Teorías del colapso energético (IV): Olduvai, o vuelve el hombre (de Cromagnon)

«We finally really did it. You maniacs! You blew it up! Damn you. God damn you all to hell!» gritaba, arrodillado el pobre Taylor. Frente a él, semiderruida, la Estatua de la Libertad bañada por la costa en lo que algún día fue New York. Y es que aquel planeta, lleno de simios habladores y hombres mudos, fue años atrás la Tierra; y su civilización, como Taylor la conocía, habría sido probablemente destruida tras un holocausto nuclear. Pobre Taylor. Pobre astronauta. Tanto trabajo pa ná.

Seguro que el Dr. Richard C. Duncan pensó en el astronauta Taylor cuando, ahí por los 90, desarrolló sus teorías sobre el fin de la «civilización industrial». Y es que Duncan (un  profesor seriote de la Universidad de Oregón) exponía en 1991 en «The life-expectancy of industrial civilization» su concepto del «pulso transitorio de la civilización industrial» presentado ya en 1986. La idea que subyace en las propuestas de Duncan es el fin de la época industrial de la humanidad y el retorno a una nueva edad de piedra. Aficionado a la arqueología, su teoría tomó en 1996 el nombre de la Garganta de Olduvai en Tanzania, un yacimiento arqueológico en que se encontraron rastros de los primeros utensilios de los homínidos («The Olduvai Theory: Sliding Towards a Post-Industrial Stone Age«).

Según Duncan, la actual época industrial y tecnológica duraría unos 100 años; se habría iniciado en 1930, por lo que a partir del 2030 la humanidad experimentaría un progresivo periodo de conflictos, caracterizados por la escasez de recursos global, el proteccionismo de los estados, los conflictos por los alimentos y el fin de la civilización mundial tal y como lo conocemos. Este colapso progresivo o die-off (el website de Duncan se llama así) se fundamenta en el agotamiento progresivo de los recursos, imposible de encajarse con el consumismo creciente. O sea muy malthussiano y, por tanto, deprimente por definición.

La formulación de Duncan en la actualización de su teoría de 2007 (se le critica que en cada nueva versión modifica muchos datos) establece un modelo que integra el peak oil, la intensidad energética per cápita del petróleo, la producción de energía per cápita, la biocapacidad terrestre, las migraciones y el papel del carbón. Este modelo se encaja para Estados Unidos, aunque luego lo extrapola. Hay un elemento de evidente extrapolación y certeza clara: el ritmo de consumo energético y crecimiento de la población mundial no va a poder mantenerse ante el recurso de las fuentes de energía accesibles (no digamos baratas: el precio es resultado de su accesibilidad). En este escenario, Duncan calcula la tasa de energía (accesible) per cápita, determina el pico (para él en 2010) y luego calcula la variación de la tasa para ese punto. Ya que en 2030 obtiene un valor similar al de 1930 (tasa de energía per cápita, recordemos), marca para entonces el fin de la civilización industrial tal y como lo conocemos. El acabóse.

A partir del dato crudo, Duncan da un pasito más. Empieza a imaginar cómo será ese apocalípsis de la civilización: apagones en 2012, escasez de agua en 2015, crecimiento del consumo del carbón, más contaminación, empeoramiento generalizado del nivel de vida (o sea gran carestía de alimentos) del orden del 60-80%, conflictos sociales, más de 1.700 millones de muertos entre 2015 y 2027, para quedarse en 2.000 millones en 2050,… y vuelta al estándar energético de la época neolítica, digamos del 3.000 antes de Cristo. Vuelta a una economía agrícola entre los rascacielos de Manhattan. Escarolas en el Camp Nou. Patatas en el Bernabeu. MBA en tiro con arco, PMD en fire-up techniques y PhD en pulido de piedras. De ahí lo de Olduvai. Qué cuco.

Probablemente sea la interpretación más deprimente del peak oil. De hecho, y en tanto de forma indirecta, establece la imposibilidad de mantener un estándar energético idéntico al actual (como ahora, dónde el 15% de la población consume el 80% de los recursos), ha sido inmediatamente defendida por grupos ultraconservadores americanos, que han asumido la necesidad de defender como sea su estándar vital. Lo cierto es que, para lo desmoralizadora que es, la teoría ha tenido mucho éxito… y muchos detractores: aquí el siempre interesante The Oil Drum, y aquí Pedro Prieto de la AEREN. Bien mirado, el «Planeta de los simios» también era deprimente, pero estaba más entretenida.

