El tonto de Goldman Sachs

¿Le dice algo el nombre de Greg Smith? Es un antiguo directivo de nivel medio de Goldman Sachs, hoy famoso. Era el encargado en Londres de la gestión de los derivados en Oriente Medio, África y Europa y ha decidido dejar la empresa, no sin antes ponerla a parir. Que uno se largue de la -hoy- desacreditada banca de inversión tras doce (¡¡¡doce!!!) años allí y diciendo cosas como “puedo decir honestamente que el entorno actual es el más tóxico y destructivo que he visto nunca”, tiene su gracia. Si añades “hablábamos de timar a los clientes” o «les llamaban teleñecos«, y lo publicas en el New York Times,  resulta un mega-hit viral. Igual Smith les puede parecer un héroe íntegro, pero a mí me parece, simplemente, un tonto. Es como llevar doce años (¡¡¡doce!!!) de matón de Vito Corleone y un día te largas, diciendo que lo dejas porque tu jefe es un mafioso, comete delitos y se ríe de sus víctimas. Pues quedas como un tonto, porque todo el mundo sabe qué es la banca de inversión, como Goldman Sachs, y a qué se dedica.

Las prácticas de Goldman Sachs están documentadas… desde siempre. La compañía, fundada en 1859, ya la lió en los años 30 montando tres trust (algo a medio camino entre un fondo y un banco) que se dejaban dinero entre ellos. El gran economista John Kenneth Galbraith lo contó en su famoso libro “El crash del 29”, en el capítulo de título “In Goldman, Sachs we trust”. Un clásico de los embrollos financieros en cascada, vaya. ¿Cómo las acciones de su holding de fondos, que se valoraban en 1928 valían 104 dólares, cayeron en 1932 a algo más de un dólar? Goldman montaba un fondo y luego él mismo compraba las acciones una y otra vez, haciendo subir su precio. Pongamos que montan el fondo con 10 pavos y recaudan 90 comprando sus acciones. Con los pongamos 100 que tenían, montaban un nuevo fondo y hacían lo mismo. Pongamos recaudando hasta 900. Y con los 1.000 del segundo fondo buscaban a gilipollas que les aportasen hasta los 10.000 en un tercer fondo. Pues, con cantidades mayores, el primero se llamó “Goldman Sachs Trading Corp.”, el segundo “Shenandoah Corp.” y el tercero “Blue Ridge Corp.». Si ahora el tercer fondo, inflado artificialmente, empieza a perder valor no puedes devolver ni un pavo. Pues así perdieron 485.000 millones de dólares durante el crack del 29. Bueno, los fondistas, claro.

Y si Smith entró en Goldman en 2001, se ve que el muy tonto tampoco se enteró de la que se lió entonces con la burbuja de Internet. En Estados Unidos sacar una empresa a Bolsa no era fácil. Como mínimo tenía que dar beneficios. Goldman se pasó eso por el forro, en 1996 con una empresa llamada «Yahoo!». Luego lo hizo con otras cuarenta puntocom… ¿Qué hacían? Pues estudiaban la compañía, tasaban las acciones, establecían la emisión, la presentaban a inversores y se quedaban un 6-7% de comisión. Luego llamaban a sus clientes y les ofrecían paquetes de acciones al precio de salida con su compromiso de comprar acciones más tarde. Si sabes que las acciones van a subir a la salida porque has convencido a tus clientes de que compren en dos escalones, te forras con la comisión (por eso se llama Laddering). Ya sabe cómo se engordó la burbuja del NASDAQ. En 2005 pagó 40 millones de dólares a la SEC (la CNMV americana) por esos timos. Otra cosa curiosa que hacían era el Spinning. Imagine que sacamos eBay a Bolsa y hacemos a su directora una oferta de compra de acciones muy baratas, a cambio de tasar baja la acción y de que, luego, eBay nos dé la gestión de sus futuras operaciones de banca de internet. Pues eso es lo que hicieron en 2005. A los de eBay, a los de Tyco, a Yahoo!… O sea sobornos y timos a sus clientes. «Yahoo!» pasó de más de 118 dólares a unos 4 en año y medio… ¿Qué hacía el tonto de Greg mientras? ¡Ah! Que se prepare Facebook…

Y si está claro que el tonto de Smith no leyó el libro de Galbraith, tampoco se debió enterar de nada entre el 2006 y el 2008. Goldman emitió fondos de renta fija construidos a partir de hipotecas basura, que otro tipo calificaba como sin riesgo con Triple A y que, en realidad, estaban estructuradas sobre auténtica basura. Eran las famosas CDO (las obligaciones de deuda garantizada), a menudo respaldadas con los famosos CDS (los credit default swaps). Estos eran una especie de seguros emitidos por entidades como AIG que, en realidad, no tenían obligación de contragarantía para pagar si la cosa salía mal (como sí pasa con los seguros de verdad). Goldman sacaba basura tóxica a razón de 50.000 millones de dólares al año. Usted se preguntará como uno puede ganar dinero vendiendo mierda. Es fácil: apostando a que esa mierda perderá su valor. A ver si me entiende, Goldman apostaba (se ponía corto) que los mismos productos que vendía a sus clientes bajarían de precio. Y encima los muy jetas lo decían (es el episodio ya famoso del «Big Short« con sus e-mails). Mientras, el tonto de Greg Smith seguís en babia.

