizadores en más de 153.000 millones de dólares al año, lo que era equivalente al 9.3% de la producción agrícola mundial. Cerca del 80% de la dieta humana se produce (de forma directa o indirecta) a partir de 100 especies de frutas y semillas que han precisado de polinizadores. Y si ahora piensa que Naciones Unidas señala que las colonias de abejas en Estados Unidos han disminuido un 30%, y que en algunos países europeos se ha perdido el 20% de esta población, puede tomar idea de la magnitud. «The Guardian» comentaba fenómenos parecidos ocurridos en Gran Bretaña desde 2010. ¿Pero a qué se debe esa desaparición de abejas? Muchos hablan de enigma o causas desconocidas (el tema tiene un cierto aire de misterio, la verdad), y se han barajado  diferentes. Incluso la (al menos para mí) fantástica película «El Incidente» de M. Night Shyamalan empezaba con la (presunta) cita de Einstein en un pizarrón.

Segun Naciones Unidas, la contribución de los polinizadores a cultivos usados directamente para la alimentación es de 153.000 millones de dolares. Una pasta gansa.

Ahora, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)  determina hasta 12 factores diferentes: la degradación de los hábitats naturales, que conllevan la pérdida de especies de plantas con flores, alimento para abejas (desde 1980 descendió el 70% por ciento en las principales flores silvestres); la presencia de algunos parásitos en las abejas (como el ácaro Varroa, que se alimenta de sus fluidos, o el escarabajo de las colmenas endémico del África subsahariana, que se ha extendido a América del Norte y Australia, y que «ahora se prevé que llegará a Europa«); la competencia por las «especies exóticas» (como la abeja africanizada en EE.UU. o la avispa asiática que se come a las abejas de miel europeas); la contaminación del aire que puede interferir con la capacidad de las abejas para encontrar plantas con flores (aromas que llegaban a 800 metros en el siglo XIX, ahora llegan a menos de 200 metros de una planta); los campos electromagnéticos (que podrían estar cambiando comportamiento de las abejas, pues tienen pequeños cristales de plomo en sus abdominales); los herbicidas y pesticidas (este era de esperar); el manejo industrial de las colmenas (que para mejorar márgenes reutilizan equipos y alimentos de colonias muertas); o, incluso, el transporte de abejas por carretera de empresas que ofrece servicios de polinización y que extienden a los parásitos…

En cualquier caso, esta no es la primera vez que se producen extinciones masivas de abejas. La primera pérdida inexplicable registrada fue en EE.UU. hace 150 años y, desde entonces, han desaparecido un diferentes intervalos en Norteamérica, Europa y Australia. En aquel momento, como ahora, los sospechosos principales fueron las deficiencias en la dieta de las abejas, la contaminación, las plagas, los parásitos o la mala gestión de los apicultores, pero el asesino nunca fue identificado. ¿Pesticidas, parásitos, plagas, virus? Será la suma de todos. Multiples elementos de complicada interrelación, pero sin un único culpable. Bueno, a excepción de los humanos. En Italia, Eslovenia y Alemania recientemente se han prohibido los plaguicidas neonicotinoides (que son neuroactivos, o sea que les funden el cerebro a los bichos), como el superventas  Imidacloprid, de Bayer CropScience (800 millones de euros al año).

Las manifestaciones de París para protestar contra los efectos del %22Gaucho%22 en las abejas. Liberté y Fraternité a tope

En 1999, el gobierno francés ya lo había prohibido (allí era más conocido por su nombre comercial «Gaucho«) en los cultivos de girasol, después de que en el 2000 cientos de personas salieron a las calles , en su mayoría relacionados con el sector de la apicultura para protestar (algo muy francés, sin duda). Luego, en 2004 se prohibió en los cultivos de maíz. Aunque las pruebas realizadas por los propios los fabricantes demostraban que no había correlación, y que la agencia francesa de seguridad alimentaria AFSSA no reveló diferencias significativas en las tasas de mortalidad antes y después de que los plaguicidas fuesen prohibidos, se prohibieron. Science, recientemente indicaba lo contrario. Lo dicho: la muerte de las abejas la produce una suma de elementos que se realimentan entre ellos, con un resultado catastrófico.

