El gran apagón indio

Fuente: AP

El martes pasado la India sufrió su segundo gran apagón en 2 días. De sus 1.210 millones de habitantes, más de 600 millones se quedaron sin electricidad el 31 de julio en el norte y este del país, y con temperaturas de más de 30ºC. Un fallo en una subestación de la ciudad de Agra (donde está el Taj Mahal) se propagó por 19 estados; se paralizaron trenes (con 300.000 pasajeros tirados en ellos), suspendiendo el servicio del metro de Delhi y Calcuta, se interrumpieron la actividad de casi todas las grandes infraestructuras del país: hospitales, plantas de tratamiento de agua, industrias… Se generaron múltiples atascos: la carretera Delhi-Gurgaon se bloqueó con más de un millón de conductores en sus coches. Incluso en una mina de Bengala quedaron atrapados 200 mineros que, felizmente, pudieron abandonar sin más que el susto. Un día antes, el lunes, más de 300 millones de personas, en 14 estados, fueron afectadas por otro apagón, también en el norte, producido a las dos de la madrugada. Tras unas doce horas la estatal Power Grid Systems Corp. informó que la operación en Delhi se restauraba, pero la cosa fue a peor… al día siguiente.

Para entender la magnitud del suceso, equivale a que el 10% de la población mundial se quedara sin electricidad. Es el peor apagón de la historia. En febrero de 2009 hubo otro enorme «blackout» en Estados Unidos, que sólo afectó a 50 millones de personas. Ese mismo año hubo otro entre Brasil y Paraguay que, tras la caída de la hidroeléctrica de Itaipú, dejó sin suministro a 90 millones de abonados a las diez de la noche. El pánico fue tal que en Río y Sao Paulo se movilizó a los soldados que, fusil en mano, apatrullaron la ciudad. El de 2005 en Indonesia, entre las islas de Java y Bali, dejó sin luz a 120 millones de personas. Aún recuerdo el de septiembre del año 2003 en Italia, por los SMS con los que iba informando il Cavaliere, y que algunos amigos italianos me mostraron. Pero, seguramente, el blackout más famoso fue el del 19 de noviembre de 1965, que dejó sin luz a cerca de un millón de newyorkers, y que originó la leyenda urbana de un «baby boom» en Nueva York nueve meses después. Qué más les hubiese gustado a algunos…

A pesar del récord, el apagón indio no fue algo inesperado. Con sólo el 80% del país electrificado, la India padece una escasez crónica de energía. Y hay que suministrar a esos 400 millones de personas que no conocen la electricidad y proveer combustibles para ese nuevo millón y medio de automóviles (sí, lo leyó bien: 1.500.000) que cada mes se matriculan. Muchas ciudades sufren con regularidad cortes temporales en el suministro eléctrico, y un total blackout genera un debate sobre cómo seguir creciendo. La India consumía 15 kWh por persona en 1950, y pasó a consumir unos 470 kWh en 2007… Los chinos el triple. India aún es el país 160 del mundo en consumo eléctrico per cápita.

¿Qué precisan para seguir creciendo? Aumentar su capacidad instalada. El Ministry of Power indio ha ido desarrollando planes quinquenales que si bien han tenido éxitos económicos, no han cumplido los objetivos energéticos. El Eight Energy Sector Plan (1992-1997) buscaba «Strengthening the infrastructure (energy, transport, irrigation, communication) in order to support the- growth process on a sustainable basis» instalando 40 GW, se quedó en poco más de 17 GW. El Ninth (1997-2002) que aspiraba a 42 nuevos GW «ensuring environmental sustainability of the development process through social mobilization and participation of people at all levels», no instaló más que 19 GW. El Tenth (2002-2007) se quedó en 20,5 GW de los 41 GW previstos. En pocas palabras, todos sus planes de desarrollo de nueva potencia se han quedado a medias. Y ahora se nota ese déficit de capacidad, y que de «sustainable«, más buen poco. Con 208 GW instalados (en 1947 sólo tenía 1,5 GW), el país sigue creciendo (aunque ¡cuidado! del 9,3% de 2010 se ha pasado a un 5,3% de PIB en 2012, sin los dos dígitos de 2004-2008) pero muchas infraestructuras ya no dan más de sí. Eso sin olvidar que el 80% del sector eléctrico indio es público.

Fuente: National Geographic

¿Y qué ocurre si no desarrollas nuevas infraestructuras energéticas? Dos cosas: por un lado, sobreexplotas las que tienes (redes, subestaciones, centrales eléctricas); piense que las pérdidas eléctricas han aumentado del 22% al 25% en menos de diez años; por otro, sigues apostando por las energías fósiles (tus centrales viejas queman más carbón o gas, yendo a mayores factores de carga). Ello explica que la India ha aumentado sus emisiones de gases de efecto invernadero un 58% en 1994-2007, en especial en el sector energético (la mitad). En India el carbón es el 70%, la hidroeléctrica el 14% y el gas natural el 10% de la matriz energética. La demanda de energía crece, y se apuesta por el carbón (ya lo vio en el anterior post). Pero hay también un «apagón» en el carbón, pues buena parte del mismo es autóctono. Cuando el año pasado decidieron cerrar algunas minas por problemas ambientales (en las zonas «no-go«), empezaron los «shortages» de carbón, la escalada de precios por el carbón indonesio importado y, de paso, las broncas entre el ministerio, los ecologistas y la industria. Ya sabe: a mayor renta, mayor preocupación ambiental. «Qué sucio» dicen unos; «así no creceremos» dicen los otros. Lo de siempre.

