¿Más mujeres en política son menos emisiones de CO2?

Tremendo. Un reciente estudio de los psicólogos de la Universidad de Oregón Ergas y York, titulado «Women’s status and carbon dioxide emissions: A quantitative cross-national analysis«, sugiere que aquellos países donde el rol de la mujer es políticamente más activo presentan menores emisiones de gases de efecto invernadero. Mejorar el estátus político de las mujeres, entendido como «the length of time women have had the right to vote and women’s representation in parliament and ministerial government» reduciría las emisiones de CO2 per cápita. Es decir, una gobernanza más igualitaria sería indicativo de un sistema energético más sostenible o, al menos, de mayor preocupación ambiental. ¿Puede ser cierto? El paper de Ergas y York trae a la cabeza la diferencia entre causalidad y correlación. Si dos variables muestran correlación (aparición simultánea, de forma que si una crece -o decrece-, la otra también), puede que una sea causa de la otra (es decir, exista causalidad). Pero también puede ser que haya terceros elementos que generen las dos o que, simplemente, exista una coincidencia. Tenemos tendencia a creer esa mentira lógica que en latín venía a ser  “Cum hoc ergo propter hoc”; en castizo «si aparecen juntos es que son causa y efecto«.

Pero no es menos cierto que existen varios estudios que indican esa relación entre presencia femenina y mayor respeto ambiental. Aquí el de Shandra y London de 2008, en el que estudiaban 61 países durante 10 años para demostrar que la mayor presencia de la mujer reducía la deforestación. Aquí el de Nugent de 2009 de conclusiones parecidas («increasing women’s political status in particular through representation in national government has a positive effect on state environmental protection efforts«). Pero Ergas y York demuestran la existencia de correlación entre ambos elementos sin explicar la posible causalidad. Apuntan que es «possible that women make different decisions than do men when placed in positions of power«. Es decir, existiría un modelo de gobernanza diferente con mujeres. Y cuantifican el peso de esa influencia femenina en la gobernanza: un tercio de las posiciones «decision-making» deberían recaer en mujeres. Con menor representación en las organizaciones, las mujeres “may be ignored, they may feel too intimidated to comment, or they may not be particularly representative of women in general, having been selected because their views were consistent with the men in the organization.”. Mire el mapa de abajo y verá cuánto queda hasta ese 30%…

Que el siglo XXI será (aún no lo es) el de las mujeres es más que una remota posibilidad. Si pensamos en el rol de la mujer durante la historia de la humanidad, el cambio ha sido brutal. Durante miles de años, el rol de la mujer ha sido el de mero anexo reproductor. Ya se comentó en aquel post en que se planteaba que el pasado había sido una mierda. Si te tocaba ser mujer, doble mierda. Hasta 1960, de la igualdad de genero no existía ni el nombre. Puede que la revolución real, más allá de todas las mujeres pioneras que han ido cambiando el mundo, llegara con la píldora anticonceptiva en los 60 (en España fue legal en 1978). La píldora permitía, por primera vez en la historia, a la mujer marcar su futuro: decidir cuántos hijos quería tener y, sobretodo, cuándo. Si bien Mattel sacaba al mercado Barbie en 1959, generando un exigente modelo estético de la mujer que aún la marca, esta segunda ola de feminismo (a diferencia de la primera ola, de inicios de siglo, cuando las sufragistas consiguieron el voto femenino) marcó el nuevo escenario. Y la píldora como paradigma de una identidad femenina efectiva, junto con la educación no discriminatoria de niños y niñas, basada en la igualdad de oportunidades han sido la base sobre la que hoy se construyen las sociedades occidentales (más o menos laicas). Si bien queda mucho por hacer, esta tendencia es imparable.