Ahí estan las abejas, libando nectar de la flor y polinizando con el culete

Pero la respuesta – en el fondo- se encuentra en la aplicación de métodos de la industria en la gestión agrícola de la polinización y la intensificación en la producción de alimentos. Eso junto con varios factores ambientales, que también son la otra cara de la polinización a escala industrial y la intensificación de la producción de alimentos. Demasiada tensión en los ecosistemas. La muerte masiva de abejas, en realidad, sería una especie de barómetro que mostraría lo que le estamos haciendo al medio ambiente. Vendrían a ser algo parecido a aquellos canarios en jaulas que se bajaban a las minas de carbón a principios de siglo. Si los pajaritos cantaban, no había ningún problema. Los mineros podían trabajar -sin mayor tensión de la normal de estar en una mina- mientras le escuchaban. Pero si el canario dejaba de cantar, muerto, los mineros salían del agujero por patas, señal clara de la presencia de metano o monóxido de carbono. Así como los animales se comportan extrañamente antes de un terremoto o un huracán, acurrucados en la esquina de una habitación, todas esas colmenas vacías y silenciosas son un presagio de una inminente crisis ecológica. Porque al margen de todas esas posibles causas, en su informe, la UNEP realizaba una declaración demoledora, que igual es la auténtica y única respuesta al enigma: «Human beings have fabricated the illusion that in the 21st Century they have the technological progress to be independent of nature«. El rey de la creación, ya sabe. Y así nos va.

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El ADN de los oligopolios energéticos españoles o porqué nunca bajan las tarifas

Oligopoly. El juego ese de ir haciendose más grande y los otros mas pequeños

España, 1996. Aznar arrasa en las elecciones generales, y pone fin a trece años de gobierno del Partido Socialista. Un economista con un MBA en Berkeley se hace cargo del área económica del Gobierno. Se llama Rodrigo Rato y le obsesiona no poder cumplir con los compromisos del Tratado de Maastricht. Está en juego entrar en la Unión Monetaria, pero el país está hecho mierda: 3,5 millones de desempleados, casi un 5% de déficit presupuestario y una deuda de 60 billones de pesetas (unos 360.000 millones de euros;). Además, el clima derivado de los escándalos de corrupción del final de la época del PSOE no ayuda a la calma entre los agentes sociales y ciudadanos. Rato decide seguir -más o menos- las políticas que ha impulsado años atrás Pedro Solbes, aunque con reformas: recorte presupuestario, congelación de salario de los funcionarios y reducción de inversiones. Pero se debe demasiado dinero y la única opción es privatizar las numerosas empresas públicas españolas como solución rápida y, así, enjugar el déficit. Y es que las cinco «joyas de la corona» propiedad del Estado (Endesa, Tabacalera, Telefónica, Repsol y Argentaria) tienen un valor de casi siete billones de pesetas (42.000 millones de euros).

Y así fue que, a través de la SEPI, empezó la reconversión de la gran industria pública española y, en especial, del sector de las industrias de red, o public utilities españolas (bueno, y el resto…) y en especial de las energéticas. Para privatizarlas se colocó a gente de confianza del gobierno en estas empresas. La idea era seguir influyendo en ellas una vez privadas. Así que se colocó a Juan Villalonga en Telefónica que la privatizó en 1997, Alfonso Cortina en Repsol privatizada a inicios de 1997, Rodolfo Martín Villa en Endesa privatizada en 1997, Cesar Alierta en Tabacalera privatizada en 1998. (ahora se llama Altadis), Francisco González en Argentaria en 1997, Pedro Ferreras en Red Eléctrica vendida en 1999… Todos estos tipos emprendieron las privatizaciones con decisión. Nombrados por las juntas de accionistas (eso era cierto) tenían toda la legitimidad legal… Pero al acabar todas aquellas privatizaciones, perdieron la legitimidad… ética. Y es que, una vez privadas, no sólo siguieron en sus sillas como sus gestores, sino que blindaron sus contratos y se triplicaron sus sueldos. Todos se hicieron ricos (menos Martín Villa).