Lo que pasó luego es conocido. Los «ninja« no pagaron las hipotecas y AIG no pudo pagar los CDS. Si AIG no pagaba, Goldman no pagaría a sus clientes. ¿Y sabe a quién se vendíó toda esa basura? Pues, entre otros muchos, a los fondos de pensiones de varios estados americanos, que se esfumarían. Al final, no se iban a dejar tirados a miles de trabajadores y pensionistas ¿no? Visto lo visto, el secretario del Tesoro americano Henry «Hank» Paulson (antiguo CEO de Goldman Sachs curiosamente) aprobó un rescate de 180.000 millones de dólares a AIG de los que 13.000 millones fueron a Goldman. Sí señor. Con un par. De paso, se olvidaron de ayudar a Lehman Brothers (el gran rival de Goldman), a Merrill Lynch (absorbido por Bank of America) y a Bear Sterns, que se había ido al carajo meses antes. O sea, te forras vendiendo basura (basura que tú sabes que es basura); te forras apostando a que la basura baja de precio, y luego te regalan pasta para que tus clientes no se vayan a la mierda. De eso hace poco más de cuatro años. ¿Dónde estaba el tontorrón de Mr. Smith? Igual forrándose con el bonus de los derivados (¡¡¡ si es que el tío de dedicaba a los derivados!!! ¡¡¡mesas de trading y estructuración!!! ¡¡¡lo más tramposo de todo!!!). Piense que en 2009 Goldman pagó 16.200 millones de dólares de bonos y antes, en 2007, 68.000 millones de dólares. En 2008 nada, eso sí.

O sea, que los de Goldman son listos es algo que se sabe desde siempre y que sabe todo el mundo que lea los periódicos. Lo fueron en los años 30, lo fueron con la burbuja de internet, lo fueron con la burbuja inmobiliaria y lo han sido con las commodities (eso merece un post específico). La banca de inversión asesora, influye y toma posiciones en los mercados. Estos tipos llevan 150 años así, y eso lo sabe todo el mundo. Lo que no sabíamos es quién era Greg Smith, y que era tan tonto. Por cierto, el tipo se podía haber ido en diciembre; pero, claro, Goldman Sachs paga el bonus en enero… Ya ven. La cosa me ha recordado algo que leí en el fantástico “La Paradoja del Bronce” de Manuel Conthe. Allí se relata la visita de un tipo en los años 30 a los lujosos muelles de The Battery, en el Lower Manhattan. Mientras pasea, le cuentan de quién es cada uno de los monumentales yates amarrados.  “Mire, este es el del banquero fulanito”, “este del broker menganito…” y así toda la mañana. Sorprendido, el tipo pregunta  ¿Y dónde están los yates de los clientes?. Siempre han sido así de listos los de la banca de inversión. Goldman, Morgan, Merrill, Lehman… Greg, tontico, se te ve el plumero…

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¿Qué nos enseña Fukushima? Reflexiones un año después

Falta poco para las tres de la tarde. En esta época del año la temperatura es baja en la costa del noreste de Japón. Una fina llovizna hace que la sensación de frío sea mayor. El agua está helada. Realmente helada. De pronto la tierra tiembla. Es un temblor como no se ha visto antes. Parece que no vaya a acabarse nunca. Son 6 minutos que parecen 6 horas. Se detiene. Escombros. Gente corriendo. Silencio. Y de pronto se hace de noche. Una ola enorme tapa el escaso sol. Tras ella una marea gris y fría, que surge de la nada, lo cubre todo. Un estruendo horrible. Armagedón. Silencio. Los cadáveres de 15,845 personas son mudos testigos de lo que pasó. A otras 3,380 más no se las ha vuelto a ver. Se acabó la vida como era hasta entonces para 100.000 niños, que no han vuelto a su casa. Si es que tienen casa. Después del tsunami casi 1.000 personas han fallecido, pues sus condiciones de vida no les eran soportables. Terremoto y maremoto juntos. 9 sobre 10 en la escala de Richter. Ocurre 1 vez cada 20 años, dicen.

El resto de la historia es, si cabe, más conocido. La central nuclear de Fukushima-Dai Chi, construida en 1971 por los americanos de GE, quedó seriamente afectada por el sismo. El coste del suministro eléctrico detuvo los sistemas de refrigeración de dos reactores de los seis de la central. Los motores diesel de emergencia fueron destruidos. Como resultado se produjo una fusión parcial del núcleo de tres reactores. Al día siguiente una explosión de hidrógeno destruyó varios edificios de la central y el tanque de contención de un reactor. También se sucedieron múltiples incendios en otro reactor. Múltiples grietas que filtran agua contaminada al mar, más las fugas de partículas radiactivas a la atmósfera ya han catalogado a Fukushima al mismo nivel de desastre que Chernobyl. Un 7 sobre 7… Japón, tras el desastre, decidió parar 52 de sus 54 reactores nucleares. Por seguridad.