A 5 de mayo de 2012 en el mundo hay únicamente doce mujeres presidentas de sus respectivos países: Liberia (Ellen Johnson Sirleaf, y además Premio Nobel de la Paz en 2011), Suiza (Eveline Widmer-Schlumpf), India (Pratibha Patil), Argentina (Cristina Fernandez de Kirchner), Lituania (Dalia Grybauskaitė), Costa Rica (Laura Chinchilla), Brasil (Dilma Roussef), Kosovo (Atifete Jahjaga), Serbia (Slavica Đukić Dejanović), Malawi (Joyce Banda) y Mauricio (Monique Ohsan Bellepeau); y nueve primeras ministras: Angela Merkel en Alemania, Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, Portia Simpson Miller en Jamaica, Hasina Wajed en Bangladesh, Yingluck Shinawatra en Thailandia, Jóhanna Sigurdardóttir en Islandia, la hindú Kamla Persad-Bissessar en Trinidad y Tobago, Iveta Radicová en Eslovaquia y, en Australia, Julia Gillard. Ejemplos de máximo liderazgo político femenino en los cinco continentes existen; pocos, eso sí (hay 198 países…). Y si pensamos en mujeres liderando organismos multilaterales, la cosa se acaba con Christine Lagarde en el IMF, Helen Clark (que seguro no sabrá quién es, y mueve 5.000 millones de dólares y 8.000 personas como Administradora del Programa de la ONU para el Desarrollo) y con Cristiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención de la ONU contra el cambio climático. 51% de la población mundial y sólo 12 de las 500 empresas del Fortune 500 son dirigidas por mujeres.

Hay numerosos estudios, en especial desde los 90, donde se defiende la existencia de un liderazgo mucho más democrático por parte de las mujeres (Ergas y York repasan en su paper la bibliografía sociológica, y recuerdan el famoso paper de Appelbaum). El liderazgo femenino sería  diferente. No mejor, pero sí «moderadamente diferente«: más integrador, comprometido y atento. Appelbaum reconocía que el liderazgo de la mujer es más efectivo en el contexto del trabajo en equipo y en la búsqueda de consenso, pero también asumía la percepción generalizada de que el liderazgo masculino es más efectivo. Hablar de competencias directivas desde la perspectiva de genero da para dos o tres tesis doctorales. Pero es interesante detectar todos esos elementos que podría ir asociados a las políticas ambientales. Dicen Ergas y York que «nations with higher proportions of women in parliament ratify a greater number of environmental treaties”. Incluso dicen que las mujeres “tend to perceive environmental risks as more threatening”; es probable pues “are less optimistic about the potential to solve problems by relying solely on technical fixes”. Seguramente, por todo ello las mujeres serían «more active in environmental reform projects”. De ahí que exista ese mejor indicador con respecto a las emisiones. Simplemente, donde las mujeres asumen un rol directivo, las problemáticas ambientales gozan de mayor prioridad.

Y es que no hay que olvidar que, en este contexto, la ONU considera como tercero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (¡ojo! tras los de erradicar la pobreza extrema y conseguir la educación universal), el promover la igualdad de género, la autonomía y el empowerment de la mujer. Hemos de conseguir integrar perspectiva de género en las políticas públicas, e impulsar la inclusión de las mujeres en todos los niveles de los sectores público y privado. Nos irá mejor. Como dice Jenicek en este paper «desarrollar los derechos de la mujer es la política de población más importante«. Y mientras trato de acabar este post mi hija Joana de dos años se encarama -para variar- en mi falda, y golpea -para variar- el teclado mientras me pide -para variar- que le ayude a pintar un «sol content«. La miro. Le balbuceo una estupidez ininteligible sobre el liderazgo femenino del futuro, lo necesario que es para el planeta y lo bien que nos irá a todos. La muy puñetera sonríe. Me froto los ojos y le digo que se me ha metido una mota de polvo. No se preocupen. No es nada. Gracias.

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El juego de las diferencias: Petrobrás-YPF, PreSal-Vaca Muerta, Lula-CFK

2007. «Vamos a estar entre Nigeria y Venezuela» gritaba eufórico Gabrielli, el CEO de PETROBRÁS. Frente a las costas de Santos (Sao Paulo) descubrían un enorme yacimiento de petróleo ligero, con poco azufre, mucho gas asociado y muy parecido al Brent, a unos 7.000 metros de profundidad, debajo de una capa salada (por eso a esta zona se la conoce como Pré-Sal). Lula, más eufórico todavía, proclamaba «Brasil ha logrado su segunda independencia«. Pues el yacimiento era tan enorme como 8.000 millones de barriles y multiplicaba por más de 2 sus reservas.  Nigeria tendría unos 36.000 millones de barriles y Venezuela unos 80.000 millones. O sea una pasada. Y tras ese yacimiento – el llamado «Tupí«-, vino otro aún mayor en 2008 -el «Júpiter«- rico en gas y condensado. Tras otros nuevos descubrimientos off shore, hoy la zona del Pre-Sal tendría ya un potencial de producción de 500.000 barriles/día. Constatar el descubrimiento costó a PETROBRAS unos 1,000 millones de dólares en pozos e innovadoras perforaciones a más de 5.000 metros y perforando una capa de sal de 2.000 metros. Sólo el primer pozo, 240 millones.