Los ingresos por las privatizaciones españolas en los últimos años

Que las cosas no se han hecho bien, no lo digo yo. Lo dijo el Tribunal de Cuentas en 2005. Textualmente, hubieron «actuaciones no acordes con los procedimientos establecidos«, incluso para las que se privatizaron con una OPV en una salida a Bolsa. Que valió casi todo, vaya. Pero, además de las chapuzas y las actuaciones poco éticas, el resultado final no fue, en absoluto, exitoso. Empresas de baja productividad, tecnologías poco adecuadas, exceso de plantillas, sobrecostes laborales… Además de otros vicios, como los famosos «contratos programa«: una forma de inyectar dinero directamente en esas empresas desde los Presupuestos Generales del Estado. Dependencia financiera total y muy poca eficiencia, que se traducían en una menor competitividad, en especial en el exterior. Y si piensa que una vez vendidas se tenían que «sanear» (con millonarias prejubilaciones), la venta se hacía a la baja; se perdía dinero y, en especial, se desperdiciaba el capital humano de profesionales expertos, retirados de forma precipitada, y sin poder establecer una adecuada transición y trasvase de todo ese talento y experiencia.

Cuando en 2004 llegó -por sorpresa- Zapatero y su bisoño equipo, la cosa se volvió a complicar. De entrada se invitó a Alfonso Cortina a ceder el mando de REPSOL a Antoni Brufau (gracias a La Caixa, y por 20 millones de euros de indemnización); luego tenían que caer los otros: Alierta en Telefónica, Francisco Gonzalez en el BBVA, Xabier de Irala en Iberia, todos afines al PP, para poner a los suyos. Y llegó el sainete de la OPA hostil de Gas Natural sobre Endesa (y, de paso, echar a Manuel Pizarro, que había ido meses antes en las listas del PP). Lío Gordo. Batallas jurídicas.»El País» contra «El Mundo». La CNE autorizando la compra y el Tribunal Supremo denegándola. ¿Estaba en juego armar la primera empresa energética española, aunque la sede estuviese en Barcelona? Más bien estaba en juego el control político de las altas empresas. Pizarro convenció a la alemana EON para mejorar la oferta de Gas Natural. El PP estaba eufórico: «Antes alemana que catalana«. En paralelo, Acciona y ENEL compraban cada una el 25% de Endesa sin lanzar OPA. EON se largó viendo el percal. El Gobierno estaba eufórico: «España Re-Acciona» cuentan que dijo Miguel Sebastián. Manuel Conthe, presidente de la CNMV protestó por lo que entendía un fraude. Ni caso. Dimitió. ¿Resultado? Endesa hoy es italiana y Acciona se llevó más de 12.000 millones de euros en plusvalías. Olé. Hay más ejemplos de procesos sin lógica de mercado y alta intervención política: ACS e Iberdrola, Sacyr, Lukoil y RepsolSacyr y Pemex… hasta la última fusión entre Gas Natural y Fenosa. Las tarifas eléctricas siguen altas. Turbias confluencias entre gobierno y altos gestores afines al poder (me niego a escribir «empresarios«) y ejemplos innumerables.

Concentracion en los diferentes sectores de las utilities españolas

Hay dos fórmulas para privatizar. La primera es «a la inglesa«: saliendo rápidamente de los monopolios y luego troceando las empresas para que haya competencia entre ellas por menores posiciones de dominio. ¿Conoce a alguna empresa eléctrica inglesa? De hecho, todas las distribuidoras que se crearon al privatizar el monopolio público vertical son hoy propiedad de empresas extranjeras. A los ingleses les da igual si los precios son bajos. La segunda es «a la francesa«: saliendo poco a poco del monopolio y luego creando empresas enormes (son los llamados «campeones nacionales«); peso del Estado, mando en el país y previsible éxito en el extranjero. Ahí tiene a EDF (eléctrica), TOTAL (petróleo) o GDF (gas) en Francia. Modelo que copiaron Italia (ENEL y ENI), Bélgica (con Suez-Electrabel) o Portugal (EDP y GALP). En España se hizo una mezcla: se salió rápido -a la inglesa- y se crearon empresas enormes -a la francesa- por fusiones políticas una vez privadas (como Gas Natural-Fenosa). Ese proceso lo suelen financiar unas altas tarifas, lógicas al haber poca competencia (piense en precios eléctricos o de telefonía: nunca bajan). Y las empresas energéticas españolas eran, en realidad, demasiado grandes como para tener precios bajos en España (débil competencia) y, a la vez, demasiado pequeñas como para competir con éxito en el extranjero. 