Y es que en el fondo todo esto ya lo predijo Malthus en el siglo XIX (ver el post sobre la sobrepoblación). La explotación de los recursos es lineal y el crecimiento de la población exponencial, y es previsible el conflicto en algún momento. Como el ecosistema se regulará sólo, y se volverá al punto de equilibrio con menos población, proceso que no será agradable. Para los incondicionales de Malthus, aquí la traducción del «An Essay on the Principle of Population» de 1846, dónde decía lo mismo que Duncan, pero con mucha más gracia (y bastante antes). Dice Malthus (un clérigo inglés del XIX, don’t forget): «El objeto de esta obra, mas bien que proponer planes de mejora, es manifestar la necesidad de contentarse con el medio de mejora que la naturaleza nos ha prescrito, y no poner obstáculos á los progresos que debe producir si nadie le contraria» (sic, página 382).

¿Dónde falla la trampa malthussiana? en obviar el papel de la tecnología. La demanda de recursos puede ser exponencial, pero la tecnología permite aumentar la productividad de forma también exponencial (pero a saltos). Los trabajos de la danesa Ester Boserup en los 60 nos demostraron los efectos de la tecnificación agrícola, y cómo se podía bordear la curva de población. A Malthus le pilló la revolución industrial al poco de su teoría: la máquina de vapor permitió aumentar la productividad exponencialmente en tiempo récord ¿Dónde puede fallar la teoría de Olduvai? Probablemente en el mismo punto; eso  y en que no se ve a las principales potencias del planeta con muchas de ganas de ir a una guerra global, y sí de devaluar su moneda para exportar, cosa que chincha un rato pero duele menos. Igual algo sí hemos aprendido. Ala, a investigar en tecnología tocan.

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Teorías del colapso energético (III): los «enteraos» (ellos y sus circunstancias)

Tremenda la portada de Barron’s de esta semana: «¿Listos para el barril de petróleo a 150 US$?«. Hombre, de entrada, la respuesta es NO. La cosa quedó clara el 5 de mayo de 2011 (en que los mercados de futuro llevaron el barril a unos 115 US$ y el sistema, en su conjunto, chirrió); pero, sobretodo, quedó más que clara el 3 de julio de 2008, cuandoel WTI llegó a un impensable $145,29 el barril. Y así nos ha ido desde entonces.

«Barron’s» es una revista semanal bastante seria, y que mete mucha caña a los fraudes bursátiles. En España, cuando alguien utiliza información privilegiada le meten un cachetito -si se lo meten-, en USA la SEC se lleva a los del insider trading esposados y luego a la trena; ya se sabe que en USA la mentira es motivo de exclusión social; aquí es «picardía»… y así nos va, claro; la publica Dow&Jones, igual que The Wall Street Journal y tiene unos 300.000 lectores de media. Para fijar ideas, Expansión no llega a los 200.000.

Pero artículos como éste de Gene Epstein (antiguo economista jefe de la Bolsa de Nueva York) se corresponden con lo que se puede calificar de «enteraos». Esta claro que la prensa generalista no tiene la exigencia de la científica; esta claro también que la pura divulgación no tiene que ser un paper permanente. Primero, porqué eso es un rollazo y, segundo, porqué eso es un nicho de mercado de difícil rentabilidad. Este blog intenta quedarse a medio camino: divulga temas sobre energía y economía, pero traza con sus fuentes  los temas que son no triviales o no constituyen la pura opinión del autor. Y aún así, a veces…

Pero vayamos al tema. La lectura del artículo plantea como punto más interesante el siguiente: “Despite the recent 20% decline from April highs, new highs on crude, heating oil, diesel fuel, jet fuel and gasoline seem likely over the next 12 months. Following some further easing over the summer, the second leg of the long-term bull market in petroleum–the first occurred in 2007-08–probably will begin this fall. As oil producers’ spare capacity gradually declines to worrisome levels, the average monthly price could reach a record $150 per barrel by next spring, with spikes to $165 or $170. With this, $4.50-a-gallon gasoline will become the norm. That will put a huge dent in consumer wallets, while ramping up the desirability of fuel-efficient cars”. Caray.