Finales de 2011. REPSOL anuncia a bombo y platillo el mayor descubrimiento de crudo de su historia en la provincia de Neuquén en Argentina. En un área de unos 30.000 km2 llamada «Vaca Muerta» localizaban unos 1.000 millones de barriles de petróleo no convencional (hoy ya hablan de 23.000 millones de barriles). Más pesado, es una especie de betún o alquitrán adherido a arenas sedimentarias, con mucho azufre. Para separar la arena del alquitrán y luego refinarlo, hay que calentarlo (o directamente, o con agua caliente). En el mundo sólo se explota este tipo de crudo en el Orinoco venezolano y en la Alberta canadiense, porqué es caro de producir (se necesita mucha energía, disolventes y agua). En realidad, lo de Vaca Muerta no son reservas de petróleo, sino recursos. Para calificarse como reservas deberían indicar su certeza (o probadas, o sea con un 90%; o probables con un 50% o posibles, con un 10%). ¿Se gastaría usted cien euros en lotería con una probabilidad de un 90% de que le toque? ¿Y si le digo el 10%? Pues de parecerse a algo, las de Vaca Muerta serían posibles (se considera que los costes de extracción no son pero podrían ser rentables; en realidad, los 23.000 millones de barriles de los que todo el mundo habla son 3P, o sea suma de posibles+probable+probadas), pero costaría extraerlas unos ¿70 dólares el barril?, frente a los 20-30 que puede costar en Pre-Sal.

Los brasileños se dieron cuenta de que iban a necesitar mucho dinero para desarrollar ese yacimiento. Pero antes también se dieron cuenta de que ese recurso ES SUYO, aunque lo que no es tan suyo es… PETROBRÁS (en realidad se llama «PETROleo BRASileiro SA«…) En 1997, el gobierno de Cardoso decidió desregular el monopolio petrolero (con la Ley 9.478) y luego privatizar la empresa petrolera pública. Así cualquier explotación se concursaba aunque PETROBRAS las seguía ganando todas (sólo SHELL ha pillado algo). Pero lo más interesante es que aunque vendieron buena parte de las acciones siempre mantuvieron los derechos de voto en la sociedad. Y es que aunque PETROBRAS es una sociedad mixta con otros accionistas, y el gobierno de Brasil sólo tenía el 32% del capital social (el banco brasileño BNDES tenía otro 8%), tenían derechos de voto por el 55,7%. En otras palabras, decidieron controlar la empresa pero sin llevarse todo el dinero (porque habían puesto menos capital, claro). Además, siendo conscientes de que su éxito se basa en la tecnología de perforación off-shore, decidieron empezar a prospeccionar en el extranjero. Hoy están en 24 países, y han decidido tomar posiciones en toda la cadena energética. Inteligente ¿no?

Mientras a finales de los 90 PETROBRÁS se «achicaba», Argentina privatizaba YPF (en realidad, «Yacimientos Petrolíferos Fiscales»). Entonces una empresa de más de 45.000 empleados que hoy tiene 7.500. Cuentan que el director general debía tener siempre un sueldo que no superase al de un «general de división», o sea unos 3,000 dólares al mes. En 1999, cuando Menem reestructuraba las empresas estatales decidió privatizar YPF; muchas provincias apostaban por ello, sobretodo Santa Cruz, gobernada por Néstor Kirchner. Así que el Estado Argentino vendió un 14,99% de YPF a REPSOL (nadie más acudió a la venta) y luego ésta realizó una OPA por el resto, por unos 13.500 millones de dólares. Por entonces, YPF era el doble de grande que REPSOL, sabía mucho más que REPSOL, y tenía más reservas que REPSOL. Pero REPSOL, con la compra, acabó como la octava energética del mundo. Luego, poco a poco y como parte de su proceso natural, los campos históricos de crudo argentino fueron agotándose (la caída en 2011 fue del -6,1%).