Luego podemos hablar de sus resultados. Su historial de invertir (en interminables comités) millones y millones de euros en lo alto del ciclo (en España ha sido desastrosa la planificación energética de redes 2008-2016 responsable de buena parte del exceso de capacidad energética actual) y vender después a mínimos de ciclo, perdiendo todo y más, es histórica. Es lo que se llama «pro-cíclicas». Hace cuatro días, por ejemplo, Iberdrola vendía su negocio eólico en Francia y Alemania, es decir los países más solventes de su cartera. Gran decisión: vender barato cuando el mercado te ahoga. Además, hay una bajísima participación de los consejeros en las acciones de la empresa. Lo que se llama «poco apalancamiento al precio de la acción«. En otras palabras, los gestores de la empresa no arriesgan su retribución mucho con ella y no tienen muchas acciones de las mismas, lo cual resulta curioso para un negocio donde las inversiones son a largo plazo. En España son empresas que cotizan con valores de PER (beneficio por acción) de dos dígitos como si fuesen empresas del NASDAQ, y no tienen nada de tecnología innovadora. Será por los pocos dividendos que reparten. Bueno, si reparten… porque antes emiten bonos diluídos o recortan el dividendo, pagando en acciones o ampliando capital. Como Telefónica hace cuatro días. Aún así, los analistas en bolsa las siguen recomendando.

Las colocaciones de los expoliticos en las empresas energéticas españolasEn ningún lugar está escrito que una empresa privada sea más eficiente que una pública, porque la eficiencia la establece… la competencia. España creó un monopolio privado energético que se ha convertido en un enorme grupo de presión. Una privatización debe ir seguida de una flexibilización del mercado y una liberalización de los agentes. Y en España no ha sido así nunca para las public utilities. Pero luego está la segunda parte: muchos políticos que han intervenido en esos procesos han acabado en las empresas energéticas como asesores o consejeros, generando una parálisis para la competencia. Aunque (muy) poco ético, tiene una cierta lógica: las utilities españolas deben seguir cercanas al Gobierno y sus contactos para así poder presionar al ejecutivo de turno y mantener ese drenaje de recursos de los clientes. Son los problemas de tener en España a una clase política que ha colonizado todos los estamentos públicos: desde el Tribunal Constitucional al Banco de España (o sea los que aplican la ley) y unos profesionales técnicos, que saben más de derecho administrativo que de hablar inglés. «Captura de rentas» lo llaman algunos. «Pelotazos» o «enchufes«, otros. «Crony Capitalism» en inglés. Poco higiénico (digámoslo así) y malo, muy malo, para los consumidores. ¿Para cuándo esa transición en España de la gran empresa a una economía de mercado transparente y competitiva, donde trabajar e innovar sean el único camino al éxito?

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Tierras Raras

Las raras tierras raras

Innovar no es sólo imaginar nuevas soluciones a problemas conocidos. Es también imaginar cómo desarrollar esas soluciones de forma práctica, rápida, accesible y barata. Por eso, en este inicio del Siglo XXI, las nuevas y previstas invenciones tecnológicas podrían ser sólo una quimera por la escasez (y coste) de las llamadas «Tierras Raras«. ¿Ha oído hablar de ellas? Si aún no ha sido así, no se preocupe: oirá. Para la IUPAC son un grupo de diecisiete elementos químicos de la tabla periódica: los quince lantánidos más el escandio y el itrio. Los lantánidos se dividen, por un lado, en «Tierras Raras Livianas«: el lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo y el samario; por otro están las (era de esperar) «Tierras Raras Pesadas«, y son los también impronunciables europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Menos el prometeo, todos los otros se hallan como óxidos, encapsulados dentro de minerales. Curiosamente aunque se les llame «raras» no lo son del todo (aunque algunos no lo crean). De hecho, son tan abundantes como dispersos, y de complicada extracción. Por su estructura microscópica, poseen propiedades físicas muy interesantes y de difícil sustitución. Son, principalmente, características ópticas y magnéticas y de resistencia, y en esas suelen ser imbatibles con los otros elementos.

