En la esquina derecha, calzón de barras y estrellas, tetillas al aire, gringo, 100 kg de peso (al menos), peinado «llepada-de-vaca«, zurdo, buen gancho y mejor uppercut pero mal fajador… veinte victorias y una derrota por KO de las que hacen época con un tontorrón de Texas… ¡defendiendo su título de campeón… Al Gore! En la esquina izquierda, con calzón modernillo de algodón floreado, camiseta imperio, danés, 85 kg (o menos), guapetón, narizotas, diestro, tremendo directo de derecha y buena cintura, alguna victoria en pachangas de pueblo… ¡eterno aspirante… Bjørn Lomborg!
Se enfrentan a 10 asaltos, 10, por el título «El principal problema de la Humanidad«. Las apuestas están claras: hoy se paga «cambio climático» 100 a 1. Apuesta segura. Pero algunas casas de apuestas ya se empiezan a atrever con otras jugadas. Por ejemplo, algunos corredores americanos están pagando el «clean coal» 1o a 9 y el «shale gas» 6 a 5; los franceses están aceptando ya «aranceles» 7 a 8; los alemanes sólo pagan «cambio climático» 90 a 1, pero ya no aceptan más apuestas a «nuclear». En China y Rusia no juegan a nada. Sólo beben y, además, no pagan la mitad de las rondas.
Este combate imaginario (de pesos pesados, eso sí) ilustra bastante bien los dos enfoques existentes sobre el cambio climático: ¿es el principal problema que afronta hoy en día la humanidad? Al Gore dice que sí; Bjørn Lomborg dice que no.
Por partes: nadie mínimamente serio en la comunidad científica discute hoy la existencia de un calentamiento global, de elevada influencia antropogénica, derivado de cambios en la composición de la atmósfera al emitirse millones de toneladas de gases de combustión de fuentes de energía fósil, y generar el llamado efecto invernadero que aumenta la temperatura globalmente. Correlación hay, entre emisiones de origen humano y temperatua. Además, clara. Pero junto al nadie sobrevive un grupo de irreductibles, que entienden que correlación no es causalidad, aunque Bjørn no sea de ellos. En este grupo de escépticos, de largo, el que tiene más gracia es el Profesor Antón Uriarte, con su blog «CO2». Este tío, de joven, seguro que fue punk, y no mod. Fastidia que se les llame «negacionistas» por discrepar; pero, claro, eso revela que hay dos bandos en el ring y que la cosa, en el fondo, va de zurrarse. Y bien.
¿Qué dice Al? Que el apocalipsis climático es inevitable de no actuar reduciendo nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. «Es una emergencia planetaria» dice, y pide una inversión mundial extraordinaria para la lucha. Desde que en 2006 Tony Blair le encargó a Sir Nicholas Stern de la LSE una evaluación coste-beneficio de la lucha contra el cambio climático, tenemos un orden de magnitud: invertir el 1% del PIB mundial permitirá ahorrar el 20% de las pérdidas que se suponen del cambio climático (aunque hay otras interesantes evaluaciones, como las de Cline en 1992 de Nordhaus de Yale de 1999, o Dasgupta de Cambridge en 2008, algo menores). A Gore se le fue algo la mano en el megapremiado «An inconvenient truth» del 96 (aquí el video entero) con alguna «licencia literaria» (aquí un tipo que le buscó todas sus pifias en la peli). Eso y el mensaje moralista («I don’t really consider this a political issue, I consider it to be a moral issue«) generó en algunos ámbitos un cierto hartazgo (la famosa green fatigue). Eso sí, la cosa fue un bombazo y popularizó la cuestión ambiental a nivel mundial. Hasta le cayó el Nobel de la Paz a medias con el IPCC en 2007. Por 4,99$ te puedes bajar las propuestas del «OurChoice» de Al Gore para el iPad. Pero con la crisis económica mundial, anda el personal algo descreido, o al menos pensando en otras cosas más allá del cambio climático como primera prioridad mundial. Aunque hace cuatro días el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas realizó una declaración sobre los riesgos del cambio climático sobre la paz mundial. Ya veremos como queda el post-Kyoto.
¿Qué dice Bjørn? Que el apocalipsis climático no es comparable con otros apocalipsis cotidianos que ya vivimos. Lomborg no niega el cambio climático, pero dice que su lucha es «cara» y «poco efectiva«, y asume un coste de oportunidad en todas nuestras acciones: «If we are going to spend money to do good, let’s try to do the most good«. Lomborg publicó en 2001 un libro muy original: «The skeptical environmentalist» (aquí el primer capítulo), donde criticaba -muy documentado- muchos de los posicionamientos respecto del medio ambiente. El libro (un best-seller) le ubicó en la escena internacional (el «Cool it!» de 2007 era mucho más peñazo). Como se hizo famoso, alguien le buscó todas las pifias también (aquí). En 2002 le nombraron director del Instituto del Medio Ambiente danés, desde donde organizó en 2004 –The Economist le echó una mano- una especie de think tank climático: el Copenhague Consensus junto con varios expertos. La idea era evaluar prioridades y soluciones para los problemas de la humanidad mediante metodologías coste-beneficio: el cambio climático sí; pero también la desnutrición infantil, la pobreza, las barreras al comercio internacional, las enfermedades infecciosas, el hambre, las migraciones…. ¿Resultados? sería más prioritaria y efectiva la lucha con el HIV/SIDA o la malaria que contra el cambio climático, por ejemplo. En 2006 y 2008 han actualizado la evaluación. Bjørn también ha hecho una peli en 2010. Aquí el trailer.
Cuando en el foro del WSJ Eco:nomics del 2009, Bjørn (los cachondos del WSJ le llaman bad boy) le preguntó a Al (los mismo cachondos le llaman Goráculo) si el cambio climático era más relevante que la salud o que la educación, éste contestó «I want to be polite to you” (uy… mal empezamos) y añadió: “The scientific community has gone through this chapter and verse. We have long since passed the time when we should pretend this is a ‘on the one hand, on the other hand’ issue; it’s not a matter of theory or conjecture, for goodness sake”. Caray. «Por el amor de Dios» le dice el tío. Placa-placa. De momento, entre castaña va y castaña viene, Al va ganando a los puntos. ¿Y nosotros?