Cuando en 2010 PETROBRAS se planteaba cómo explotar los yacimientos del PreSal (y otros), miraba su deuda (34%) y pensaba cómo conseguir los 224.000 millones de dólares que necesitaba hasta 2014. Es difícil pasar de 2 millones de barriles día a 4 sin nuevas inversiones. ¿Cómo conseguirlo? Lula planteó la operación de captación de recursos como una ampliación de capital. Se emitieron muchas nuevas acciones de la compañía (hasta 2.402.611.655 acciones ordinarias y 1.867.808.535 preferenciales)  en cuya compra participaron fondos de inversiones, el Estado brasileño y más de 400,000 inversionistas, pero esta vez debió vender el equivalente a 43.000 millones de dólares en acciones al Estado, y  elevó su participación en la empresa del 40% a casi el 50%. En otras palabras, para explotar los nuevos yacimientos el Gobierno ponía dinero y abría la compañía a nuevos inversores. Con al captación, se consiguieron 70.000 millones de dólares para invertir, más que las anteriores grandes ampliaciones de capital de la japonesa NTT y de la China AgBank. Lula concluyó: «Pasé toda mi vida diciendo que era socialista, y ahora hago la mayor capitalización que conoció el mundo capitalista«. Sólo le faltó decir «Hay que joderse«.

Argentina, tras denunciar e que YPF no habría invertido lo suficiente (en 2011 invirtieron sólo 3.700 millones de dólares), ha decidido como mejor mecanismo para mejorar la capacidad de producción, nacionalizar el 51% del 57,43% que tiene REPSOL en YPF sin tocar al resto de accionistas (los de argentinos y americanos básicamente). Así que para «recuperar la soberanía energética» deberá pagar esas acciones. Se dice que unos 8.000 millones de dólares -pleitos aparte-, sabiendo que no pagará por «Vaca Muerta» pues no son reservas, sino recursos (eso sí lo «interesante» de la maniobra, pues se la queda barata pagando el P3 y no el P1). Porque en realidad, YPF tiene sólo 500 millones de barriles de reservas probadas entre crudo, gases licuados y condensados (o sea el 20% de toda la Argentina con unos 2.300 millones de barriles). La cosa cambia con «Vaca Muerta«, pero según la propia REPSOL hacen falta 25.000 millones de dólares al año para explotar ese crudo durante 10 años. Las reservas actuales del Estado Argentino son de 44.000 millones de dólares. ¿Quién va a invertir en una empresa nacional -que no reparte beneficios, por tanto- ese dinero? ¿Es realmente la nacionalización la mejor alternativa para desarrollar los recursos energéticos de la Argentina?

Ahora busquen las diferencias; en el tipo de recurso disponible; en el tipo de crudo; en el historial colaborativo; en el know-how; en la forma de hacer las cosas; en Lula, en CFK, en Evita… No sé a ustedes, pero a mi -desde el año 2000- sólo sale mejor la Argentina con Messi. Por cierto, su primer gran jugador off shore. Y no es que yo sea de Barcelona.

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Protegido: Vaca muerta no da leche

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Lo imprescindible del sector eléctrico español en 14 minutos

¿Es cara la energía en España? ¿Es barata? Hace cuatro días que se ha producido un aumento de entre el 5% y el 7% de la tarifa regulada (la Tarifa de Último Recurso, o TUR) que será efectivo el 1 de abril y afectará a unos 20 millones de consumidores, que siguen a tarifa en un mercado liberalizado. ¿Tiene sentido todo esto? ¿Es un sector eficiente? ¿Dónde está el lío? Igual, como introducción, le sea interesante en menos de 14 minutos (a minuto por snapshot) repasar los principales elementos que determinan la estructura del sistema energético (más bien eléctrico-gas) español:

1)    Exceso de capacidad instalada: el sistema español está sobredimensionado pues la potencia eléctrica instalada (supera ya los 100.000 MW, de los que más que unos 59.000 MW se corresponden con potencia programable (o sea térmicas y nucleares) ha crecido con rapidez y supera, en mucho a la demanda punta histórica (la de 44.800 MW a las 8PM del 17 de diciembre de 2007). O sea, el riesgo de no cubrir un día de punta no existe y la falta de más potencia, ahora con la crisis, es relativa.