Pero lo que llama la atención del apagón del lunes 30 es que ocurrió a las 2:35 AM. Esas son las «horas-valle«, lejos de las llamadas «horas-pico«, de mayor demanda (que suelen ser las del mediodía, por lo general). No es lógico. Pero es que ante la falta de capacidad instalada, las políticas energéticas de la India han generado un tipo diferente de demanda. Durante el día, los clientes industriales (el 38%) sólo pueden consumir una cantidad limitada de energía ¡porque el gran consumo en India se produce en el sector doméstico! Pero después de las 10 PM la restricción se retira, y se les permite consumir todo lo que quieren a las industrias. Se buscó trasladar parte de la demanda del día a la noche para evitar que coincidiesen los consumos industriales y domésticos, pero ni así. Hay un déficit energético que el NBR ya ha denunciado, y que la CEA (Central Electricity Authority) considera del 8-12%.

Fuente: Indian Institute of Tropical Meteorology

¿Y cómo se agravan estos efectos? Con la falta de lluvias: sólo en este 2012 han sido el 10% menos. La dependencia de las lluvias estacionales de la India es única. Los famosos monzones, impredecibles e irregulares, les proporcionan el 80% del agua de lluvia. No olvide que es una de las regiones del planeta con mayores problemas de acceso al agua dulce (y piense que el 25% del PIB indio es agrícola, y ocupa al 70% de la población). Esa menor precipitación ha obligado a los agricultores han debido a bombear agua de pozos más profundos (60 metros de profundidad en el Punjab y hasta 200 en Gujarat) y eso aumenta el consumo eléctrico y de combustible en grupos diesel. ¿Adivinan a quién culparon del apagón los de las eléctricas del norte? pues a los estados agrícolas vecinos a Delhi. Pero es que los últimos 30 años (puede ver el gráfico de arriba del Indian Insitute of Tropican Meteorology) han constituido una serie de menores precipitaciones. Según Scientific American un 20% menos. ¿Adivina qué estados dependen más de la energía hidroeléctrica? Correcto. Los del norte en un 28% (el doble de la media del país).

¿Ha sido el cambio climático? Bueno, no directamente; aunque muchos entienden que sí. Esto no es un causa-efecto mecanicista (si es que algo lo es). Pero lo cierto es que las series extremas aumentarán. El cambio climático conllevará, en realidad, incertidumbre climática, y esa es la manifestación de los cambios en la meteorología: más años de sequía, más con inundaciones; las regiones húmedas, más húmedas y las secas, más secas. Las políticas energéticas indias agravarán, sin duda, esos efectos. Localmente, pues la dependencia climática de todo el sudeste asiático es muy elevada, pero la afectación es, en realidad, global. La salida de la India de la encrucijada es cambiar, apostando por un modelo menos intensivo en carbono. ¿Cómo? Por ejemplo, importando energía hidroeléctrica de Bután (como con la nueva central de 1 GW de Tala), apostando por la energía solar en aplicaciones off-grid, o -eso ya es más bestia, para ellos, tan hindues- aceptando inversiones pakistanies -tan musulmanes-. No será por opciones. Igual el apagón más grande de la historia cambia algunas ideas. Que sea para bien. Námaste.

Publicado en Cambio Climático, Energy | Etiquetado , , , , , , | 12 comentarios

Megaciudades, con carbón por un lado y campesinos por el otro

Fue en algún día de 2007. «The world comes to town» decía The Economist. Era el mayor cambio global de la humanidad hacia el industrialismo. Por primera vez en la historia más del 50% de la población mundial vivía en ciudades. Dice la Organización Mundial de la Salud que en 2025 será el 58%: unos 4.000 millones de personas. En 2050 un 70%. ¿Blade Runner hecho realidad? Igual sí, pero sin coches volando. Se espera que la mayor parte de este nuevo crecimiento urbano tenga lugar en Asia. Normal. El eje de gravedad de la geopolítica mundial se ha desplazado del Atlántico al área del Asia-Pacífico (allí es donde Obama concentrará el gasto militar). No va a estar en el Atlántico como en los últimos 500 años. La Unión Europea y sus mercados (maduros y endeudados) no dan para tanto: las crecientes clases medias consumidoras están sobre todo en Asia. Y miles de emigrantes rurales cada día se desplazan del campo a la ciudad en busca de trabajo. Campesinos en éxodo hacia las ciudades indias, chinas, pakistaníes… Piense que la agricultura ocupa a 1.300 millones de personas: el 40% de los trabajadores (en Asia, Africa y Oceanía más del 50%).