Piense en la (famosa) bombilla de Edison. La lámpara de incandescencia era conocida antes de él; de hecho Joseph Swan la patentó un año antes en el Reino Unido , pero la historia le ha dado la fama a él. La invención consistió, en realidad, en hallar el material del filamento, para lo que probaron montones de sustancias. Al final, la mayor resistencia (más horas de luz sin fundirse) se encontró en un filamento de bambú carbonatado procedente de Yawata (en esa ciudad hay un monumento que lo recuerda). Así que no olvide nunca la tangibilidad de las ideas… La importancia actual de las tierras raras es que son imprescindibles en la electrónica. Por ejemplo, el holmio y disprosio son necesarios para fabricar un láser; 15 kg de lantanio y 11 de neodimio van en las baterías del Prius: el samario es esencial para los imanes y los nuevos motores eléctricos;  el europio y el itrio excitan al fósforo rojo en las pantallas LCD, o se usan en los billetes de 500 € para que no se puedan falsificar. Y así, montones de aplicaciones. Si duda de su aporte para las nuevas tecnologías, piense que los convertidores catalíticos, pilas de combustible, los superconductores de alta temperatura o la esperada nanotecnología son también ejemplos de equipos que precisan de estos componentes tan raros.

Mapa de localización de las principales reservas de tierras raras en el Mundo

Pero ¿qué las hace tan importantes? También el plástico es omnipresente, y no hay tanto lío… Por un lado, su creciente demanda: tasas del +10% anual; en 2010 la demanda fue de unas 136.000 toneladas y se esperan 200.000 en 2015. Por otro, sus clientes: baterías, aplicaciones informáticas civiles y militares, generación eléctrica (en especial, las renovables), motores eléctricos, electrónica de todo tipo… Alto valor añadido, sin duda. Pero lo que deja más intranquilos a muchos es quién las controla. China produce en la actualidad la práctica totalidad de tierras raras del planeta: extrae el 97%, separa el 97% de los óxidos y produce el 83% de las aleaciones finales. O sea, casi todo el Global Supply Chain. La cosa tendría una cierta lógica pues China tiene enormes reservas (sobre el 50% del total) y, a la vez, consume una buena parte (del orden del 60-70%), pues ya sabe de dónde vienen casi todos los cacharritos electrónicos: «designed in Cupertino» sí; pero «aseembled in China». El resto de tierras raras estaría en la antigua URSS (17%), en Estados Unidos (11%), en India (3%) y Australia (1,4%). El 19% que quedaría búsquelo entre Canadá, Groenlandia, Malasia, Brasil, Sudáfrica, Malawi, Vietnam, Tailandia, Indonesia si espera encontrar algo.

Volvamos a China. Las dos fuentes principales del país son la mina de Bayan Obo, que se encuentra en la Mongolia Interior (mire esta foto de la NASA), y las minas ricas en lantánidos pesados en la costa de Guangdong (al sureste del país). Esta segunda zona es muy rica en gadolinio y utecio, pero parece ser que podría tener hasta el 80% de las reservas mundiales de estos dos elementos. A la práctica, las tierras raras son un contexto de cuasi-monopolio de China, donde intentan desarrollar una mayor integración vertical (en especial en empresas que dependen del Estado) para aumentar su dominio aún más en el mercado. Desde 2007 China estableció medidas para proteger su mercado de lantánidos: prohibición de la inversión extranjera directa (en este sector, en los otros no), aumento de los impuestos a la exportación, control de precios, congelación de las licencias de explotación minera… en una clara tendencia proteccionista. Los cupos de exportación han sido una de las medidas más discutidas desde que se introdujeron en 1999, aunque fue la reducción de cuotas del 40% entre 2009 y 2010, fue la que hizo subir los precios a lo bestia (de hecho se generó un deficit del 14% de la demanda total). Los analistas hablaban de «guerra por las tierras raras«, incluso. Con esos precios no era extraño.

Los precios de las tierras raras desde 2008 a 2012. Ahí ve el pico de la restriccion de cuotas y el final del pico