2)    Hipertrofia del sistema gasista: tambien las infraestructuras de gas están sobredimensionadas; en especial, hay más plantas de regasificación de las que se necesitan para cubrir la demanda. Eso ha ocurrido por una mala de la generación con gas natural –que tras la punta y blackout de 2007 programó inversiones 2008-2016, o sea justo antes de que todo se fuera al cuerno-; pero también porque nadie ha querido detener obras. En otros casos, además se ha gestionado mal (como los almacenamientos subterráneos que han costado mucho más de lo previsto). Todos estos efectos se han amplificado con la crisis económica, pues la demanda de gas ha caído más del 20%. O sea que sobran tubos.

3)    Elevado peso de las renovables: la capacidad (o sea la potencia) de generación eléctrica a partir de energías renovables está cercana al 30% del total instalada, Ello es fruto de los estímulos extraordinarios que se dieron en el periodo 2004-2007, y que ahora se han recortado, claro. Pero toda esa energía se paga muy cara. El coste del llamado «Régimen Especial» (o sea las renovables, cogeneración y residuos) en España (22,5 €/MWh) es superior al alemán (10,78 €/MWh) y al italiano (7,89 €/MWh) según la CNE. Además, como “efecto de segunda ronda”, tanta renovable ha obligado a aumentar el back up con convencionales (o sea más centrales de gas por si un día no hay viento o sol), pero luego han reducido el factor de carga de éstas (el llamado “hueco térmico), por lo que los tipos de los ciclos combinados andan más que cabreados, porque siguen pagando el gas que contrataron con la fórmula «Take or pay« (o sea «consume o paga, chato«).

4)    Mix de emisiones eléctricas bajo en carbono: el mix eléctrico español (o sea la cesta de energia primaria: gas, gasóleo, carbón, nuclear, agua y renovables) es muy bajo en emisiones de carbono; en 2011 fue de sólo 0,223 kg de CO2 por cada kWh -en 2008 era casi el doble- si bien las emisiones aumentaron un 30,4% en 2011 con respecto a 2010, culpa del cabrón, digo carbón nacional, que ha sido el 11% de la energía eléctrica. Mucho.

5)    Demanda eléctrica a la baja: la crisis económica ha tenido un gran impacto sobre la demanda energética española, especialmente en 2008 y 2009. Si bien se recuperó ligeramente en 2010, en 2011 habría vuelto a bajar. Por todo ello, o sea la menor demanda eléctrica y el aumento de las renovables, se ha reducido la demanda de gas natural. En otras palabras, que la demanda en España hoy es la de 2006. Y espérese.

6)    Elevada dependencia energética: si bien las renovables han permitido mejorar el grado de autoabastecimiento del sistema (o sea la energía primaria del país), sigue en valores muy bajos, del orden del 21-23%. En este sentido, la elevada dependencia fósil y externa en energía primaria sigue constituyendo uno de los principales problemas del país, siendo su valor de 78,1% unos 24 puntos superiores a la media europea. La UE no cree que se pueda mejorar este ratio en el 2030 por debajo del 75%. Para mí es lo peor de todo.

7)    Dudas sobre el futuro papel de la nuclear: Si bien la energía nuclear fue la que más electricidad aportó en España (19,64%) en 2011 y, además, fue responsable del 40,4% de la energía libre de emisiones, la coyuntura actual llena de dudas el futuro de la energía nuclear en Europa (como el caso de Alemania). Además, en España existe una tradicional hostilidad extrema por parte de TODOS los stakeholders con la energía nuclear, y en todo su ciclo: centrales nuevas, viejas, residuos, almacenes… nada de esto gusta. Es lo que hay.

8)    Uso ineficiente de carbón nacional: en 2011 se estableció a obligación práctica (vía incentivo) de utilizar carbón nacional (un 11% del mix). Eso a un precio superior al del mercado internacional (con unos costes de 400 millones de euros anuales). La única justificación es pensar en la (eterna) problemática laboral con el sector minero de las cuencas asturiano-leoneas, dónde SOLO trabajan 4.342 personas a 1 de enero de 2012, y quedan 400 por prejubilar. Además, todo este carbón nacional no mejora el grado de autoabastecimiento (como sí ocurre con las renovables) y empeora el mix. O sea, el negocio de Roberto y las cabras (que cambiaba 5 cabras negras por 4 blancas).