Para McKinsey todo este crecimiento urbano aún potenciará más la «tercerización» de la economía global. De hecho, los gigantes económicos no son países, sino ciudades. No es población: es estructura productiva. La mitad del PIB mundial de 2007 lo generaron 380 ciudades en las regiones desarrolladas; de hecho, más del 20% del PIB mundial proviene de… 190 ciudades de Norteamérica (vea aquí la tabla del WSJ). El PIB de Nueva York (y alrededores) es parecido al de toda España. El de Chicago es como el de toda Bélgica. Los Ángeles supera el de Suiza, o San Francisco a Dinamarca. Luego, otras 220 ciudades más contribuyeron a otro 10%. Pero el cambio de paradigma será brutal: según McKinsey, 100 de esas ciudades caeran de la lista en 2025… porque entrarán 100 ciudades chinas. Por ejemplo, Shanghai añadirá unos 200,000 nuevos residentes al año entre 2010 to 2025 hasta llegar a los 20 millones. Sin embargo, las mayores tasas de urbanización se darán en las nuevas y emergentes mega-ciudades como Kinshasa, Lagos, Karachi, Dhaka, Mumbai, Manila, Lahore y la «campeona» Delhi, con más de 400.000 nuevos ciudadanos al día. Lo dicho: éxodo agrícola en busca de mejores oportunidades.

Todo ello va a poner en tensión sus infraestructuras urbanas. Imagine el colapso de los transportes públicos, las necesidades de agua potable, los cortes de suministro eléctrico, los servicios sanitarios, las cloacas…  Y… !a edificar! Porque China e India precisarán de 16.000 millones de nuevos metros cuadrados para albergar a esos 1.000 millones de personas recién llegados…. Y ahí están sus burbujas. En 2006 Mike Davis publicaba su famoso «Planet of Slums«: un libro que relataba dónde iban a vivir los recién llegados. Eso de las «Slum cities» es la forma glamurosa que tienen los arquitectos de referirse a las «chabolas» en España, las «villas» en Argentina, los «ranchitos» en Venezuela, las «favelas» en Brasil, los «tugurios» de Colombia, los «shanty towns» americanos o el «llegaypón» cubano (estos, siempre tan guasones) . Todos son lo mismo: casetos para malvivir, montados como se puede y al margen del ordenamiento urbanístico. Nombres para expresar la misma miseria urbana. Y, como decía Davis, «constituyen un asombroso 78,2 por 100 de la población urbana de los países menos desarrollados y al menos un tercio de la población urbana global«. O sea, un montón de «volcanes a la espera de entrar en erupción«.

Pero es que, además, este éxodo, que resulta un «revival» de la revolución industrial victoriana, es el primer gran driver para la demanda de carbón. Aunque las economías emergentes han aumentado (y mucho) la demanda de petróleo, casi asumiendo el 100% de la cuota cedida por la OCDE (entre eficiencia y recesión), los kWh que producen no los generan quemando petróleo, sino… carbón. Desde el año 2000, el consumo de carbón ha aumentado más que el de cualquier otra fuente de energía: más del 56% según el BP Energy Outlook. ¡Ay el carbón…! Tan versátil como contaminante. Se puede almacenar fácilmente y transportarse por barco, tren, camión… Pero, además, es muy barato: en 2012 su precio ha caído un 40%. Y aún sale más rentable,  si te importa un bledo su contenido en azufre, sus inquemados, sus partículas y sus emisiones. En otras palabras, es el recurso energético perfecto para quemarlo sin ningún tipo de regulación ambiental vigilante. De hecho, cuatro de los seis primeros consumidores de carbón son BRICS: China (1º), India (3º), Russia (4º) y Sudáfrica (5º). Pero, sin olvidar que China usa hoy en día más carbón que el tercero, cuarto, quinto y sexto juntos.

Y es que más del 75% del carbón que se consume en Asia lo hace en China. Y piense que esa urbanización brutal se ha doblado desde el año 2000, a razón de un 1,5% anual de incremento, lo que para 1.400 millones de personas, es mucha gente. Y esperan a 300 millones de personas más dejando el campo por la ciudad. Porque el carbón suministra la electricidad de 3.000 millones de personas en el mundo (o sea el 40% de la generación eléctrica) y es básico para la producción de acero que a razón de 2.4 millones de toneladas al día. Porque el 70% del acero mundial precisa de carbón. El crecimiento económico y, por tanto, energético de Asia Pacífico se basa en el carbón. Bueno, y alcanza máximos en la generación eléctrica de ingleses, polacos, españoles, italianos e incluso alemanes… y la mayoría de utilities europeas no le hacen ascos al carbón, aunque losamericanos, eso sí, prefieren su baratísimo «shale gas»… Señoras y señores, vuelve el carbón hecho un chaval, como en los mejores tiempos de la inglaterra victoriana, con ganas de ser la primera fuente energética del planeta.