Básicamente, Epstein dice que el petróleo bajará en los próximos meses (algo que ya sabemos porque por el pasado 23 de junio, USA liberó 30 millones de barriles de reserva estratégica (el 4%), combinado con otros países europeos para liberar hasta 60 millones, algo que no había pasado en 40 años, con intención de fomentar el consumo). Pero añade que volverá a subir en primavera de 2012 hasta 150 US$, con puntas de hasta 170 US$ (¿¿¿Comorrr???). En el artículo no hay ni un sólo análisis técnico que fundamente esa opinión. Ni una mínima prospectiva. Ni un análisis de escenarios. Ni cartas del tarot. Alguna gráfica, eso sí. Cita un par de analistas y el resto lo que todos sabemos: que si la OPEC, que si Libia, que si la spare capacity… O sea nada. Eso sí, tiembla mundo que vienen los 140 US$. No, mejor pon 150 US$, que acojona más y es un número más chulo (tiene un cinco). Bullshit.

Este sería solo un ejemplo de cómo las gastan los enteraos. Ejemplos de gente seria, muchos: por ejemplo aquí Reuters expone las opiniones de 20 analistas.  Ejemplos de los enteraos, también: por ejemplo aquí Rand expone las predicciones fracasadas en 1980-1990. Aquí los del imprescindible Huffington Post se mofan de algunas predicciones de los enteraos, y les piden que se jueguen pasta si no aciertan. Aquí Goldman Sachs, dice que la pifió en 2008. En el gráfico, las pifias sucesivas de la EIA americana en 25 años (siempre dan el número pero no dicen cómo, porqué sí y porqué no). Es lo que tiene ser un enterao del establishment.

Ya sabemos que el petróleo va a ser cada vez más caro. Que es probable (o más) que se haya llegado al peak oil. Que deberá accederse a hidrocarburos menos ligeros y de mayor profundidad (y, por tanto, más caros en su extracción y refino). Pero, además de esta tendencia estructural al alza, hoy el crudo sube porque la demanda no baja (y es que no baja nada), y por efecto de la especulación en los mercados de futuros. La liquidez de los planes de estímulo ya se ha filtrado a la economía, y se va a quedar allí una temporada. Por todo eso no es esperable que baje de los 100 US$ en 2012 (eso dicen 8 de los 20 de Reuters). Pero saben que si aprietan más a la vaca, la matan. Eso sí, mientras tanto, lo que sea para vender una revista más.

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Teorías del colapso energético (II): el (famoso) peak oil de Hubbert

¿Lo saben aquél que diu…? que era un tipo que estaba pintando la línea de la carretera con una brocha y un bote de pintura, y resulta que le llama el jefe para cantarle la caña.  «Oye, Jordi, el primer día pintaste 50 kilometros, y aluciné; el segundo dia, 40 Km y seguí alucinando; al tercer dia, 15 kilometros, y ya me empecé a mosquear; pero el cuarto dia, Jordi… el cuarto día… ¡sólo 2 kilometros! ¿¿¿¿Qué pasa Jordi????» Y dice Jordi: «¡¡¡Collons, que cada día esta más lejos el bote de pintura, tú!!!»

Pues a esto se le llamaría «peak oil» si el bote fuese un pozo de petróleo y Jordi, pongamos, REPSOL. Véamos.

Marion King Hubbert fue un geólogo-matemático-físico tejano que trabajó en el departamento de investigación de la petrolera Shell Oil en los 50. En 1956, advirtió que la producción de petróleo en USA. de 48 estados (sin Alaska) llegaría a su máximo de producción entre 1965 y 1970 y que, a partir de ese momento, descendería. Podemos suponer -conociendo la condición humana- las guasas que debió sufrir el pobre. Pues acertó de lleno. En 1970 producían unos 9,6 mbd (millones de barriles al día) y desde entonces sólo ha descendido; hoy se extraen poco más de 5,5 mbd de suelo americano.

La idea de Hubbert surge al interpretar la curva de campana formada por la agregación de las curvas de explotación de los yacimientos individuales. En realidad, constituye una proyección de la tasa de extracción de un recurso finito (cualquiera) con el tiempo. Toma forma de campana (a menudo se la confunde con una gaussiana) y tiene una lectura muy intuitiva: la tasa de extracción inicial crece rápidamente (es fácil), pero a medida que se accede a puntos más profundos, lógicamente, cuesta más de extraer. Da igual que sea petróleo, un pozo de agua o un bote de patatas Pringles. Las primeras salen fácil; el resto no. Aquí, un video de 1976 dónde Hubbert cuenta, con acento cerrado de Texas y sin powerpoint, la teoría del pico del petróleo (peak oil). Si en vez de Texas hubiera sido, pongamos, de Gratallops igual habría contado el chiste del pobre Jordi.