Los humanos vivimos bajo dos grandes tipos de riesgos. Por un lado, los naturales. A veces olvidamos lo pequeños que somos. Por otro los riesgos técnicos/tecnológicos. A veces nos creemos que somos muy grandes. Si un teórico nos ha mostrado esa nueva dimensión del riesgo es Ulrich Beck. Sin olvidar a Anthony Giddens, eso sí. A ellos dos hay que atribuir el término «Sociedad del Riesgo» que caracteriza a la postmodernidad occidental desde los 90. Beck publicó en mayo de 1986 «La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad» . La catástrofe de Chernobyl se produjo en abril del mismo año. No fue casual. Para Beck era el ejemplo más claro de la nueva dimensión del riesgo global y voluntario. Nuestra sociedad habría vivido en el fin del siglo XX un cambio de paradigma. Un cambio en los valores fundamentales, que habrían pasado de centrarse en el «tengo miedo» antes que en el «tengo miedo». El fin de la era industrial (al menos en Occidente) nos habría llevado a  valorar lo inmaterial antes que lo material, que se daría por supuesto. Se aprecia más la calidad de vida que el acumular bienes. Así que hemos pasado de repartir riqueza a repartir riesgos. Pero mientras sí tenemos herramientas para gestionar esa riqueza, no disponemos de nada para esa gestión del riesgo global.

El riesgo es siempre una percepción individual, o sea muy postmoderna. Pero nuestro tiempo muestra su complejidad. Da igual el riesgo químico, nuclear o genético. Son todos riesgos técnicos, sí; pero de implicaciones «metatécnicas«. Están deslocalizados en el tiempo, no tienen limitación espacial y son muy a menudo imperceptibles. Y, sobretodo, son indiscriminados pues afectan igual a todos. Fukushima muestra nuestra exposición total a esos riesgos globales y la ausencia de un espacio protector. Aislamiento, distancia, prohibición, ignorancia… es decir, nuestras habituales tácticas de protección ya no sirven. En el caso de la energía nuclear los riesgos son mucho mayores que las oportunidades, sin duda. Ello es debido a la existencia de sustitutivos de similar beneficio y menor riesgo. Eso ya lo sabíamos desde Chernobyl. Pero, además, y quizá sea la gran lección de Fukushima, hemos de tener en cuenta lo improbable en la valoración del riesgo. No hay causalidades, no hay hechos seguros y existe elevada incertidumbre en todo. Paradójicamente, tenemos una elevada ignorancia derivada de la sobreinformación. Ya se planteó en otro post anterior: «demasiada confianza en una tecnología de la que sabemos demasiado poco».

Si alguien estaba preparado por experto, avanzado, ordenado y disciplinado para gestionar una catástrofe de esta magnitud eran los japoneses. Hoy sabemos que ni a Japón le ha sido posible. Entonces ¿Cómo prevenir? ¿Qué riesgo es aceptable? ¿Qué protección es mínima? ¿Qué riesgos implica esa protección? Fukushima, como antes Chernobyl o Harrisburg nos muestra la inconsistencia del análisis del riesgo; a más información, más ignorancia. No se dispone de modelos que permitan valorar esa probabilidad ínfima, y ahora sabemos que la tenemos que incluir. En Chernobyl hubo error humano. En Three Mile Island también. Entonces había un modelo al que acudir (o una excusa, si quiere). Y habíamos imaginado aguantar un tsunami, o aguantar un terremoto. Pero no habíamos previsto tener que aguantar un tsunami y un terremoto a la vez. Esta vez no hubo error humano, pero tampoco hubo posible protección ante lo imprevisto. Confieso que no pensé en nada de esto hasta aquel 11 de marzo de 2011, justo hace un año. Hoy creo que lo entiendo. Hoy estoy convencido de que no nos hace falta más energía nuclear. ¿Por buena? ¿Por mala? ¿Por peligrosa? ¿Por insegura? ¿Por compleja? ¿Por su riesgo?

No. Por cara y por injusta.

Porque lo que nos enseña Fukushima es el auténtico valor de las cosas. Y si no podemos calcular el valor de la probabilidad, sí podemos valorar económicamente el efecto de la catástrofe. Porque de alguna forma la energía nuclear traspasa sus problemas al futuro de forma enormemente amplificada. Piense que, riesgo de catástrofe aparte, serán las futuras generaciones las que van a tener que gestionar los residuos de una electricidad de la que no disfrutaron. ¿Por qué mi tataranieto debe gestionar ese átomo radiactivo que le envío del pasado? Deberíamos poder incluir ese coste a futuro (provisionar se dice) en el coste de producción actual, pero no lo hacemos. ¿Se imagina que los faraones hubiesen tenido centrales nucleares? ¿Sabe quién estaría gestionando (y pagando) esos residuos? Pues piense que el plutonio 239 tiene una vida media de 24.400 años, por ejemplo.