Porque el carbón -con sus maravillas y miserias- es el combustible perfecto para este mundo en colapso, no sólo económico, sino sobre todo ambiental y social. Esta crisis que empezó en el 2008, y que primero fue financiera, luego mutó a económica y ahora es fiscal, tras meter la pata todos los gobiernos europeos en su diagnóstico («gasta, que esto pasa rápido«), sólo van a acelerar la transición al carbón (barato, flexible, omnipresente) como la fuente de energía más utilizada en estos tiempos de perplejidad y bajo o nulo crecimiento. Porque ya hemos visto dónde ha ido a parar el medio ambiente en las agendas políticas: Cancún, Durban, Rio+20… «Who cares?» Con la convergencia de las economías OCDE -de alta renta-  hacia las BRICS -de baja renta-, el carbón queda como la forma más barata para la producción de energía global. Efectivamente, el sucio y barato carbón añade un enorme valor a las presionadas economías occidentales (que lo queman en sus viejas centrales eléctricas) y soportan el desarrollo de los BRICS (que no precisan del caro gas natural). El mundo apuesta por lo fósil… y es más que una metáfora.

Publicado en Energy, Sociedad | Etiquetado , , , , , , , , , | 7 comentarios

Cuando el aire acondicionado te calienta la cabeza

Hace unos días «The Guardian» publicaba un artículo de Stan Cox sobre el crecimiento  del aire acondicionado en todo el mundo (más de un 13% de nuevos equipos en dos años), y en especial en Estados Unidos. Cox trabaja en la Universidad de Yale y colabora con el web Yale Environment 360 que, si no conoce, es muy interesante. Hará un par de años que Cox publicó un libro de cierto éxito, titulado «Loosing our cool«, que jugaba con el doble sentido de la frase literal (algo así como «quedarte sin frío«) con el de la frase hecha en inglés: «Perdiendo la calma«. Y no era para menos. El subtítulo del libro se traducía como «verdades incómodas sobre nuestro mundo climatizado«, y desgranaba los problemas del uso del frío para climatizar en América. El artículo de Cox coincide con un debate en el New York Times titulado «¿Debemos racionar el aire acondicionado?«. El tema ahora no es trivial, pues estos días Estados Unidos afronta una terrible ola de calor con docenas de muertos, como en julio de 2011. Pues esas opiniones versan sobre construcción sostenible, ventilación natural y, para no sesgar, hay una interesante aportación de un fabricante de equipos de frío. Incluso el mismo Cox opina con un significativo «un lujo que no podemos permitirnos«. ¿Es así? ¿Es un lujo?

Han pasado muchos años -en 1906- desde que que Willis Carrier patentó el llamado «Apparatus for Treating Air» con el nº 808897, el primer equipo eléctrico que humidificaba (calentando agua) o deshumidificaba (enfriando) el aire en New York. Con la primera guerra mundial, la Buffalo Forge Co. «recortó» la división de aire acondicionado donde trabajaba Carrier y con seis colegas suyos invirtieron en esa empresa 32.000 dólares. 15 años después abrían oficina en Tokyo. Hoy la Carrier Corp. factura 13.500 millones de dólares al año, ocupa a 45.000 personas y es el mayor fabricante de equipos de aire acondicionado (llamémosle A/C o esto no se acaba nunca…) del planeta. No está mal. Pero el boom llegó en los Estados Unidos por allí los años 30. Carrier armó unos equipos baratitos, que costaban entre 5.000 y 10.000 dólares, y que permitían climatizar sin excesivos problemas cines y teatros (y ver la función fresquito). De hecho, el de Carrier fue de los pocos negocios que crecieron durante la Gran Depresión. Pero en 1930, el aire frío era todavía un lujo para muy pocos.

Con los años 50 se empezaron a instalar equipos de A/C en las oficinas para… aumentar la productividad. Por ejemplo, los mecanógrafos rendían un 27% más sin calor, según Gail Cooper. Se pasaba del lujo a la necesidad. En 1962, 6,5 millones de hogares tenían aire acondicionado y el 60% de los hoteles. En 1999, el 90% de los nuevos hogares en Estados Unidos los que tenían aire frío «de serie».  No ha sido el único equipo intensivo en energía que ha revolucionado nuestras vidas en el siglo XX: están los automóviles, la televisión, los PC, la aviación… pero igual ha sido el más discreto. ¿Acaso creen que Las Vegas sería posible sin A/C? Pues ni las Vegas ni la mayoría del sudoeste americano -incluyendo a los jubilados de Florida- estarían tan densamente poblados sin enfriar el aire. En 1944 Sydney F. Markham escribía en «Climate and the Energy of Nations» que «economic progress is possible only in regions that are neither too cold nor too hot, and that heating had made the northern U.S. an almost ideal incubator for progress«. Mire el mapa: la línea de la «Civilization» separa aquellos lugares que en verano la media está por debajo de 75ºF (24ºC) y en invierno por encima de 10ºF (-12ºC) del resto. O sea, si hay mucho calor no hay «civilización». El aire frío cambiaría totalmente el país en muy pocos años. Sin las autopistas, la gasolina barata, y sobretodo el A/C (por decir los elementos más energéticos) el difuso urbanismo americano no sería cómo es.