9) Poca cultura de ahorro y eficiencia energética: las políticas de ahorro y eficiencia energética no son, ni han sido, una prioridad con ningún gobierno en España; como ejemplo, valga recordar que el Código Técnico de Edificación entró en vigor, a la práctica, fuera del boom inmobiliario, o que una medida tan positiva para el ahorro de combustibles como fue la reducción del límite máximo de circulación a 110 km/h, durante el inicio de 2011, duró tan sólo unos meses. O sea que por aquí, difícil. Eso sí, de planes y estrategias de ahorro energético tenemos un montón.

10)    Ausencia de interconexiones físicas: España (y parece que eso se olvida con frecuencia) sigue siendo una “isla energética” pues no existen interconexiones físicas significativas con la Unión Europea tanto eléctricas, gasistas o petroleras. Es decir, para los combustibles se depende de forma extrema de la logística naval y, a la vez, no es posible constituirse como un hub energético gasista o eléctrico (sobrándonos potencia por todas partes) por la falta de conexiones. ¡Ay! esos pillos franceses con sus nucleares…

11) Poca transparencia del mercado eléctrico Español: el modelo de mercado liberalizado, instaurado en 1997, ha perdido parte de su credibilidad. La improvisación, la falta de comunicación, la chulería del lobby eléctrico, la incompetencia y descoordinación de las múltiples patronales de las energías renovables (hay decenas) y su ausencia de interlocutor, o el intervencionismo administrativo y político (en la regulación del sector hay un montón de Decreto-Ley, lo que quiere decir Decreto-Sin-Consenso) ha sido la norma. Además, la competencia no ha mejorado la -histórica- opacidad del sector eléctrico, que sigue siendo el negocio de únicamente cinco grandes compañías: las “eléctricas” (estas son, Endesa, Iberdrola, Hidroeléctrica, Gas Natural-Fenosa y E.On).

13) Coexistencia de un sistema regulado con el mercado liberalizado: eso es la repanoché. Por un lado, tenemos los precios liberalizados que se arman de forma aditiva sobre los precios de las subasta del pool eléctrico y, por otro, los de tarifa regulada que al coste de producción de la energía (con otra subasta, la CESUR, que sale más cara que la otra desde siempre) añade los “costes regulados”, que aunque deberían cubrir sólo los costes de transporte y distribución del sistema, acaban cubriendo multitud de costes reconocidos. De esa extraña dualidad (en realidad, el 1 de julio de 2009 se abolieron las tarifas) y de sus desequilibrios surge el llamado déficit tarifario (una deuda que pasa a los consumidores futuros, a la práctica) que merece no un post, sino cincuenta. Como la CNE.

13) Precios del pool eléctrico en la media europea…: el precio mayorista de la electricidad ha sido siempre moderado, y cercano a la media europea; en promedio de unos 50 euros por MWh. A esa moderación ha contribuido la producción renovable, que entra en las subastas a precio nulo y reduce el precio marginal resultante, aunque luego hay que pagarlo por otro lado. O sea que sí, pero que no.

14) …Pero precios de la electricidad en la banda alta: otra cosa serían los precios para los consumidores finales, pues España tendría respecto de la UE-27  a final de 2011 los precios industriales (>20 GWh) en la franja media (nº15 en UE 27) y alta (nº20-21 en UE-27) para los consumidores domésticos (<7.500 KWh) y comerciales (<2 GWh). Y eso sin contar que durante  años no se quisieron subir los precios… Pero vamos a ver… si España es una isla energética, con sobrecapacidad, con renovables caras, con demanda a la baja, con carbón nacional, sin incentivos al ahorro y que -no olvide- IMPORTA EL 80% DE SU ENERGÍA ¿qué precios espera? O sea que no, pero que tampoco.