Pero eso no es nada comparado con la provisión económica que precisaría el riesgo ante lo improbable. Ahora sabemos que lo debemos incluir. Como mínimo hay que valorar el escenario de Tsunami+Terremoto. ¿Y qué tal Tsunami+Terremoto+Terrorismo? Se dice que Fukushima podría costar a TEPCO (y a los japoneses) hasta 77.000 millones de dólares. ¿Algún broker de seguros interesado? Además, el argumento de que no asumir riesgos compromete el crecimiento económico no es válido disponiendo de sustitutivos de mucho menor riesgo (y, por tanto, de mucho menor coste) para producir la misma electricidad que produce una central nuclear: carbón, gas natural, energía solar,… lo que sea. Menos riesgo… ¡Adiós nuclear! Joder… Nunca pensé que escribiría esto.

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Cuando el cambio climático no deja pensar en la crisis energética

El cambio climático es, sin duda, uno de los tres grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad. Junto con la sobrepoblación (somos más de 7.000 millones de personas, y se esperan 9.000 millones en 2050) y la pobreza extrema (hoy en día unos 1.290 millones de personas viven con menos de 1,25 dolares al día) son nuestros tres grandes retos en este siglo XXI. Si bien la tasa de pobreza extrema bajó del 59% al 20% durante el siglo XX y la tasa de crecimiento de la población se ha frenado (ahora sería del orden del 1,1%), no sabemos muy bien como afrontar la inminente -y parece que casi irreversible- catástrofe climática. El reto global es que la temperatura no aumente +2ºC  en este siglo XXI. Eso equivale a no superar una concentración máxima de 450 ppm de CO2 equivalente en la atmósfera. La cosa está complicada porque la media del año 2011 en el observatorio de Mauna Loa en Hawai fue de 391,19. En 2010 fue de 388,45 ppm…

Ese objetivo de no superar los +2ºC sí tuvo consenso en Cancún (es la decisión 1/CP.16). El problema es que luego no se han asumido compromisos concretos para conseguirlo. Eso es lo que se esperaba en Durban, y no se logró ningún consenso. Como dato, para no llegar a esos peligrosas 450 ppm, las emisiones deberían reducirse en 2050 un 50% respecto a los niveles del año 1990 (entonces se tenían unas 350 ppm). La Unión Europea se ha comprometido a reducir un 85-90% en 2050, pero… los europeos sólo son el 14% del total de emisiones de carbono del mundo. Sólo Estados Unidos es un 18% y China más de un 23%. Por lo tanto, fijémonos en qué hacen los europeos (son los únicos que se han planteado una estrategia clara). Todo ello figura en el Energy Roadmap 2050, que se basa en las estrategias de la propuesta europea denominada de forma genérica «20-20-20«. Es decir, conseguir un 20% menos de emisiones respecto los niveles de 1990, un 20% de reducción del consumo de energía a partir de medidas de eficiencia energética y 20% de energía final obtenida a partir de renovables. Y todo ello en el 2020. De hecho ya se ha estudiado la posibilidad de reducir… un 30% las emisiones.

Estupendo. Pero… ¿Es el cambio climático un impulso para las energías renovables? ¿Serán los compromisos por el clima la base del boom de las renovables? Pues parece que no. La periodista americana Maggie Koerth-Baker en «Before the lights go out» analiza la paradoja de los muchos americanos que aunque niegan la existencia del cambio climático están modificando sus hábitos energéticos totalmente. ¿Guasa? ¿Incoherencia? ¿Ignorancia? ¿Economía? La pregunta es si, en realidad, no hemos sabido afrontar el debate energético y lo hemos sustituido por el irremediable cambio climático. Cerca de un 40% de los norteamericanos no creía en otoño del 2011 en la existencia del cambio climático. Sin embargo y por estudiar un caso concreto, el 81% de estos mismos habría sustituido sus lámparas por otras de bajo consumo. ¿Entonces? Como plantea la señorita Koerth-Baker, la visión climático-céntrica ha ido por delante de pensar en si utilizamos la energía responsablemente. La realidad es que el consumidor busca reducir su consumo energético si así reduce costes; no pone el cambio climático por delante, sino el bolsillo.

En otro post se comentaba hasta que punto determinados mensajes de sostenibilidad pueden saturar al ciudadano. Y es que la comunicación verde admite utilizar enfoques aparentemente contrapuestos para conseguir un mismo resultado. John Grant nos enseñaba en “The Green Marketing Manifesto” como un mismo posicionamiento puede, por ejemplo, utilizar la educación (información) o la evangelización (dogma) con similar resultado. Pues muchos consumidores están hartos de eso. Los a menudo mensajes de culpa o, simplemente, negativos cansan al consumidor. Es la llamada “fatiga verde”. Y es que menudo las estrategias (seguro que bienintencionadas) de publicistas, políticos o ecologistas con respecto a lo verde han sido mediante mensajes de culpa. Y en este sentido, los psicólogos han mostrado el éxito, por el contrario, que los mensajes emocionales tienen en la comunicación sobre el cambio climático. Curiosamente, según muestra el paper de Moser, el mejor efecto lo tendrían los mensajes que planteasen una visión positiva del futuro, el «doing good«, la lógica y la responsabilidad.