Tras ese endurecimiento del proteccionismo chino, la Unión Europea, Estados Unidos, Japón y México presentaron una queja ante la OMC, que decidió investigar. En julio de 2011 se le declaró culpable de restricciones discriminatorias a las exportaciones de nueve productos básicos. Tras la sentencia, el Gobierno chino duplicó las cuotas de tierras raras a países extranjeros para el segundo semestre de 2011; eso hizo bajar algo los precios de los minerales, que habían roto todos los registros. Si el óxido de lantanio costaba más de 100 dólares el kilo en 2011, ahora está en poco más de 20. Lógico. Unos precios tan altos han sido un fuerte incentivo para la búsqueda de sustitutivos (aunque los chinos, muy piolas, dijesen que se les acababan). Luego, la crisis global ha hecho el resto. Añada una menor demanda industrial y el desánimo de los especuladores cuando a inicios de septiembre «Super» Mario Draghi declaró que el BCE compraría deuda a los países en problemas, en lo que se denominó «enseñar el bazooka«. Todo eso ha hecho caer los precios a mínimos históricos. Es más: los bajos precios han llevado a algún productor chino a parar, y a otros a aumentar la concentración empresarial, con compras y fusiones entre empresas mineras del sector, tanto en China (como REHT)  como en Estados Unidos (como el gigante Molycorp).

Pero, visto lo visto, el suministro de estos minerales preciosos va a seguir siendo, si no muy limitado, sí restringido debido a esa enorme concentración en China. Siempre existirá la duda de si será suficiente para satisfacer a todo el mundo y, por tanto, se va a tratar de un sector de esperable volatilidad en los precios. Sin embargo, por más que valiosas, las tierras raras no son todavía estratégicas. Hay 28 minerales estratégicos utilizados en la industria por tener propiedades especiales  y ser imprescindibles para el funcionamiento de la economía mundial. Serían el cobre, plomo, zinc, estaño, platino y uranio; tras ellos estarían el oro, la plata, el tungsteno o wolframio, el calcio y, luego, más lejos las tierras raras. Minerales como el coltán, el niobio, el berilio o el molibdeno estarían en esta lista debido a los últimos avances tecnológicos. Pero no se preocupe. Esta vez no va a ser diferente que en otras. Los precios de las tierras raras volverán a subir. No habrán guerras por su control, pero esto no acaba sino de empezar. Previéndolo, el Department Of Energy americano ha decidido constituir un centro experto en tierras raras. Para evitar «shortages» dicen. Y mucho los deben temer para invertir 120 millones de dólares. Así que cuando vea que los precios de la electrónica de consumo (los de los misiles Tomahawk también, pero es más difícil darse cuenta), del iPad 4 o del iPhone 7 o de los Prius empiecen a subir más pronto que tarde, fíjese bien. Igual son las tierras raras.

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Los números de 2012 del blog de David Ruyet

Aquí va esta entrada festiva sobre los numeritos de 2012 que los tipos de estadísticas de WordPress.com preparado sobre este blog, con una página especial. Han sido cerca de 120.000 visitas, a una media de más de 300 al día, con más de 130.000 en los poco más de veinte meses de vida de blog. Todo ello sólo me permite decir a todos los seguidores y lectores de este blog, fieles o circunstanciales, mudos o comentaristas, reincidentes u ocasionales, que leen o copian… A todos los que pasan por aquí… ¡¡¡Muchas gracias!!!

Haga click aquí para ver la página resumen

Un año donde se escribieron 46 post sobre temas energéticos y económicos; en realidad, donde escribo de lo que me apetece y, en la medida de lo posible, de temas de actualidad. Entre esos 46 el post más leído (con más de 24.000 lecturas) ha sido «El artículo de ‘Nature’ del que (casi) todo el mundo habla«, un caso de viral spread espectacular; mientras que el que tuvo el record de visitas en un día (con más de 10.000) fue «El tonto de Goldman Sachs«, resultado de que alguien lo posteó en Meneame.net en un momento muy sensible para los mamoneos de los amigos de la banca de inversión internacional. Para gustos, los colores; eso sí.

Agradecer también a todos los lectores internacionales del blog (o sea no españoles), que fueron casi la mitad, en especial al tipo de Burkina Faso que leyó un post. Gracias, o como dicen en bambara: «initiè». También agradecer muy especialmente a los maestros Pedro Linares y Antonio Turiel que linken y comenten ocasionalmente estos post y, por supuesto, al gran Clemente Álvarez de «El País» y el no menos grande Antonio Cerrillo de «La Vanguardia» por lo mismo. Eso sin olvidar a los 200 seguidores de Facebook, 290 de Twitter y 105 de este blog, que reciben por email la publicación de cada nuevo post. A todos ellos muy especialmente ¡¡¡Gracias por su fidelidad!!!