Lo cierto es que las previsiones de «peak oil» se han ido cumpliendo en muchos países productores de petróleo: USA en 1970, Egipto en 1993, Argentina en 1998, Colombia, Gran Bretaña y Ecuador en 1999, Australia en el 2000, México en 2004… ¿quiere decir eso que se les acabó el petróleo?  NO. Ni mucho menos. Simplemente, que su tasa de producción empezó a decrecer en esa fecha y, por definición, se ha incurrido en mayores costes marginales de producción (cada nueva unidad es más cara que la anterior); ello ha motivado seguros costes de producción al alza. Obviamente, la tasa de extracción ante una menor demanda agregada también debería reducirse, pero la demanda (unos 88-89 mbd) no baja desde 2009 gracias a los emergentes. Raise up!

Algunos autores sostienen que ya se habría llegado al peak oil mundial. El fallecido en Matthew Simmons (una autoridad en el tema) sostenía que fue en 2008. Richard Branson, el CEO de Virgin, sostiene que será en 2015.  Incluso los cables de Wikileaks de 2007-2009 indican que los saudíes podrían llegar a su peak oil en 2012. Lo cierto es que existe un cierto consenso sobre la inminencia del peak oil, si bien es obvio que desde el año 2000 (con 40 US$/bbl) la tendencia de los precios es alcista, con un pico en 2008 acrecentado por la especulación. Es decir, que ya estamos en costes marginales crecientes al margen del peak oil sí o no. Lo cierto es que en algún momento de los próximos 30 años el coste del petróleo será insoportable (como ya se comentó aquí en plena crisis y con la actual burbuja de liquidez, a partir de 110-115 US$/bbl la cosa ya chirría), y si no de dispone de alternativas o complementos… Pinta mal.

¿Soluciones? La IEA (el lobby energético pronuclear de los países de la OCDE) lleva tiempo planteando la situación (para ellos el peak oil fue en 2006; no lo dice pero se ve en sus gráficos), si bien sin histerias apocalípticas. Cómo debe ser. No debe olvidarse que la EIA es un think tank surgido como reacción occidental a la crisis del petróleo de 1973, por lo que lleva impreso en su ADN la promoción nuclear y la crítica a la dependencia petrolífera. Su imprescindible World Energy Outlook anual cuenta cómo debe cubrirse esa cuota (-8,9%) que, anualmente, pierden los campos actuales. Si se calcula que en 2020 nos faltarán 28 mbd, el 60% saldrá de campos existentes que se deben explotar; el resto (unos 11 mbd) de «new fields that are yet to be found is in non-OPEC countries, largely in deep water». Pues en 2035 los «new fields» deberán proporcionar más de 30 mbd. Ya nos podemos poner las pilas.

Para acabar de complicar la situación, es evidente que los nuevos yacimientos serán de más difícil explotación: mayor profundidad y crudo de peor calidad, para el que será preciso destinar más energía a su extracción y refinado. Esta energía que se gasta en cambiar el formato de otra se evalúa con el EROEI (Energy returned on energy invested) o Tasa de Retorno Energético. Tasas menores de 1 (gasto más energía de la que obtengo) son difícilmente justificables energéticamente, si bien económicamente pueden tener sentido (no hacer nuevas inversiones que se deben recuperar, aunque aumente el gasto). Pero es obvio que todo ello genera más costes marginales y, por tanto, precios al alza.

El problema, en el fondo, lo tenía claro Hubbert: «The world’s present industrial civilization is handicapped by the coexistence of two universal, overlapping, and incompatible intellectual systems: the accumulated knowledge of the last four centuries of the properties and interrelationships of matter and energy; and the associated monetary culture which has evolved from folkways of prehistoric origin«. Que somos la monda cuando nos acostumbramos a lo bueno, vaya.

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Teorías del colapso energético (I): las olas de Kondratieff

El progresivo agotamiento de los combustibles fósiles o -mejor dicho- el incremento sostenido de sus costes marginales (cada nueva unidad es más cara que la anterior), plantea un escenario de dudas sobre el futuro inmediato del siglo XXI.  el que ha empezado con la peor crisis en 70 años. Así que parece interesante echar una ojeada a algunas de las teorías del colapso de algunos de los mejores agoreros: esos tipos tan majos que tienen claro que lo peor está por venir.