Sin embargo, las campañas que se han utilizado para mentalizarnos sobre el problema del cambio climático han apostado por otras estrategias. En este interesante paper de Doyle, se hace un recorrido de las estrategias de comunicación seguidas por Greenpeace desde los años 90. Destaca que ha sido fundamentalmente visual. Interesante. «Una imagen vale más que mil palabras». Pero, además, habrían usado siempre visiones «negativas«. En una primera etapa, hasta 1997, se centraron en una visión de una futura e inminente catástrofe. De 1997 al 2000, las campañas de Greenpeace mostraban los efectos reales del cambio climático: por ejemplo, la pérdida de glaciares. Posteriormente, hubo un cambio de estrategia: en el año 2000 y con George W. Bush al mando se centraron en mostrar la relación entre las petroleras y el poder. Del 2002 en adelante, habrían vuelto a centrarse en significar los efectos ya evidentes del cambio climático. Muy negativo todo ¿no?

Otras visiones (como en este paper de 2009 de Rhomberg) recuerdan, sin embargo, que presentar al cambio climático a partir de conflictos obtiene más repercusión. Y si pone a un político famoso aún más. Y no llame a científicos, que eso no interesa. O sea, que lo relevante no sería tanto el mensaje, el rigor o sus contenidos, sino conseguir su máxima difusión. O sea, en la comunicación del cambio climático buscamos notoriedad. De hecho, Hulme en 2007 ya advertía que las propias comunicaciones del IPCC apostaban antes por los mensajes alarmistas que por los optimistas, y que esto tenía un inmediato reflejo en la prensa: más del 60% de las noticas publicada en la prensa generalista británica sobre el cambio climático eran negativas o alarmistas. Vaya, una versión actualizada del «Un perro que muerde a un hombre no es noticia; lo contrario sí». La pregunta parecería clara: ¿Qué buscan estas estrategias de comunicación? En la comunicación social (como es el cambio climático) parece que la notoriedad es la clave. Esta notoriedad sería el equivalente del «vender más» que centra todas las estrategias de marketing comercial.

¿Pero realmente se trata de notoriedad? Aparentemente no sería así. La lucha efectiva por el cambio climático pasa por cambiar de prácticas y hábitos a nivel micro, y modificar nuestra estrategia productiva a nivel macro. El éxito no se fundamnetará en ser consciente de su existencia y punto. Y mucho menos si te machacan, responsabilizan o culpabilizan. Al final te entran ganas de comprarte un 4×4 e irte a atropellar osos al Polo Norte. El cambio climático no es una marca; Greenpeace sí. Porque el ecologismo sí es una idea, pero no una marca, un simbolismo o un producto (como sí es Greenpeace: una marca global de éxito). Probablemente exista esa confusión de conceptos en toda esta comunicación. La visión climática catastrofista centrada en conseguir notoriedad habría canibalizado el mensaje asociado a las prácticas eficientes. Y ya ve, unos descreídos del calentamiento global, como son los gringos, van y modifican sus prácticas hacia la sostenibilidad cuando descubren el ahorro económico. Será que los billetes de dólar son también verdes… Porque esto va literalmente de emprender nuevas «prácticas«: se trata de otra forma de hacer las cosas; de hacer más con menos, de pensar en el futuro, de no olvidar el presente, de no traspasar hipotecas ambientales impagables a las generaciones futuras. Ya ve. El debate climático se habría zampado con patatas al debate sobre el racionalismo energético.

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¿Por qué está tan caro el petróleo si hay menos demanda?

Si todo se ha ido a hacer puñetas…  (si no lo cree, pregunte a gente tan dispar como a ZP, a Bunga-Bunga Berlusconi, o a un pensionista griego). Decía, que si todo se ha ido a la … ¿por qué el petróleo no baja de precio? El barril Brent está por encima de 100 US$ desde inicio de 2011, y ha empezado el 2012 por encima de 110 US$. Mire el gráfico. Verá la castaña que se pegó el Brent tras la caída de Lehman Brothers, bajando de 140 y pico a unos 40 US$. De hecho, eso sólo pasó (para el WTI) durante unas 20 sesiones en 2009, porque desde mitad de 2010 la subida fue bestial. Bull market total desde el rebote en 2008, con precios que se estabilizaron durante 2011, en un curioso “plateau sobre los 110 US$. Luego verá picos de 125 US$ el barril que, cuando llegan, traen sudores fríos a media humanidad. Si hay crisis económica, habrá menos demanda de energía ¿no? De ser así, la ley de oferta y demanda nos dice que, al reducirse la demanda, la oferta se debería ajustar vía precio. Y eso no pasa. Es más; ocurre al revés: a una (teórica) menor demanda, hoy vemos que sube el precio… Menuda paradoja. ¿Por qué?