¿Y este 2013? Pues más o menos lo mismo; intentando tratar temas de interés, a ser posible de actualidad… llevando el tema a lo ameno, fomentando el debate, siendo irónico en lo posible, disciplinado en la publicación… incluso tengo pensada una serie de posts monográficos sobre geopolítica energética, ¡igual lo consigo!… A ver si, entre todos, avanzamos en el debate y mejoramos la forma en que entendemos la energía y sus implicaciones, la economía y sus efectos, y -en especial- las relaciones entre ambas, porque en el fondo, es casi lo mismo… Porque entender mejor las cosas nos debería servir para vivir algo mejor o, al menos, un poquito más tranquilos, que no sería algo menor. Muchas gracias, de nuevo, a todos. Esto sigue. No se vayan todavía, aún hay más.

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La curiosa apuesta de Ehrlich y Simon que nunca más se repitió

El cheque de los 576 dolares de Ehrlich a Simon. Fair Play, amigos, fair play..

Los años 70 dejaban tras de sí una década marcada aún por la «guerra fría», que se convertía en una «guerra caliente» entre norteamericanos y soviéticos en terceros países, ring de sus combates: Vietnam, Camboya, Laos, Tibet, Uganda, Afganistán, Argentina, Chile, Uruguay, El Salvador… Eso antes de entrar en los 80: el neoliberalismo, la oscuridad social en Occidente (el SIDA, las drogas, la destrucción del estado social en USA y UK…) y la amenaza del conflicto global de la «guerra de las galaxias» propuesta por Reagan. Mientras, el comunismo se desintegraba, poco a poco… Además, los 70 le dejaban a los 80 como herencia un elevado pesimismo social y ambiental fruto de la recuperación del peor maltusianismo catastrofista. La publicación por el Club de Roma en 1973 de «The Limits to Growth» y en 1968 de «The Population Bomb» -el best seller de Paul R. Ehrlich– revisitaban el mito de la finalización de los recursos del planeta por parte de una población creciente. Sólo faltaban las ropas llenas de lentejuelas, los hombros exagerados y el cuero barato, además de aquellos pelazos llenos de productos químicos para darles volumen, volumen y volumen, para que todo fuese deprimente al máximo.

En 1980, y bajo ese clima negativo sobre el agotamiento de los recursos y su control, el economista liberal Julian L. Simon y al ecólogo maltusiano Paul Ehrlich cruzaron una curiosa apuesta. Ambos tenían dos visiones claramente contrapuestas. Julian L. Simon era lo que se llama un tecnooptimista cornucopiano. Este profesor de economía de la Universidad de Maryland describía en 1981, en «The Ultimate Resource«, un mundo donde la riqueza, la población y la tecnología permitían un progresivo crecimiento. De hecho, Simon ya la había liado en «Science» en esas fechas al publicar un artículo de inequívoco título «Resources, Population, Environment: An Oversupply of False Bad News«; además de una avalancha de protestas (entre ellas la de Ehrlich), se había quedado a gusto con frases del estilo «por increíble que pueda parecer […] los recursos no son finitos«. Es decir lo opuesto a lo que pensaría cualquier neomaltusiano -como Ehrlich-. Porque éste, un prestigioso entomólogo experto en mariposas de la Universidad de Stanford, entendía que el futuro inmediato sólo podría ser la catástrofe. Según sus cálculos el crecimiento de la población (la «bomba demográfica» de su libro) provocaría entre 1970 y el 1985 la muerte de millones de personas por hambre, y pedía acciones decididas y urgentes para controlar la natalidad.

En el gráfico se ve lo que le pasó a los metales elegidos por Ehrlich. Cuando descontabas la inflación la cosa se iba a la mierda

Así que ambos acordaron una apuesta donde Ehrlich eligiría 5 entre cualquiera de las commodities -cereales, metales, combustibles- de las que, 10 años después verían qué habría pasado con su precio. Sobre un máximo de 1.000 dólares, verificarían la variación del precio y uno pagaría al otro según el alza o la baja. Ehrlich, asesorado por su amigo y colega John P. Holdren (profesor de Harvard y hoy asesor del Presidente Obama en ciencia y tecnología) con el que escribieron el famoso paper sobre la ecuación IPAT, eligió el cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno. Ehrlich estaba convencido de que estas cinco subirían de precio. Simon de lo contrario. Ambos decidieron acatar los resultados y que en 1990 ajustarían sus cuentas (y nunca mejor dicho) por un máximo de 200 dólares por metal, apuesta que se pagaría en efectivo. Firmaron un contrato y no se dejaron de repartir leña por escrito el uno al otro en esos 10 años.