Como verá (han sido sólo 14 minutos de nada) la situación del sector eléctrico español es  compleja. Como en otros tantos sectores, hay muchas decisiones que no se han tomado de forma adecuada. Y como en esos, y otros más, tampoco se ha asumido la realidad de esta «isla energética» que es la península ibérica. Ahora, que pintan bastos, habrá de tomar un montón de decisiones duras y difíciles también en el sector de la electricidad. Y ya sabe: se tomarán por las buenas (gobierno español) o por las malas (Directorio Europeo). Y también sabe cuál ha sido la tendencia desde mayo de 2010. Reformas tímidas, poca alteración del status quo, nulas reformas estructurales y grueso de las medidas sobre la base del sistema, o sea los consumidores. ¿cree que sera diferente en el eléctrico? Ánimos.

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La Elgin-Franklin y los riesgos invisibles del gas natural

Desde la semana pasada hay una fuga en una plataforma de gas del Mar del Norte que explota la francesa TOTAL, que no ha tenido excesivo eco en la prensa. Pero ha sido grave: todos sus trabajadores (238, sin heridos) han sido evacuados y aunque la fuga no se ve, la antorcha sigue quemando. TOTAL reconoce no saber cómo parar la fuga, que parece se ha producido a unos 4.000 metros de profundidad (aunque lo que se llama cabeza de pozo está a sólo 90 metros). La fuga les cuesta a los franceses unos dos millones de euros al día, y su producción representa el 2% del total de la petrolera. Esta plataforma offshore, llamada Elgin-Franklin, se halla a unos 240 kilómetros al norte de Escocia. Explota dos yacimientos submarinos cercanos, a pocos kilómetros uno del otro, que contienen un total de 60 millones de m3 de condensado (un hidrocarburo ligero, parecido a la gasolina) y otros 50 billones de m3 de gas natural (o sea de metano).

En su comunicado de prensa, TOTAL manifiesta que no hay vertidos ni un «impacto significativo en el medio ambiente«. El vertido de la plataforma no puede compararse con la catástrofe de abril de 2010 de la Deepwater Horizon del Golfo de México de BP (aquel vertido donde, recordarán, además de fallecer 11 personas, el que más hizo el golfo fue BP y sobretodo su CEO Tony Hayward). En la Elgin-Franklin la fuga de hidrocarburo líquido (el condensado de metano) parece pequeña, aunque incluye porquerías como sulfuros de plomo y zinc. Pero lo no despreciable es la fuga de unos 5 y pico millones de m3 metano a la atmósfera al día. Como se comentó en este otro post, el metano es un poderoso gas de efecto invernadero, del orden de 23 veces más potente que el CO2 contribuyendo al calentamiento global, pues absorbe mucho más calor que los otros gases perniciosos. Si bien la permanencia del metano en la atmósfera es baja (unos 12 años frente a los 100 del CO2), y los radicales OH los destruyen (cada vez hay más debido al ozono troposférico), durante los últimos años se ha visto un aumento anormal de la concentración de metano en la atmósfera. ¿Por qué? Luego volvemos a ello.

Consumo de gas natural en el mundo

El gas natural siempre fue la hermana pequeña y fea del petróleo, aunque siempre se ha sabido que, como el cisne, acabaría siendo la más guapa. Más peligroso y caro de extraer que el crudo (vertidos aparte, claro), la industria petrolera es consciente de que el gas es la clave de su supervivencia una vez llegue el inexorable declive del petróleo, como nos recuerda el maestro Mariano Marzo. Y es que el gas natural (en realidad, una mezcla de gases ligeros con un 90% o más de metano) suele encontrarse junto al petróleo. Y además de difícil de extraer, es más difícil de transportar del yacimiento al consumo. Precisa de complejas infraestructuras de licuefacción, procesado, compresión, puertos especiales,  buques metaneros, plantas de regasificación, gasoductos, odorizante (el gas natural no huele, por lo que se le añade el pestilente tretrahidrotiofeno) y, luego, estaciones de regulación. O sea, un montón de infraestructuras (además de la perforación, claro) que aumentan el riesgo de problemas y fallos, pero sobretodo de fugas.