Empecemos por la oferta. Esta depende, básicamente, de dos cosas. De un lado, de los avances técnicos que se prevén en exploración y perforación de crudo y, con ello, de la evolución de las reservas probadas. Eso en el medio-largo plazo, porque en el corto la oferta depende de la capacidad de refino y de sus cuellos de botella. Pero, además, la  geopolítica también condiciona la oferta en el corto plazo. Y claro, desde la invasión de Irak en 2003, la geopolítica del petróleo ha sigo un guirigay de agárrate y no te menees. Hoy aún sigue revuelta por todo lo que pasa con Irán, y lo que ha pasado en Libia. Por tanto, hay elementos de elevada incertidumbre en la oferta. Sobre las reservas, más claro que lo dijeron los cables de Wikileaks no puede decirse. El que usted no sepa de qué hablo, («¿Lo qué? ¿Wikileaks? ¿Aquí?» habrá pensado) indica que el chafardeo sobre las dudas de las reservas de Arabia Saudita no preocupa al mundo. ¡Ah! Y sobre las posibles alternativas (lo que se llaman «all liquids«, o sea biofuels, líquidos del gas natural, fuel sintético y otras porquerías) tampoco son hoy una amenaza para la oferta…

Si nos fijamos en la demanda lo cierto es ha bajado. En Europa seguro. Cosas de los planes de austeridad para pagar las deudas con los bancos que erraron en sus inversiones. Pero es que la misma OPEP también estima una bajada del consumo. Y consumirían TODOS menos: Europa, Japón, Estados Unidos… ¡incluso los emergentes arrastrados por el menor consumo de la OCDE! Pero sabemos (por eso no funciona del todo la ley de oferta y demanda) que la demanda del petróleo es inelástica: relativamente insensible al precio. Así que existe otro elemento relevante: la especulación. Mal que les pese a les empresas sin acceso al crédito, la de dinero que corre por ahí es enorme. Sobre todo dólares (ya se contó en otro post). La FED americana no ha dejado de imprimir billetes desde finales de los 90 y toda esa liquidez (obtenida a muy bajo coste) por algún lado anda. Alguna se volatilizó en el 2008. Pero los planes de estímulo han vuelto a llenar el mercado de liquidez. No olvide que el dinero está muy, muy, muy barato (otra cosa es que no llegue a familias y empresas…). Y ya sabemos que cuando hay exceso de liquidez un sector de demanda inelástica como el petróleo resulta muy, muy, muy interesante.

¿Puede subir el precio mucho más? el CEO de Vitol, una de las mayores compañías del mundo de trading, el Sr. Ian Taylor dijo que la subida del petróleo podría llegar hasta  150 USD/bbl («it is unlikely, but is possible» les dijo a los del Financial Times).  Pues el hijo de la Sra. Montse (o sea, yo) hará unos meses puso a parir a los de Barron’s por un titular que preveía 150 USD/bbl en la primavera de 2012… Pues que no me lo tenga que tragar. Goldman Sachs dijo en diciembre que el precio para este año sería de 127,50 USD/bbl y de 135 USD/bbl para 2013. Hace dos días el mismo Goldman Sachs ha dicho que la estabilización del precio forward (o sea el precio a futuro contratado hoy) a 5 años indicaría una estabilización entre 80 y 100 US$… Como verá por la disparidad de opiniones y de valores previstos para el barril, ni existe un modelo demanda-oferta más o menos común que permita prever la evolución futura, ni nadie lo tiene demasiado claro.

Pero lo cierto es que esta tendencia al alza se produce desde octubre, cuando estaba casi en mínimos del año. ¿Y qué pasó en octubre? Pues la guerra civil en Libia. Pero luego se empezó a hablar de Irán y de sus planes de desarrollo de armas nucleares. Los persas producen algo más de 4 millones de barriles al día (mdb) y exportan unos 2,5 mbd netos. Para que tome una referencia y compare, piense que Arabia Saudí produce más de 9 mbd. Si piensa que en el planeta se consumen cada día unos 90 mbd, creerá que la cosa no es tan complicada. El problema es que por el estrecho de Ormuz (el paso que hay entre Iran y Oman en el Golfo Pérsico de poco más de 34 kilómetros) pasan unos 17 mbd… y eso ya es otra cosa. No costaría demasiado a los iraníes bloquearlo con cuatro minas y cuatro lanchas con unos flipaos de Hezbollah (hasta el ABC se ha dado cuenta). Con ello obligarían a tomar otras rutas y demorar el tránsito de crudo que, en realidad, va hacia Asia (por eso la UE se ha puesto chula: les compra poco; del orden del 6% del total). Así que ya tiene un elemento claro de porqué sube el precio: la GEOPOLITICA.