Y si Markham decía en 1947 «The greatest contribution to civilization in this century may well be air-conditioning — and America leads the way» (gracias a Carrier), Choinier y Horowitz demostraban en 2000 que los países del menor PIB eran los más cálidos, y en 2006 sacaban la recta de regresión, que confirmaba las ideas de Markham. También el año 2000, Jeffrey Sachs demostraba que sólo dos economías tropicales (Singapur y Hong Kong) estaban entre las 30 primeras del mundo, siendo sólo el 1% de la población. El clima ha sido siempre un elemento estratégico histórico, ya fuese para la productividad de los servicios, o para distinguir las frías potencias coloniales de las cálidas colonizadas. No es tan extraño: piense en la malaria, el cólera, la mosca tse-tse, el paludismo o el dengue, epidemias que precisan de altas temperaturas y más altas humedades para extenderse más fácilmente. O piense en trabajar en julio en el campo a las 3 de la tarde por debajo del paralelo 40. Da igual que sea en Osuna, Siracusa, Heraklio, Nicosia, Essaouira o Bodrum. Simplemente, no se puede (aunque Merkel no se lo crea). Y es que el A/C no es tan sólo confort: realmente tiene probados beneficios para la salud pública.

¿Pero qué contrapartidas tiene este progreso? Cox recordaba en «Loosing our cool» que el 20% del consumo eléctrico en Estados Unidos se destinaba al A/C. Pero es que, además, resulta un claro ejemplo de «efecto rebote«. Una vez más, la eficiencia energética carece de sentido si no se acompaña de políticas de racionalidad en el consumo. Piense que desde mitad de los 90, los equipos de A/C residenciales han mejorado su eficiencia en un 28%; sin embargo, la cantidad de energía que se utiliza para enfriar un hogar medio americano se ha incrementado un +37%. Por una parte, al ser baratos y eficientes todo el mundo se instala su equipo de A/C (un 80% de los hogares americanos). No hay mucha refrigeración centralizada pues el 63% de las viviendas americanas son unifamiliares. Pero, además, es que estas viviendas son cada vez más grandes (más del doble que en 1950) y, claro, hay que enfriarlas más… ¡y vive menos gente en ellas! (unos 2,5 por vivienda frente a los 3,62 de los años 50). Y todo eso sin olvidar que los veranos han sido (y serán) cada vez más calurosos, y existirán estímulos de todo tipo para darle al «ON».

En Europa las cosas son parecidas, aunque es un mercado menos maduro y con muchos más matices (aquí tiene un excelente informe al respecto), y que crece un 10% anual a pesar de la crisis. Y crece en especial en los países del sur de Europa: entre Italia, España y Grecia copan el 67% del mercado europeo. Si nos fijamos en el segmento residencial el líder es… España con el 37% de todas las ventas en Europa (en el total el líder es Italia). Probablemente, el urbanismo español se ha vuelto también cada vez más difuso. Ahí está ese enorme stock de vivienda construida everywhere, con más de 800.000 viviendas nuevas sin vender, y con unos 6 millones de viviendas vacías. Y mientras el mercado de Asia Pacífico ya es el 55% del mundial (y el 70% de los equipos de aire acondicionado se producen en China). O sea que la cosa no tiene visos de decrecer. Sin embargo, es interesante la experiencia japonesa en el A/C: Japón no admite equipos de baja eficiencia (el llamado EER no puede ser inferior a 4.8). Y eso en un mercado maduro, de compra del segundo o tercer equipo tiene su gracia, sobretodo cuando el incremento de precio no es por mejora de su eficiencia, sino por una mejor programación o por reducción de ruido.

No me entiendan mal: en absoluto, se trataría de prohibir el A/C. Eso sería poco más que una estupidez. No se le pueden poner puertas al campo: es bueno que los refrigeradores sean más eficientes y que vivamos cada vez con mayor confort. Pero es preciso establecer algún tipo de compromiso al respecto… ¿se trata de limitar el consumo eléctrico a un máximo (en potencia y energía) y qué a partir de entonces sea mucho más caro? Igual un dato le convence: la climatización (frío y calor) es responsable del 12% de las emisiones de CO2. Cuanto más nos enfriamos, más nos calentamos. Maldito trade-off. Además, el efecto del A/C en la punta de demanda de energía eléctrica es muy relevante: en algunos momentos China o India no son capaces de cubrir la demanda punta por calor extremo y eso obliga a montar centrales «rápidas» y «firmes», generalmente centrales térmicas de gas o carbón pues aquí poco pueden resolver las renovables, para cubrir esas puntas. ¿Y si Arabia Saudí pasase a consumir más petróleo del que exporta? Pues sería por el A/C… Y aún no hemos hablado de los automóviles, que también queremos bien fresquitos. No es un tema fácil. Hay que establecer una estrategia lo antes posible, porque queriendo seguir helados, igual acabamos achicharrados.

Publicado en Energy, Sociedad | Etiquetado , , , , , | 15 comentarios

Se acabó la época de los carbones españoles

En estos días, la «marcha negra» llega a Madrid. Así se llama a la ruta emprendida a pie por los mineros de las cuencas asturiano-leonesas, por un camino, y de Aragón, por otro, desde sus minas a Madrid. La idea es sensibilizar a la población y presionar a los políticos españoles, tras semanas de conflictos en Asturias. Sigue la huelga indefinida en protesta por las reducciones en las ayudas directas a la explotación (de 311 bajan a 111 millones de euros), pero se mantienen otras que, en su conjunto en 2012, llegarán a 656 millones (un 39% menos que en 2011). Pero no sólo hay polémica con el carbón aquí. Ayudas se pagan también en Polonia, Hungría, Eslovenia. Eslovaquia y, sobre todo, Alemania y Rumanía. En 2010 se propuso desde la Unión Europea cortar las ayudas a la minería en 2014. Pero presionados por algunos de los estados miembros de la UE-27 prorrogaron el plazo de cierre hasta 2018 a cambio de cerrar las «instalaciones no competitivas«. Las ayudas se irían reduciendo entre 2013 y 2018, pero a cambio de presentar «planes de cierre«, a partir de la Council Decision 2010/787/EU. Ese escenario es el que se quiere negociar.