Nikolai Kondratieff fue un brillantísimo economista ruso prematuramente ajusticiado en el gulag por las purgas soviéticas con sólo 48 años. Tuvo tiempo de publicar una serie de trabajos en los años 20 sobre los movimientos cíclicos de la economía, que han tenido una gran influencia y que en los últimos años ha vivido un cierto revival. Kondratieff (llamémosle K para abreviar) planteaba una teoría proponiendo como la economía del mundo se movería en sendos ciclos de coyuntura de corto, medio y largo plazo. Él centró sus estudios en las del largo plazo, denominadas “olas de Kondratieff” y que durarían, por término medio, unos 50-60 años.

Según K cada ciclo económico se fundamentaría en la aparición de una innovación tecnológica que permitiría aumentar la productividad, explicando cada fase de impulso de su crecimiento… hasta entrar en colapso. Se sabe que el capitalismo es un sistema que juega con los ciclos de producción y consumo, de crecimiento y rotura de stocks. La demostración de la existencia de ciclos económicos es algo que hoy vivimos en nuestras carnes: ciclos de expansión y contracción que se suceden, sin intervalos regulares, de un sistema que, en teoría, se purga a sí mismo periódicamente. K nos daría una pista importante: detectar la innovación que establece cada nueva onda nos permitiría prever esta dinámica económica. En otro post, ya se habló de las teorías de la destrucción creativa de Schumpeter, en realidad, uno de los mayores reivindicadores de K.

Hasta la fecha se habrían detectado cinco olas (o largos, o ondas largas, o K-waves, o supercycles), algo de aceptación bastante unánime en la literatura científica. Algunos detectan seis olas (como las del gráfico). Otros cinco. El pobre K sólo conoció dos de completas. Todas tendrían la misma dinámica para las fases de expansión y depresión. De hecho, a las fases de los ciclos inflacion-deflación se las clasifica como las estaciones: primavera-verano-otoño-invierno.

Primera ola: la revolución industrial (de 1793 a 1847). A partir de una innovación tecnológica como fue la máquina de vapor, se genera un ciclo de cincuenta y pico años en la que aparece la gran industria, que hace desaparecer la manufactura. Aparece la máquina. Y el algodón. Y el carbón.

Segunda ola: el ferrocarril (de 1847 a 1893). Una época dominada por la aparición del acero, que permitió el desarrollo del ferrocarril y con él un cambio total en la movilidad. Sigue el carbón.

Tercera ola: la electricidad (de 1893 a 1939). Los grandes descubrimientos de finales del XIX dan paso al uso masivo de la electricidad como formato energético que permite usos tecnológicos desconocidos. Pedazo de innovación. Y con ella, la química a escala industrial. Toda la física divertida es de esa época.

Cuarta ola: los automóviles (1939-1984): la innovación la marcan el petróleo y automoción. La fuente de energía más barata por unidad energética de la historia. Y masiva. La producción en masa y las economías de escala. La II Guerra Mundial y la Guerra Fría. Y un sistema que precisa de renovar el coche periódicamente para subsistir.

Quinta ola: internet (1984-¿hasta?): las tecnologías de la información son la innovación del ciclo; la globalización marca esta nueva ola. Internet. El mundo es plano. ¿Hasta cuando? En teoría esta onda duraría hasta el 2040-2050, pero el decrecimiento de la onda empezaría, más o menos, en 1984+25=2009. Y tras eso unos 10 años de depresión. Clavao ¿no? Y por el camino el petróleo cada vez más caro. Otoño largo; invierno crudo. Se acabó la fiesta.

Para el 2035, más o menos, debería llegar el sexto Kondratieff… ¿Cuál será esa nueva innovación impulsora? ¿Cómo la pagaremos? ¿Cuál será la tecnología líder? ¿la nanotecnología? ¿las renovables? ¿el gas natural? ¿el ciborg? Intriga. Y hasta entonces, a aguantar. Con un par.

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«It’s about the commodities, stupid!» (con cariño para los indignados)

«It’s the economy, stupid» dijo, entre dientes y con media sonrisa, James Carville en el último debate entre Bill Clinton y George H.W. Bush (padre) durante la campaña presidencial de 1992. Clinton le acababa de birlar la cartera a Bush ante la señora del traje rojo post-ochentero. Nadie creía que, con el aval de la victoriosa blitzkrieg en el Golfo, Bush pudiese perder con el hijo de la enfermera. Pues así fue. And 4 years more.