Pero hay algo más. Todas esas tensiones geopolíticas, la inflación galopante en Asia y el exceso de liquidez están llevando a los inversores (cuya actividad es a menudo llamada ESPECULACION) a tomar posiciones largas en petróleo (o sea, a comprar futuros de petróleo esperando que se revalorice). Es decir, las decisiones de compra de futuros respecto a las de venta, son de 7 a 1 para el WTI y de 3 a 1 para el Brent. La (relativa) bonanza económica, el frío brutal que ha llegado a hacer en Europa y la experiencia de la guerra relámpago en Libia (cortita: más o menos entre agosto y octubre de 2011) ha llevado a los Hedge Funds a entrar a sacopaco tomando esas posiciones largas. Ahí lo ven claro. Donde no lo ven tan claro es en las otras commodities. Esa entrada masiva en futuros no se está realizando de la misma forma para cobre, aluminio, plomo y demás…. Y sobre el precio del futuro de los alimentos, ya lo pudo ver en otro post anterior: a la baja.

Resumiendo: hay una menor demanda de crudo en la OCDE debido a la crisis económica global y los planes nacionales de contención y austeridad, pero su precio en lugar de bajar, sube. Los BRICS y los Next-11 son lastrados por la menor demanda de productos de la OCDE; su actividad baja, pero el precio del petróleo sube. Hay dudas geopolíticas graves y el precio sube. Y la liquidez de los Hedge Funds se va en buena parte hacia el petróleo, pero esa voracidad inversora no es igual en el resto de commodities. Hamilton ya demostró que en 1o de las últimas 11 recesiones el petróleo estaba disparado. Igual no es causalidad y es simple correlación, chi lo sa… (el precio del petróleo sería tanto una causa como un efecto de las crisis: genera inflación y agrava las recesiones asociadas a la mala gestión). Pero… ¿Sabe usted a qué huele todo esto? A una recesión global como la copa de un pino. Igual no inmediata, pero mala pinta sí tiene la cosa para este año…

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Los tramposos

Hacen trampas. Se saltan las reglas. No hacen caso de lo que se les dice. Van a la suya, porque creen que tienen la razón. Pasan de todo. Son insolidarios con los que hacen las cosas como se han hecho siempre. Lo dicho: son unos tramposos. ¿Qué no?

IKEA HACE TRAMPAS: dicen que no transportan aire. Ya. Hacen muebles baratos que montan los clientes. Pero para eso, han reducido sus costes analizando toda la cadena de producción, y reduciendo la cantidad de materiales al mínimo imprescindible (es lo que se llama green supply chain). «Productos apilables significan menos transporte y menos materiales«, dicen. «Paquetes planos«, piden. Además, han reducido un 25% su consumo eléctrico desde 2005, lo que les permite contarlo y ahorrar hasta 1,4 millones de euros al año. Separan en origen el 80% de sus residuos, y reciclan o valorizan el 87% de estos. Hasta han reducido un 18% su consumo de agua en las tiendas… cambiando grifos. El 47% de su plantilla son mujeres. ¿Y con todo ese jaleo siguen produciendo muebles con nombres raros a precios asequibles? En 2011 ganaron un 10% más que en 2010. El jueves pasado, su Presidente nos lo contó a los antiguos alumnos de ESADE. No sé, no sé…

TRIODOS BANK HACE TRAMPAS: es un banco comercial, con más de 30 años de actividad, que sólo financia proyectos en los que sabe qué historia hay detrás. O sea que solamente te presta dinero si tu proyecto empresarial, además de ganar dinero, mejora con su actividad la calidad de vida de las otras personas. Banca ética, dicen. Como no invierten en sectores que no sean transparentes ni sostenibles ecológica y socialmente, pues no ganan mucho dinero y, claro, tampoco retribuyen a sus clientes por depósitos y cuentas con grandes intereses (los depósitos a plazo los retribuyen a menos del 2% a 3 años). Es lo que tiene no invertir en armas, petroleras o tabaco. En 2011 han mejorado su balance un 8%, y han aumentado sus clientes un 42% en el primer semestre de 2011. Tienen más de 55.000 clientes en España y siguen creciendo. No sé dónde iremos a parar.

THE BODY SHOP HACE TRAMPAS DESDE SIEMPRE: en 1976 una medio hippie, Anita Roddick, abrió una tienda de productos cosméticos, inspirada en una aún más hippie en California, con intención de fabricar otro tipo de productos. ¿Cómo? pues sin productos que hayan utilizado el animal testing, obteniendo las materias primas a partir de políticas de comercio justo (unos 12 millones de dólares en 2006), sin usar sustancias de alto impacto ambiental como los parabenos, colorantes o aluminio… Todo el plástico que usan debe ser reciclado. No venden nada en China, porqué allí todos los cosméticos tienen que probarse en animales. Y les da igual. Hoy tienen más de 2.400 tiendas en más de 61 países. Se ha implicado especialmente en las causas sociales, como la lucha contra el VIH, y el tráfico sexual de menores. Y fueron pioneros en los 90 en cuanto a auditoria social. En 2006 L’Oreal les compró por más de 650 millones de libras; en la compraventa, Roddick abligó a que los proveedores de The Body Shop siguiesen siéndolo de L’Oreal. Están locos estos franceses. Quién querría comprar una empresa así…