Se acercaba 1990 y la población había crecido en más de 1.800 millones de personas en el mundo desde que Ehrlich publicó su apocalíptico libro en 1968. Igualmente, en esos diez años, las reservas de metales existentes en la Tierra no habían aumentado. Con eso de más demanda e idéntica oferta, Ehrlich se frotaba las manos. Pero llegó octubre de 1990 y, para espanto de uno y carcajadas del otro, TODAS las commodities seleccionadas habían bajado su precio. El descubrimiento de nuevos yacimientos, la finalización del monopolio del níquel canadiense, las mejoras en el proceso productivo, las mejoras en la extracción del cromo, la existencia de sustitutivos de metales más caros como cerámicas, plásticos u otros metales más baratos… entre todas ellas habían ajustado el precio de las cinco selecccionadas descontando la inflación, más o menos como Simon había previsto. Así que Ehrlich le envió a Simon por correo un papel con sus cálculos de variación de precios y adjuntó un talón por valor de 576 dólares y 7 centavos, firmado por su esposa Anne (co-autora del «The Population Bomb«). Aunque la historia se hizo famosa en todas partes (aquí el artículo del NYT de 1990), nunca se vieron las caras.

el GMO commodity index que por fundamentales demuestra el cambio de paradigma

Simon le respondió con una nota dándole las gracias y, canchero, le propuso elevar la apuesta a 20.000 dólares, sobre cualquier otra commodity y para cualquier año futuro. Ehrlich no aceptó la nueva apuesta. «The bet doesn’t mean anything» dijo; «I still think the price of those metals will go up eventually, but that’s a minor point. The resource that worries me the most is the declining capacity of our planet to buffer itself against human impacts«. Para Ehrlich no había ninguna enseñanza para el futuro. Para Simon: «Paul Ehrlich has never been able to learn from past experience«. Toma castaña. Y más canchero aún añadió que cualquier desastre sería una oportunidad. Por ejemplo, en el cambio climático, Simon entendría que la humanidad hallaría la forma de evitar el cambio de clima o de adaptarse a él, con lo cual todos -al final- saldrían ganando: «That sounds like an even better way to make money. I’ll give him heavy odds on that one«. Simon murió en 1998 y Ehrlich no aceptó nunca esa nueva apuesta… lamentablemente para él, pues el precio de las commodities elegidas no dejó de subir desde 1994 hasta hoy. Efectivamente, si Ehrlich hubiese aceptado la apuesta y esperado a 1995, habría ganado desde entonces. Simon no tenía razón, pero sí era un tipo afortunado en el juego ¿no?.

No hay ninguna ley de la naturaleza por la que los precios de los productos básicos (ajustados a la inflación o a lo que sea) bajen inexorablemente. Es cierto que los precios altos durante un tiempo suelen acabar bajando, pues generan sustitutivos. Pero lo mismo podría significarse al revés: los precios bajos generan altos pues la demanda los hace aumentar. Tampoco es así siempre. En realidad, lo que se discutía con esa apuesta infantil era algo más. Era dilucidar dos visiones contrapuestas sobre los límites reales del planeta y el destino de la humanidad. Porque ni los metales ni el petróleo se acabarán; la era del petróleo, o de los metales, acabará, pero no por quedarnos sin ellos. Se trata de saber cómo será esa transición. En estos años veremos los límites económicos de nuestro sistema que, a costes marginales crecientes, se probará contra las enormes volatilidades que vendrán. Como nos recordaba Jeremy Grantham en su comentadísimo “Time to wake up: days of abundant resources and falling prices are over forever“ de julio de 2011. La sobrepoblación y el entorno globalizado han generado una enorme demanda de recursos energéticos y materias primas en general que de momento se soportan por las mejoras tecnológicas asociadas a la producción de alimentos. Se habría producido un cambio de paradigma donde la tendencia de precios a la baja en las materias primas -de todo tipo- habría finalizado. Simon ya pierde. Gana hoy Ehrlich. ¿Para siempre?

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