Si bien su uso se inició en los años 30 en Estados Unidos, no fue hasta los 60 en que el gas natural se empezó a tomar en serio. Y aún se acabó de tomar más en serio tras la crisis del petróleo del año 73. Era una alternativa muy razonable al cada vez más caro petróleo del Golfo, sobretodo una vez se descubrió en Groningen en 1959 un yacimiento offshore enorme, el décimo del mundo. Poco después vinieron los campos británicos del Mar del Norte y, más tarde, los de los noruegos en los 70. Se tenía gas en Occidente, así que se abría una pequeña puerta a la independencia energética: ni rusos ni árabes recuerde, era la guerra fría. Hoy ya sabe que la cosa ha cambiado y Europa depende mucho del gas ruso. Desde entonces las inversiones en la industria del gas han sido enormes. Hoy la mitad de las nuevas centrales eléctricas en el mundo son de gas natural (que avanza lentamente también hacia su declive). Ya es el 23% de la energía primaria para generación eléctrica y sigue creciendo. Incluso el transporte (con vehículos a gas natural comprimido, o GNC), que ya es más del 2% del total mundial, y es una alternativa que sigue creciendo. En países como Brasil, Colombia, Argentina, Pakistán (con casi 3 millones de automóviles), o Italia cargar metano en la gasolinera es habitual.

Y es que el gas natural (o sea, el metano) es muy puñetero. Al ser menos denso que el aire, tiende a subir, por lo que pocas veces genera atmósfera explosivas. Pero es esa elevada difusión uno de sus principales riesgos, porque canalizaciones, juntas, trasvases… fugan. Y fugan mucho. Algunos autores cifran esas fugas en alrededor el 2-3% del total del gas. En realidad, las emisiones de metano asociadas a la cadena del gas natural serían superiores al 30% del total (o sea en cualquiera de las fases de producción, procesado, almacenamiento o transporte). Y claro, todo ese metano tiene efectos graves en el calentamiento global. De hecho, si nos fijamos en la curva de evolución de concentración del metano en la atmósfera, verán el súbito crecimiento que tuvo en los 80. Cerraban las viejas centrales de carbón (y las minas) que eran sustituidas por centrales de gas natural. Luego, a mitad de los 90, la concentración se estabilizó sin que se sepa muy bien porqué (probablemente por lo dicho, que el metano de deteriora rápidamente), hasta el año 2006, más o menos, cuando volvió a repuntar de forma súbita. ¿Por qué?

Pues seguramente será debido al aumento de nuevas prospecciones de pozos de gas natural en todo el mundo, sobre todo de shale gas (el gas pizarra). Pues sí. La sensación energética del momento, el shale gas. Ese gas natural obtenido por fractura hidráulica (el «fracking«) de esquistos y pizarras subterráneas, y que, además, se encuentra lejos de los yacimientos de Oriente Medio y Asia Central. El que tiene más reservas que el gas natural «convencional». El que ha originado el sueño de una posible independencia energética de europeos y americanos (incluso en España). El mismo que ha ido creciendo desde el 2006 a razón de un 50% cada año. El que tiene relevantes efectos sobre el medio ambiente y que ha sido prohibido en Francia o Sudáfrica (uno lobby nuclear y otro lobby de carbón; tampoco es tan extraño). Ese mismo. Pues, además, el shale gas tiene otro riesgo grave e invisible: la acumulación atmosférica de metano y su enorme contribución al efecto invernadero derivado de la cantidad de nuevos pozos en superfície.

La fuga de la Elgin-Franklin o las perforaciones de shale gas comparten ese mismo riesgo invisible. Y es curioso como el gas natural ha conseguido pasar siempre como la energía fósil más guapa: más limpia, más rápida, más flexible, más invisible. La mejor. Y la belleza ya saben que no es un valor absoluto sino relativo. Y es cierto que las centrales eléctricas de gas son mucho más guapas que las de carbón (literalmente, «el doble de guapas» si uno piensa en las emisiones de CO2 de unas y otras). Pero no es menos cierto que si el metano llega a la atmósfera sin quemar, su efecto invernadero es mucho mayor que el de la peor molécula de CO2 de la central de carbón más marrana que encuentre. Ya saben lo que dicen: «la suerte de la fea, la guapa la desea«. Pues aquí, es al revés.

P.S.: el próximo 25 de abril de 2012, organizamos desde ESADE ALUMNI en Barcelona una sesión con el maestro D. Mariano Marzo sobre el shale gas. Aquí los detalles.

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