XEROX HACE TRAMPAS: ¿Pero estos tipos no se dedican a fabricar cacharros para producir copias de papel? ¿Y lo de «por favor, no me imprima si no es necesario«? En 1969 los de Xerox inventaron la primera fotocopiadora que utilizaba las dos caras del folio de forma automática. En los 70 empezaron a utilizar el plástico reciclado en sus equipos. En los 80 fueron los primeros en integrar sistemas de power-down automático. Se propusieron reducir sus emisiones en 2012 un 10% con respecto a 2002. Como lo lograron en 2006 ahora se han propuesto el 25%. En su política de reciclado de componentes (tóners y demás) llevan gastados más de 125 millones de libras en los 20 años que llevan con él. El exigente FSC les ha certificado como «Chain of Custody» con respecto al uso de materias primas de origen vegetal (sólo usan productos certificados). Y con todas esas políticas empresariales tan dudosas… ¿pueden ser el líder mundial en fotocopiadoras? Pues pueden. Vaya tela.

APPLE HACE TRAMPAS: Apple ha decidido que lo simple y sencillo es mejor. Eso es hacer trampa. Ha rediseñado sus equipos totalmente bajo el concepto de «menos es más«: algo más ligero usa menos materiales; carcasas en los portátiles de una sola pieza, y aluminio reciclable (más duradero y de más sencilla fabricación); hoy ya recicla el 66% de sus componentes; han incorporado pantallas de retroiluminación LED que carecen de mercurio y arsénico, y usan menos energía (así la batería dura más); los componentes internos no tienen PVC, ni los peligrosos retardantes de llama bromados (BRF). Cada nueva versión es más pequeña, fina o ligera que la anterior. Todo bajo los requisitos americanos del Energy Star 4.0. Además, ingresan más contaminando menos. Así no vale. Además, es todo márketing.

NIKE HACE TRAMPAS: Han lanzado como política corporativa el «Nike Better World«, optando por usar una nueva serie de materiales: gomas de menor impacto ambiental, botellas de plásticos reciclado, menor cantidad de cartón en sus cajas… Y con el programa «Nike Grind» se comprometen a recoger y reciclar las zapatillas usadas que se les entreguen. Llevan más de 25 millones de zapatillas recicladas, y con esas gomas hacen cosas raras, como canchas de baloncesto. Junto con otras compañías de material deportivo o textil, como Adidas o H&M, quieren eliminar los productos tóxicos de su cadena de montaje. Será que todo se pega. Ay… Qué lejanos quedan aquellos tiempos en que Nike empleaba a niños del Pakistán cosiendo balones de fútbol. No somos ná.

KIVA HACE TRAMPAS: Kiva es una organización que, a través de una plataforma de internet, permiten que se hagan préstamos a pequeñas empresas o emprendedores de países en desarrollo. Microcréditos se llaman. O sea, que uno presta dinero vía web directamente a una persona que lo necesita para montar un negocio, a partir de 25 dólares, en menos de 10 minutos, vía Paypal, sin notarios, sin papeles, y tiene poco más del 1% de probabilidad de que no se lo devuelvan. Incluso, uno puede seguir donde ha ido su préstamo y qué pasa con él. Hoy ya están en 61 países, son más de un millón de usuarios, de los que casi 700.000 han hecho algún préstamo. En 2009 eran 550.000. La tasa de repago de los más de 200 millones de préstamos realizados ha sido hasta la fecha del 98,91%, el 80,43% a mujeres. Y encima el CEO lleva sandalias. Habráse visto.

LA FAGEDA HACE MOGOLLÓN DE TRAMPAS: la Fageda es una cooperativa catalana de iniciativa social que produce yogures y helados collonuts, y ahora amenaza con mermeladas. El 60% de su plantilla (unas 270 personas) lo forman trabajadores discapacitados, que encima son socios (es lo que tiene ser una cooperativa). En  JP Morgan serían, por tanto, associate partners. En 2010, produciendo 40 millones de yogures, facturaron un 10% más que en 2009, aumentaron su plantilla un 3%, reinvirtieron el 10% de su facturación y son una de las 100 mejores empresas para trabajar en España. En su comarca (la Garrotxa) el paro del colectivo con discapacidad intelectual es del 0%, principalmente por su culpa. Con esta política empresarial no es de extrañar que tengan acollonits a sus competidores, que hacen las cosas como se han hecho toda la vida, y a mucha honra.

Pues la competencia de todos estos tipos cree que son unos tramposos. Que no hacen las cosas como el resto, como marca la tradición y cómo se han hecho siempre. Y parece que esta forma de hacer tan «particular» cada vez va a más. Pues a mí me parece cojonudo, que quieren que les diga. Igual hay que apuntarse.

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