Hay algo en la lucha de los mineros de la hulla y antracita española, que remite al romanticismo de la lucha obrera de principios de siglo (mi simpatía les aseguro que la tienen). Trabajadores manuales de una profesión dura-durísima, sin muchas alternativas en su región, que entroncan con los conflictos históricos de media Europa. Sin embargo, la realidad -al menos en España- es menos romántica: el sector recibirá unas ayudas de 656 millones de euros y ocupaba a 1 de enero de 2012 a 4.342 personas (de ellas, 2.000 en la estatal Hunosa, empresa que nunca ha tenido beneficios y eso que redujo su plantilla un 94% desde los años 80). El sector del automóvil, que ocupa al 8.7% de la población activa y es la primera industria exportadora del país (2ª europea, y 8ª mundial), recibirá 220 millones en préstamos blandos. Por otra parte, el sector habría recibido hasta 24.000 millones de euros desde 1990 en sucesivos planes (aquí tiene el diario de sesiones del Senado donde el ministro lo contaba; vaya a la página 8) para reducir la producción de las cuencas mineras y plantear otras alternativas económicas. Parece que los mineros tienen la batalla perdida en estos tiempos de recortes y ajustes. Ese esquema ya no sería admisible ni en Europa, ni aquí.

Pero no debe olvidar que en Europa se subsidian muchas cosas: energéticas y no energéticas. El carbón es una pequeña parte de estas ayudas en volumen (2.9 billones de euros en 2010); las renovables, por ejemplo, se subvencionaron durante el periodo 2005-2010 unas 6-7 veces más en el conjunto de la UE-27. En ese periodo, el sector industrial también se subvencionó: hasta unas 15 veces más que el carbón (y eso sin incluir a la agricultura). Sin embargo, no es sencillo. El punto 107 del Tratado de Funcionamiento de la UE (el TFEU) prohibe las ayudas estatales, así que deben existir caso particulares… Un lío, vaya. Porque ¿para qué se utiliza el carbón en Europa? básicamente para producir electricidad. Sólo el 10% del carbón mundial (en peso) se destina a la producción de acero. Pero la UE ya no apuesta por el carbón como energía autóctona: prefiere las renovables. «The EU is aiming for a drastic reduction in carbon emissions from coal-fired power stations, through clean technologies like carbon capture and storage – so we can continue to use coal in the future.«O sea, o «clean» o nada.

Y aunque cada prejubilación de un minero en España cuesta 433.000 € con un mínimo de 8 años en la minería (el 48% se habría jubilado con menos de 45 años), no piense en coste por empleo subvencionado. Piense en que los costes laborales de la extracción de carbón europeo restan competitividad, al subir el coste de la generación eléctrica. Luego, para mejorar el autoabastecimiento (o sea el porcentaje de energía primaria no importada), se confía más en las renovables (al menos como sector). Con el carbón, los europeos nos movemos en una curiosa relación amor-odio. No nos gustan sus emisiones (las peores por kWh emitido), pero es la fuente de energía primaria del 30% de la electricidad en la UE, y en algunos países el 50%. De hecho, si uno entra en Eurostat no encuentra el carbón desagregado sino dentro de «Conventional Thermal«, o sea mezclado con el gas natural y el gasóleo. Los partidos de la izquierda defienden los subsidios, pero sólo defienden las renovables en el modelo energético. Se apuesta (es un decir) por la innovación, pero el carbón sigue siendo el sector más subvencionado en España. Y no hablamos de nuevas tecnologías o aplicaciones, sino de subsidios directos a la mano de obra. Será que estamos todos un poco esquizofrénicos con esto del carbón. O serán los votos.

Porque el carbón está viviendo un «revival» en todo el mundo. Según el World Coal, en 2010, el carbón fue el 29.6% de toda la energía primaria del planeta y produjo el 42% de toda la electricidad. Se extrajo un 7% más que en 2009  y siguió suministrando la mayoría del acero que se produce en el planeta. Incluso en Europa hay «revival» del carbón. Los alemanes, una vez han cerrado las nucleares están construyendo 8.000 MW en centrales con carbón; les salen los números con su lignito autóctono de buena calidad y fuera lo compran más barato y con precios más estables que el gas natural. Luego ya irán y compensarán sus emisiones de CO2. Ya sabe que estos siguen creciendo, y necesitan potencia eléctrica. La clave sería el CCS («carbon capture and storage«), o la posibilidad de capturar el CO2 de las centrales térmicas y almacenarlo para evitar que se emita a la atmósfera. Bueno, eso en Europa. Fuera de Europa, hasta 429.000 MW de nuevas centrales térmicas con carbón (y sin CSS) construirán en el horizonte 2015. En China (83.000 MW), Estados Unidos (29.000 MW en proyecto o construcción para 2012-2015), en India (97.000 MW), en Rusia (4.000 MW)… Incluso 27.000 MW en el Sudeste Asiático. Y ya sabe qué piensan estos de Kyoto y los mercados de carbono. No piensan.