James Carville, el alopécico hijo de un vendedor de enciclopedias de Louisiana, era el director de estrategia de la campaña de Clinton y buena parte de su éxito se debío a él. Ideó una campaña muy simple, basada en tres ideas concretas y convicentes. Las pegó en las paredes de todo los despachos y salas del equipo de campaña. Todos las conocían. Tres ideas que vertebraban el mensaje de cambio que proponía Clinton:

  1. «Change vs. more of the same«
  2. «The Economy, stupid«
  3. «Don’t forget health care«

La concreción vence. Y es que los electores no estamos dispuestos a un elevado «coste de adquisición de información» sobre los candidatos. No vamos a analizar programas políticos, compararlos, conocer al quinto o doceavo de la lista de otras candidaturas, contribuir a los partidos,… Nos basta con la «marca», un rostro, un spot, un logotipo y, como mucho, media hora de un debate electoral. Porque… ¿Cuál es el incentivo? ¿Qué gano destinando mucho a obtener esa información? Silencio. ¿Verdad?

Por eso son tan ingenuas las propuestas de los «indignados» solicitando «democracia real«, «listas abiertas«, «referendums» y procesos más participativos (durante la II República Española, de hecho, ya hubieron listas abiertas). No hay excesivo interés en los electores en un proceso tan costoso de búsqueda de información. Y de implantarse ¿cómo se diferenciaría el candidato de la posición decimoséptima de una lista para darse a conocer? Populismo o, directamente, freakismo. A la práctica, mucho más caos.

He leído con interés el listado de propuestas de acampadaBCN. Prescindiendo de las elevadas coincidencias con el programa electoral de Iniciativa per Catalunya – Verds (que también he revisado aquí), resultan tediosas, desiguales y, a la vez, repetitivas. Es el clásico problema del movimiento asambleario, que debe recoger la propuesta estrella de cada uno de todos sus colectivos. Primera impresión: 8 páginas de brainstorming puro. Malo. Segunda impresión: no hay prioridades. Peor. Tercera impresión: un cierto aire déjà vu. En otras palabras: there is nothing new under the sun.

Les hace falta James Carville. Ya.

Pero lo que me sorprende más es el aire autárquico de la propuesta. Como si se pudiese dirigir la economía de un país o territorio al margen del resto. Porqué ese es el problema. Hoy, la Economía o es global o no es. Y el problema actual no viene de cuatro chorizos (gestores públicos), cuatro incompetentes (los banqueros) y su vergonzante connivencia. Tampoco viene de los ninjas. España se trajo los ingresos del futuro al presente y ahora no tiene con que pagar las deudas. Así que sólo hay una solución: gastar menos. Este país va a ser modestito durante (algún/bastante/mucho) tiempo (escoja la opción en función de su estado de ánimo, endeudamiento y ahorros).

Y todo eso en un escenario de complejidad absoluta, sobreliquidez, sobreapalancamiento y de precios al alza. En otro post ya se comentó la necesidad  de calibrar el peso de la especulación en materias primas, un riesgo elevadísimo. La ONU (otra gran asamblea de indignados) tiene bastante claro dónde hay que mirar: en la burbuja de commodities que se acerca… Si explota se va a llevar por delante, sobretodo, a los emergentes (como ya se contó aquí, aquí y aquí). Y si eso ocurre, luego se llevará por delante a los europeos, que compran fuera el 75% de su energía. De hecho, durante el último año, en Europa se ha doblado del 1% al 2%. Y si sube la inflación, no hay indignación que la baje.

Adjunto una imagen de miseria real estraída del The Chart Store: el coste de adquirir energía. Cada vez habrá que trabajar más para adquirirla. Y esta tendencia puede extrapolarse al resto de materias primas. Resultado: inflación; Efecto: tipos al alza. Resultado: nuevo shock. Y es que son las materias primas las que nos otorgan, en el fondo, libertad y calidad de vida. La auténtica miseria no deriva de no poder comprarse un piso en propiedad, o que tu diputado sea un golfo, o tener 1.000, 2.000 o 3.000 € al mes; la miseria te la trae la inflación. A cada paso que das, el camino se alarga tres. Así es la inflación. Cuanto más corres, más largo es el camino. Los otros te mueven la alfombra. Eso es la inflación, y por eso es tan terrible.

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