¿Seguiremos consumiendo carbón para electricidad? Mucho. El problema (para los mineros españoles) es que no serán las hullas y antracitas de las comarcas carboneras ibéricas. Será de otras explotaciones: más lejanas, más baratas, mejores. La realidad es obstinada, y parece que le pasó la época al carbón español. El problema es si el caso del carísimo carbón español no será uno más de las piedras que pavimentan el camino de la decreciente competitividad de la industria española; el final del «qué bien que se vive con un subsidio»; del clientelismo convertido en un arte; de la irrealidad del estado del bienestar español soportado en las ayudas a la convergencia europeas; de los puestos de trabajo pasando de padres a hijos en las empresas públicas… De todas esas cosas que, tacita a tacita, nos han ido enterrando en lo que somos: un país modestito que debe reinventarse, porque los tiempos de la arcadia feliz pared que no volverán… Y tampoco volverán para los mineros. Qué carbonada. Qué cabronada.

Publicado en Energy | Etiquetado , , , , , | 6 comentarios

El artículo de «Nature» del que todo el mundo habla (o casi)

Definitivamente, se trata de un «must«. O mejor dicho, un «must read«. Tres semanas atrás se publicó en el número 486 de «Nature» un artículo titulado «Approaching a state shift in earth’s biosphere. Sinceramente, si la temática ambiental, energética y social son de su interés no debería perdérselo. El estudio ha sido realizado por un conjunto de 22 científicos de renombre internacional: Anthony Barnosky, Elizabeth A. Hadly, Charles Marshall, Nicholas Matzke, Eric L. Berlow, Wayne M. Getz, Rosemary Gillespie, Justin Kitzes, John Harte y Neo D. Martinez de Berkeley; Jordi Bascompte y Eloy Revilla de la Estación Biológica de Doñana del CSIC; Mikael Fortelius de la Universidad de Helsinki; James H. Brown de la Universidad de New Mexico; Alan Hastings, David P. Mindell y Geerat Vermeij de la Universidad de California; Arne Mooers de la Simon Fraser; Pablo A. Marquet de la Pontificia Universidad Católica de Chile; Peter Roopnarine de la California Academy of Sciences; John W. Williams de la Universidad de Wisconsin y Adam B. Smith del Missouri Botanical Garden. Además, es un equipo multidisciplinar: hay botánicos, ecólogos, biofísicos, bioquímicos… incluso expertos en management. Ha sido noticia en la prensa generalista (Forbes, Wired…), y tiene como referente inmediato otro artículo de «Nature» (en el número 471) con algunos de los mismos autores, titulado con un inquietante: «Has the Earth’s sixth mass extinction already arrived?”.

Nature es una reputadísima revista científica que se publica desde 1869. Junto con Science son posiblemente los dos mejores escaparates para mostrar las innovaciones y descubrimientos científicos. Nature tuvo un traspiés en 1989 con un artículo sobre la fusión nuclear fría propuesta por los físicos Fleischmann y Pons. Estos científicos habrían conseguido en el laboratorio la unión de dos átomos para convertirse en otro más pesado y liberando energía… a 27ºC, o sea a temperatura ambiente (aquí el artículo original de Fleischmann y Pons). El problema de la fusión es que se precisan enormes temperaturas para que eso suceda (como en el sol). Aunque no lo llegó a publicar, pasó el peer-review, presionado porque el «Journal of Electroanalytical Chemistry» sí lo publicó. Pero luego les surgieron dudas sobre el tema, y entonces Fleischmann y Pons se hicieron los locos. Acabaron retirando el artículo, pero hubo jaleo con el tema. Cualquier artículo que se publica en Nature pasa por la revisión por pares (eso es el peer-review). El principal problema del peer-review es que es muuuuuuuy lento; sin embargo, es una garantía, pues  lo revisan otros científicos de primerísimo nivel en paralelo, y por ello se demora.

La conclusión de este estudio (que también ha pasado por el peer-review, claro) es la certeza de un cambio «abrupto e irreversible» de la Tierra. Los ecosistemas habrían superado diferentes umbrales críticos («critical transitions caused by threshold effects are likely«), y el hombre está detrás de esa presión sobre el planeta. No hay fecha para el cambio. De hecho, sería bastante absurdo concretar una fecha (este tipo de cambios son fenómenos progresivos), pero se considera seguro durante la segunda mitad de este siglo. Una ‘critical transition‘ es la que de producirse no permite volver al estado previo. ¿Eso ya ha pasado? Pues al final de la última glaciación, hará unos 14.300 años (y que duró… 3.000 años). El Holoceno (que así se llama ese periodo geológico) acabó con la extinción de la mayoría de mamíferos grandes, como el mamut o el oso cavernario. El hombre que, ya llevaba un montón de años por el planeta, también habría colaborado en esa extinción, cazando mamuts o similares y arrasando zonas de cultivo. Otras ‘critical transitions‘ habrían sido las «Big Five’ mass extinctions» hace 450, 359, 251, 200 y 2 millones de años (por eso Barnosky habla de si esta será la sexta) que habrían acabado con el 75% de las especies. En la conocida como K/T, hace 65 millones de años, en la que se extinguieron los dinosaurios (parece ser que tras el impacto de un meteorito).

Lo que señalan Barnosky y sus investigadores es la existencia de una serie de ‘global scale forcings‘. En realidad, es otra versión de los modelos IPAT de los años 70 de Ehrlich y Holdren. La ecuación plantea que una población «P», que consume «A» a partir de la tecnología «T», genera un impacto «I»: I=PAT. O sea, una reedición de la clásica trampa malthusiana que relaciona población y recursos. Bueno, pues ahora resulta que la presión del crecimiento demográfico (9.000 millones en 2045- 2050, a razón de 77 millones de nuevas personas al año) sobre los recursos, las transformaciones de los ecosistemas y su fragmentación, el subsiguiente consumo energético lleva como contrapartida el cambio climático. Todo esto, en su conjunto, habría superado la presión de la última era glaciar: entonces el 30% del planeta era hielo; hoy el 43% son terrenos agrícolas o urbanizados. Luego estaría también la apropiación de los humanos del 20-40% de la NPP (net primary productivity) de la Tierra. Esto sería la cantidad de materia orgánica que se produce por fotosíntesis y quimiosíntesis, o sea, los nutrientes básicos. El CO2 ha aumentado un 35% desde antes de existir los combustibles fósiles. Se han acificado los océanos (el pH ha bajado un 0.05) y la polución ha alterado la cadena de nutrientes en el mar,… ¿Seguimos?

En estas mismas fechas (y en un claro efecto imán Rio+20), Naciones Unidas (por vía de la UNEP, o PNUMA, si quiere) también ha advertido sobre ese «colapso inminente» o menor dicho «inevitable«. Y lo ha hecho con un informe de 525 páginas donde también avierte que nuestro planeta  está experimentando cambios sin precedentes al acercarse a sus «límites biofísicos«. Es el GEO-5 Report (el informe estrella del PNUMA) también llamado «Global Environmental Outlook 2012» La primera sorpresa es que hay puntos de vista coincidentes con el articulo de Barnosky & Co.. Dice el GEO-5:  «a medida que las presiones humanas sobre el sistema Tierra se aceleran, varios de los umbrales críticos a nivel mundial, regional y local están cerca e superarse o se han superado» Añade: «Los cambios que actualmente se observan en el sistema Tierra no tienen precedentes en la historia de la humanidad«; y es totalmente deprimente cuando dice: «En los últimos cinco años no han disminuido ni la escala de los cambios ni su velocidad«. Toma castaña.

¿Y qué dice en realidad Barnosky? Que hay evidencias científicas de que la Tierra está a punto de pasar un punto sin retorno en que no podremos volver atrás. Pero no sabemos el estado nuevo del planeta. Sí se sabe que será muy diferente, y seguro que los climas serán muy distintos: eso afectará, por ejemplo, a cómo producimos los alimentos (piense en los cereales)… La cosa favorecerá a unos y perjudicará a otros. La vida seguirá ahí, y el planeta seguirá ahí. Los humanos no están en riesgo de extinción; no se trata de eso. Pero lo que es seguro es que (una vez más) eso perjudicará a los más pobres y vulnerables: ¿Políticas? Ese es un juego a corto plazo. Los políticos no piensan en nuestros hijos (a veces, ni en los suyos): piensan en las próximas elecciones. ¿Qué será clave? Primero, reducir la natalidad (basta con invertir en educación y sanidad, no nos engañemos) y sobre todo reducir el consumo energético, consumiendo menos recursos fósiles (es decir, hay que consumir menos per cápita: reducir la huella ecológica, vaya).

Pero ahora la cosa va de economía, ya sabe. Hemos de salvar los bancos, deudas y deudores con cantidades que causan sonrojo (¿sabía que el coste de erradicar la pobreza en el mundo es de 40.000 millones de dólares al año? Eso es la tercera parte del rescate a la banca española). ¿Por qué cuesta tanto entender que Economía y Medio Ambiente es lo mismo? La economía depende de la energía y de los recursos naturales de forma directa. ¿Y qué es eso sino medio ambiente? ¿No está claro? ¿Y de dónde sale eso sino del planeta? La concepción economicista clásica del mundo entiende el planeta como una serie de economías de frontera, que asumen los recursos como ilimitados. Pues no es así. Seguimos creciendo explotando territorios y recursos remotos, pero para Barnosky y su equipo de investigadores es como si le hubiésemos dado la vuelta al planeta: back where we started. Cada vez queda menos. O nada. Dice el GEO-5: «si la humanidad no cambia de inmediato sus hábitos, se puede llegar a sobrepasar umbrales críticos, a partir de lo cual las funciones vitales del planeta pueden sufrir cambios bruscos e irreversibles«. Hay que cambiar, y cambiaremos: por las buenas, o por las malas.

Publicado en Medio Ambiente, Sociedad | Etiquetado , , , | 56 comentarios